Escucho en la cadena Sky News Australia una pormenorizada relación de las mentiras y manipulaciones que han conducido a la explosión de superchería en curso. El locutor se ha limitado a leer la carta de dimisión de un político relevante de aquel país al que sus superiores habían exigido que se detractase de las dudas que tenía sobre la idoneidad de las medidas tomadas para combatir la dichosa pandemia.
Para empezar, el tipo ha recurrido a la evidencia estadística: 0,9 millones de fallecimientos achacados al virus. Los de cada año por la gripe común, más o menos. Hay que tener en cuenta que en el mundo, gracias a Dios, mueren unos 60 millones cada año. Después, ha hecho referencia a la manida gripe española. En aquel entonces murieron 50 millones para una población global de 1500 millones. Comparen esas cifras con menos de un millón de muertos para casi 8000 millones de personas: son tan apabullantes que huelga todo comentario. Pandemia, ha dicho, solo existe en las mentes aterrorizadas por la superstición.
Luego se ha referido a la otra evidencia incontestable, es decir, que solo se mueren los viejos. No ha querido decir los viejos enfermos porque le habrá parecido que eso va de soi. Pues bien, si les preocupan los viejos, protejan a los viejos y dejen a los demás en paz. A los viejos, por supuesto, que quieran se protegidos, porque si le quitamos a la gente el derecho a hacer con su vida lo que le dé la gana, apaga y vámonos.
Luego, ha calificado de rubbish a las pruebas de detección del virus. Eso que se emplea para aterrorizar a las masas so capa de estar protegiéndolas de una muerte segura. Por si alguien no lo sabe, rubbish quiere decir basura. Respecto de las mascarillas ha dicho que al ser tan debatible su utilidad lo más lógico es que su uso sea una cuestión personal.
Como ven, todo puro sentido común. Hasta un niño se tendría que morir de risa ante los dislates que organizan las autoridades. Dado lo cual, lo procedente sería indagar acerca de la razón de la sinrazón que a mi razón se hace. ¿Por qué todo esto? ¿Qué hay detrás de la facilidad con la que se ha producido esta explosión de superchería? Aquí si que debiéramos empezar a preocuparnos porque la experiencia histórica demuestra que la superstición a semejante escala solo se ha dado cuando se olfateaban en lontananza peligros que no se podían identificar. La superstición, para que nos entendamos, no es más que una identificación falsa del peligro que produce sosiego. Les pondré el ejemplo más repetido a lo largo de los siglos: si estamos mal es porque los judíos envenenan las aguas, luego solo tenemos que matarles para volver a la tranquilidad. Y ya han visto los resultados: los judíos siguen vivos y los demás medio muertos... de miedo.
Bueno, ya solo nos queda esperar para ver por dónde salen los verdaderos dragones que nos están apestando con su aliento.
Por cierto, ¿han visto un programa que se llama "crónicas carnívoras? No sé, pero puede ser que en ese programa esté la explicación de todo este conundrum* que nos tiene aterrorizados... a unos más que otros, bien es verdad.
* galimatías.
No hay comentarios:
Publicar un comentario