Como supongo sabrán, Apolo es el dios de la luz y la lejanía. Digamos, para abreviar, que de la clarividencia. Lo cual que no quitaba para que le apeteciese echar unos polvos cuando veía a alguna chica de su agrado. Tal fue el caso con Casandra, la hija de Príamo y Hécuba, reyes de Troya. Así fue que la propuso el trato: tú te pones bien y te estás quieta y yo te otorgo el don de la adivinación. Pero Casandra, que en griego, o troyano, viene a querer decir algo así como enredadora de hombres, una vez en posesión del don le dijo a Apolo que, sencillamente, no le apetecía nada lo del folleteo. Apolo se cabreó y la condenó a uno de los peores tormentos que se pueden concebir, es decir, ver con claridad lo que los demás no pueden ver. Así fue que Casandra se pasó el resto de su vida desgañitándose para advertir a los demás de lo que se les venía encima sin que nadie le hiciese el menor caso. Reconozcan conmigo que tiene que haber pocas cosas más desesperantes. Porque es que, además, se dio el caso de que Casandra acertó en sus premoniciones. Advirtió de que el Caballo de Troya era una trampa y, también predijo la caída de Troya.
Pues bien, fuese como fuese aquello, si es que fue, lo cierto es que quedó la leyenda. o mito si mejor quieren. Y la razón de que quedase supongo que habrá sido la necesidad de poder expresar con una sola palabra ese, digamos, síndrome que atormenta a tantas personas que creen ver lo que los demás no ven y, por lo cual, son tomados por locos. O poco menos.
Les cuento estas cosas porque me está pareciendo observar que estos tiempos que corren, que les dicen de las redes sociales, sería más justo llamarles los de la proliferación de las Casandras. Y es que las citadas redes, si para otra cosa no, para lo que sí sirven es para que las Casandras den rienda suelta a sus premonitorias visiones. Por así decrilo, a YouTube sería mucho más propio llamarle Casandras´Home. Hay ahí millones de ellas advirtiéndonos de todo lo habido y por haber que se nos está viniendo encima, lo cual como que, si le haces un mínimo caso te vuelves tarumba. Y, sin embargo, también intuyes, que ahí, entre tanta paja, también tiene que haber grano. Y es natural que te esfuerces por encontrarlo porque entre las estúpidas e inevitables pretensiones de los humanos está la de poder ver la flecha que viene porque, pensamos, esa es la única forma de que te hiera menos.
En resumidas cuentas, de Casandras todos tenemos un algo, o un mucho. Porque esa es la principal característica que nos diferencia del resto de los animales: vivir pensando siempre en el futuro. Es decir: vivir sin vivir en nosotros, como dijo el místico con toda la razón del mundo.
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