Entonces vamos ahora y nos enteremos de que de los cuarenta y dos millones que dedicaba la Junta de Andalucía a lo de la violencia de género sólo uno y un pequeño pico iban a parar a las catalogadas como víctimas de tal violencia. Un 2,2% o así. El resto se iba en sueldos para buenos samaritanos. O más bien, samaritanas en este caso, supongo. Bien es verdad que cuando se sacan las cifras dinerarias a pasear conviene observar un cierto distanciamiento porque se prestan como ninguna otra cosa en este mundo a la manipulación sentimental. Pero, también, reconocerán conmigo que cuando un grupo de gente empieza a vivir de algo, ya, ese algo, sea lo que sea, pasa a segundo, o tercer, plano frente a la importancia vital del modus vivendi. Vivir de algo te convierte de facto en furibundo defensor de la importancia social de ese algo. Es como si el mundo se fuese a hundir si de pronto se empezase a prescindir de esa conquista de la revolución que diría un fidelista.
El mundo funciona así, condicionado al cien por cien por el modus vivendi. Yo siempre se lo digo a quién me quiera escuchar: el día más feliz de mi vida fue el que cobré la primera nómina. Se me puso la autoestima por las nubes. Porque todo empezó a cobrar sentido y me fui corriendo a comprar un coche. Y no puedo concebir que las buenas samaritanas que la Junta de Andalucía enroló en la cosa de violencia de género hayan sentido algo muy diferente a lo que sentí yo cuando cobraron su primer sueldo. Y más teniendo en cuenta que seguramente ellas no tuvieron que someterse a un largo proceso de preparación antes del enrole. Es lo que tiene la profesión de buen samaritano que con un cursillo de dos semanas te graduas. Eso sí, desiste del empeño si no has nacido con un gran sagrado corazón de jesús en el pecho.
Si bien se mira la cosa carece de toda importancia. Sólo se trata de los acomodos que hace la naturaleza para que todo encaje. Así, donde falta inteligencia, sobra corazón y viceversa. Y nadie es más que nadie que diría el proscrito. Todas las actitudes son necesarias, desde las heroicas a las perversas. Sin unas no habría las otras y esto sería de un aburrido mortal. Lo que cuenta es que se mantenga operativa la acción/reacción entre los opuestos, eso sí, con el mayor ruido posible porque de lo contrario a ver como vamos a justificar la idoneidad de los modus vivendi que nacen a su amparo. Así, si surge una manada, automáticamente habrá que crear el organismo que la neutraliza. Y una vez neutralizada habrá que poner en marcha otras manadas para que el organismo creado y del que ya viven unos cuantos no se vaya al garete. De ahí la importancia de las manadas. Son una poderosa fuente de creación de modus vivendi. Por eso, de no surgir espontáneamente habría que inventarlas.
En fin, ya digo, mírenlo todo por ese lado del modus vivendi y verán que fácil es desdramatizar el mundo. Eso sí, nunca pierdan de vista que, aquí, a tal respecto, al del modus vivendi quiero decir, el que no corre, vuela.
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