Pérez Reverte presume de tener 40000 libros en su biblioteca. Sánchez Dragó que, como supongo sabrán, no puede ser menos que nadie, ni siquiera que Pérez Reverte, blasona de poseer 100000. Bien es verdad que Sánchez apostilla que solo ha leído un tercio de esos 100000. ¡No está mal! Pero lo que sí, pienso, se les nota a los dos mentados titanes es aquello que decía no sin cierta sorna Shopenhauer, que si leen tanto, ¿de dónde sacan tiempo para pensar? Para mí que de ningún sitio y por eso es que a ninguno de los dos, a mi inmodesto juicio, se les pueda tachar de lumbrera, sensu stricto. Tendría que consultárselo a Sostres, pero para mí que ambos dos encajarían a la perfección en la categoría de literatos para chachas. O para el gremio de enseñantes, lo que viene a ser más o menos lo mismo.
El caso es que ayer vi un vídeo en el que Iñaki Gabilondo entrevistaba a Pérez Reverte y, a parte de lo de la biblioteca, el Señor Pérez nos soltaba los dos tópicos más manidos de la pijoprogrería nacional, uno, que España se equivocó cuando se opuso a la Reforma protestante, dos, que se volvió a equivocar cuando se enfrentó a la ocupación napoleónica. Pues no sé, la verdad, cómo después de tantas lecturas ese señor puede estar tan seguro de semejantes afirmaciones. Quizá sea a causa de su estilo dialéctico que parezca lo que no es y en el fondo de su ser también tenga cabida la duda. Sea como sea, en fin, las cosas fueron como fueron porque todo se conjuró para que así fuese y, ponerse ahora, a toro pasado que se dice, a culpar a papá de que yo sea tan tonto no tiene el menor sentido. Además, ¡oye!, que después de lo de la Reforma vino nuestro Siglo de Oro, que no estuvo mal, vamos, digo yo. Y respecto a lo de los franceses, ¿qué quieres que te diga? Es indiscutible que tienen su gracia, pero no me negarán que a cursis no les gana nadie en Europa. ¡Desolé! Madre mía, todavía nos está trayendo cola aquella empanada mental de los estructuralistas que a mediados del pasado siglo sentaban cátedra mundial desde Paris. Bueno, para ser justos, también hay que citar a los de la escuela de Frankfurt que no se quedaron mancos a la hora de parir chorradas.
Por otra parte, esta mañana, la típica curiosidad malsana del aburrido me ha llevado a un video en el que el Señor Dragó estaba explayándose a gusto acerca de la imbecilidad de los que usamos gadgets para pasar el tiempo. Donde estén los cien mil libros de mi biblioteca... repetía una y otra vez, con esa especie de superioridad moral propia de quien, una de dos, no ha entendido nada acerca de la vida, o, sencillamente, tiene ya las neuronas como un bebedero de patos. ¡Por dios bendito, a estas alturas y desgañitándose por defender sus pequeñas preferencias! Chacha total, ya digo.
Sí, es indudable que nadie se salva de tener preferencias, grandes y pequeñas, pero digo yo que si de algo te tiene que servir leer tantos libros eso tiene que ser no ir por ahí aireándolas, porque, entonces, que es lo que vamos dejar para las chachas... o domésticas, como también se dice.
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