sábado, 31 de octubre de 2020

El Ojo de la Tormenta.

 Anoche estuvimos viendo una película de lo más pertinente dadas las actuales circunstancias de superchería generalizada. Y yo no digo que no me pueda morir a causa de este coronapoyas o lo que sea, que ya casi lo estoy deseando, pero como dicen los catalanes, una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Porque, convénzanse, toda la gestión del asuntillo no tiene otra finalidad que evitar el colapso del sistema público de salud, el principal negocio de la clase política que funciona en régimen de monopolio. Sí, la sanidad pública es un  nicho de empleo casi inagotable donde se acomodan con magníficos salarios los militantes de los partidos.  Luego, claro, está lo del régimen de monopolio, que ya saben que es como decir desastre asegurado, que no por otra causa es que los países serios tengan leyes antimonopolio. Pero, en fin, volvamos a la película. 

Se trata del Ojo de la Tormenta o algo así. Resume a la perfección una de mis convicciones estrella, que cuando los políticos contravienen las leyes no escritas del cielo el asunto que se quiere encarrilar acaba inevitablemente en tragedia. En el momento más álgido de la Guerra Fría, los políticos de un pueblo de los EEUU obligan a la bibliotecaria local a retirar de las estanterías un libro titulado El Sueño Comunista. La bibliotecaria se niega por una cuestión de principios. Da razones impecables, pero los políticos anteponen sus intereses particulares a todo lo demás. Ven en el título de esa obra una formidable palanca para levantar unos cuantos grados más el listón de superchería generalizada que ya los dirigentes del país con el inestimable apoyo Hollywood mantienen muy alto. El caso es que la gente vea comunistas por todo los lados como ahora ven negacionistas. Con una población dividida y estresada los políticos se pueden dedicar sin mayores problemas al dolche farniente. Pero, claro, los dioses nunca duermen y no dejan dislate sin su correspondiente rectificación... generalmente en forma de tragedia. Así es que los políticos despiden a la bibliotecaria y tras los consiguientes enredos literarios la biblioteca perece por las llamas. No falla.

No sé cómo coño anda esto del coronapoyas. María me dice que está todo el país confinado. Que no se puede viajar de una comunidad a otra. Pues bien, me voy a youtube y veo que menudean los videos sobre revueltas ciudadanas por doquier. Hasta en Santander, lo que ya es decir. Y claro, como no puede ser de otra manera, en Barcelona las revueltas se acompañan con saqueos de tiendas. Es su especialidad.  

En fin, me voy a Mercadona que hay que aprovechar mientras siga funcionando. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario