jueves, 15 de octubre de 2020

Perdiendo pie

Aparte de ensayar escalas y acordes por el mástil de la guitarra, ya no sé qué hacer con la vida. Sigo a trancas y barrancas con el "Oráculo manual" como si de un ejercicio de masoquismo se tratase. ¡Pero, por Dios bendito, cómo he podido ser tan necio a todo lo largo de la vida! Bueno, me consuela pensar que nadie con dos dedos de frente que lo leyese podría escapar a esa sensación. Quizá por eso es que sea tan habitual la proclama: si volviese a nacer... pues bien, lo que pienso es que cien mil veces que volviese a nacer, cien mil veces que volvería a ser un necio... y no se necesita leer a Erasmo para tener esa certeza. Solo es necesario apartarse dos pasos de uno mismo y mirar. En fin, para que vean que digo verdad:

"126. No es necio el que hace necedad, sino el que, hecha, no la sabe encubrir. Hanse de sellar (disimular) los afectos, ¡quánto más los defectos! Todos los hombres yerran, pero con esta diferencia, que los sagaces desmienten las echas, y los necios mientan las por hacer. Consiste el crédito en el recato, más que en el hecho, que si no es uno casto, sea cauto. Los descuidos de los grandes hombres se observan más, como eclipses de las lumbreras mayores. Sea excepción de la amistad el no comunicarle los defectos; ni aún, si ser pudiese, a su misma identidad. Pero puédese valer aquí de aquella otra regla del vivir, que es saber olvidar."

Olvidar. Tendría que aprender, pero no sé cómo, Y también a encubrir, porque ni casto ni cauto. El típico exhibicionismo de los petits. Bueno, en realidad, si miras alrededor ves que no hay otra cosa en el mundo: solo petits esforzándose para que los demás les vean. Y eso es lo que me salva, la competencia. Es muy difícil hacerse un hueco entre tanta excelencia de imbecilidad. O sea, necio consuelo una vez más. 

Pero ya digo, también me salva, al menos en parte, el mástil de la guitarra. Nunca pude sospechar que hubiese tanta matemática en él. Miles, millones de fórmulas, relacionan sus casillas. Aunque, al final, todo se reduce a dar con una melodía que sintonice. Pero lo que natura non da insistencia non presta. Sin duda hay que nacer dotado para estas cosas. Seguramente es una cuestión puramente fisiológica. Sí el oído no da de sí, apaga y vámonos. Por eso a veces me siento como uno de esos niños de constitución bollicállica que se ponen una camiseta del Barça y se colocan un balón bajo el brazo. Inspira ternura, desde luego, Otra víctima de la milonga esa de la igualdad. Alguien nos debió decir...

Y es que, como señala el aforismo 34 del citado Oráculo: Conocer su realce Rei: la prenda relevante, cultivando aquella, y ayudando a las demás. Qualquiera hubiera conseguido la eminencia en algo si hubiera conocido su ventaja. Observe el atributo Rei, y cargue la aplicación: en unos excde el juicio, en otros el valor. Violentan los más su Minerva (dotes personales), y así en nada consiguen superioridad: lo que lisonjea presto la pasión desengaña tarde el tiempo. 

En fin, reconozco que todo esto que está pasando me está haciendo perder pie. 

  

No hay comentarios:

Publicar un comentario