Primera: ¿quién ha tomado la decisión de poner en marcha el operativo de rescate?
Segunda: ¿en base a qué datos se ha tomado esa decisión?
Tercera: ¿cuál era el coste estimado cuando se empezó a operar y en cuanto ha quedado la cosa una vez finalizada?
No sigo, porque con esas tres ya prácticamente se abarca todo el espectro de perplejidades ante semejante carnaval, por calificarlo recurriendo a la historia del cine.
Veamos: hace cuarenta y tantos años yo manejaba un aparatito con el que me introducía hasta los lugares más recónditos del árbol bronquial, veía el aspecto que tenía y tomaba muestras para su análisis de lo que me parecía poco católico. Así es que no me cabe en la cabeza que a estas alturas de la historia no se haya podido introducir una cámara fotográfica hasta el fondo del pozo para inspeccionarle. Incluso con un pequeño robot por si hubiese sido necesario despejar el terreno para una mejor visibilidad. Elemental.
Sigamos viendo: existen las estadísticas, vamos, digo yo. ¿Cuantas personas han sobrevivido a una caída libre de setenta y tantos metros? Cero patatero. Ni siquiera con la intercesión del Sagrado Corazón de Jesús en Vos Confío se han conseguido supervivencias a semejante castañazo.
Rematemos la jugada: "están haciendo una puta mierda", dijo el padre a los dos días de la caída. No lo puedo asegurar, pero me han llegado rumores de que ese padre pertenece a la etnia gitana, ya saben, tienen su propia cultura. Que son muy suyos, vamos, y por eso se hacen acreedores a la discriminación positiva. Así que, motivo de más para echar el resto y que se vea hasta donde llega nuestra grandeza de espíritu al respecto de los derechos humanos.
Y como coda, informo al que no lo esté de que nuestro Presidente, el Dr. Sánchez, ha escrito en su cuenta twiter que toda España está siendo presa de una "tristeza infinita", así, sin paliativos, por lo del niño Julen.
En fin, viene de lejos lo de aplacar al dios tedio por medio de los sacrificios humanos. Pensamos que ya no estamos en esas, pero a la que aparece la que pintan calva la cogemos al vuelo y la hacemos durar unos cuantos días hasta que de las sentimentalidades exprimidas no se pueda sacar una sóla gota más de morbo. ¡Y qué le vamos a hacer si somos así!
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