Siempre he tenido por ahí a mano unos cuantos libros de los que se podrían incluir en la categoría de autoayuda. Las Cartas a Lucilio de Séneca, las Meditaciones de Marco Aurelio, el Oráculo Manual de Gracián, la lista podría ser el cuento de nunca acabar porque si pensamos fino no tardamos en caer en la cuenta de que en realidad todos los libros son de autoayuda, tanto para el que los escribió como para el que los lee. El que los escribió porque le evadió de un tiempo libre que le estaba corroyendo el espíritu y el que los lee, por lo mismo. Porque, vamos a ver, ¿ustedes creen que esos libros enseñan algo al que le falta tiempo para satisfacer sus necesidades y las de los suyos? No sé, porque nunca se puede saber nada a ciencia cierta, pero mi primera impresión sobre esta vida es que el que está ocupado con sus cosas ni necesita filosofías ni mucho menos organizar la vida a los demás.
Pues sí, en eso consiste la maldición prometéica, en que un día inventas algo para facilitarte la vida, y es ese mismo algo lo que te la condena al procurarte tiempo libre. Sí, el tiempo libre, el verdadero cáncer del mundo porque lo es de los espíritus. Sin nada que hacer empiezas a notar como se resquebraja el edificio y te entra un miedo atroz. Si quieren una aguda reflexión sobre lo que les acabo de decir les recomiendo a lectura de La Caída de la Casa Usher de Edgar Allan Poe, un borracho, por cierto, de tomo y lomo.
Así es que empiezas a notar el resquebrajamiento de ti mismo y el terror te enloquece. Y ya saben las tonterías que pueden llegar a hacer los locos. Y claro, hay tonterías inofensivas, pero también las hay letales. Y de entre las letales, la peor sin el menor lugar dudas es el dar en creer que estás capacitado para organizar la vida de los otros. Y el caso es que es tan frecuente este tipo de locura que el mundo no tiene medios para frenarla y por eso es que campe por sus respetos. Por así decirlo, esos locos han conseguido que el mundo gire a su alrededor. Mires para donde mires, ahí que te los encuentras diciéndote lo que tienes que hacer so pena de martirio. Son como los demonios que custodian las calderas de Pedro Botero. Porque puede que esa sea la realidad, que estemos muertos y padeciendo las penas del infierno. ¡Por Dios bendito, que me los saquen de encima!
Sinceramente, no creo que esto tenga otra solución que la de levantar la veda. Me refiero a la veda de demonios. Salir a la calle y allí donde veamos uno disparar sin la menor compasión. No veo otra forma de conseguir que el Ave Fenix vuelva a levantar el vuelo. O lo que es lo mismo, que la gente se vuelva a ocupar solo de sus asuntos.
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