jueves, 31 de enero de 2019

Hechos

Mi particular impresión es que las cosas que importan siguen su camino de forma discreta y persistente hacia mejor. A fines del año pasado decidí que ya era mi hora de ir soltando lastre y empecé a borrarme de algunas cosas. Por ejemplo, me di de baja de la mutua sanitaria a la que venía perteneciendo desde hace más de veinte años. No necesité ni diez días para cuestionarme la decisión y ni veinte para revertirla. Afortunadamente, a pesar de mi avanzada edad, me volvieron a admitir sin problemas. En realidad lo que pasó es que sin saber cómo ni por qué empecé a fijarme en noticias referentes a la sanidad pública y me di cuenta de que  con muy poco esfuerzo podía evitarme todas esas molestias que padecen los que dependen de ella para sus problemillas de salud. Conozco el percal de sobra y sé que por la propia naturaleza de las cosas los sistemas públicos de servicios privados tienen una tendencia irrefrenable a la perversión. 

El caso es que, en este caso, mi impresión no es porque sí sino fundada en los hechos. Hay en España alrededor de trece millones de pólizas en la mutuas sanitarias. Teniendo en cuenta que muchas son familiares quiere decir que más o menos la mitad de la población de este país ha llegado a las mismas conclusiones que yo respecto a que ha llegado la hora de responsabilizarse de los propios asuntos y dejar que los ingenieros sociales se ocupen de los que no pueden ocuparse de sí mismos. 

Estoy convencido de que es una tendencia imparable. A medida que las sociedades elevan su nivel cultural, es decir, maduran, tienen una propensión irreprimible a deshacerse de la tutela de los Estados para todas las cuestiones que van más allá de la seguridad jurídica. Ustedes señores políticos, limítense a meter a los hampones en la cárcel y déjeme a mí que me ocupe de mis asuntos. Qué tienen ustedes que meterse en cómo educo a mi hijo si tengo un curriculum académico tan bueno como los suyos o mejor. O es que acaso no tengo derecho a gastarme en colegios lo que usted dilapida en garitos de comida fusión. ¡Déjeme en paz, hombre, y métase en sus asquerosos asuntos! 

Así son las cosas aunque no lo parezca: la acción del Estado sobre la personas es y será cada vez menor. A pesar de los impuestos y todo eso. Hay muchos jóvenes ahora que viven en un mundo sin fronteras y que no saben que coño es eso de VOX. Hábleles del block chain y las fuerzas elementales, que de eso sí que están puestos. Y también saben sin que aparenten saberlo que  ellos son los verdaderos ingenieros sociales del mañana. 

Por lo demás, los indios seguirán pretendiendo parar al tren con sus caballos y flechas. Eso hasta el fin de los tiempos. Es la rabia de los dejados de lado por la madrastra naturaleza. 

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