viernes, 9 de octubre de 2020

Sudar la cucaracha

Quizá la más conocida de entre todas las canciones del grupo musical Los Ruiseñores de Santander sea El Viejecito Parrandero. Cuenta la historia de un viejo que va a los bailes y todas las jovencitas quieren bailar con él porque, y aquí viene lo bueno y misterioso, les "hace sudar la cucaracha". Bueno, así, de entrada, uno puede estar seguro de una cosa, y esa cosa es que ese Santander, que por así decirlo adjetiva a esos Ruiseñores, no es el Santander de cuando la hoy Cantabria estaba soltera. Es, sin duda, uno de los santanderes que hay diseminados por Hispanoamérica. Yo diría que, por la gracia y el arte que tienen los Ruiseñores, se trata de la Santander colombiana. Pero podría ser de cualquier otro país del Caribe, porque si hay una región en el mundo donde vida y música se confundan esa es el Caribe. 

Como es lógico, y yo diría que también natural, no me he querido quedar a uvas y por eso ha sido que de inmediato he googleado "sudar la cucaracha". Pues bien; nada de nada. Como tiene que ser cuando una lengua es ubérrima, que no hay tecnología por avanzada que sea que la pueda abarcar. Harían falta cien Googles para, por poner un ejemplo, dar cumplida cuenta del desbordamiento de tropos de todo tipo que contiene la Lozana Andaluza. Y es que la cultura hispana, o ibérica si mejor quieren, contiene en su ADN tal cantidad de herencias que se diría hija de un "polvo verbenero". O de "la gran chingada", que también pudiera ser. Sin necesidad de exagerar, bien se podría decir que, por la mera geografía, somos el crisol del mundo. En ningún sitio, que yo sepa, se estrellaron tanto el oriente con el occidente, la morangada con los teutones y, eso, se nos tiene que notar a la fuerza. Sobre todo en el lenguaje que, que nadie se engañe al respecto, es la quintaesencia de nuestro ser humanos. En fin, decir mucho, para decir nada. Solo, soltar una nota al aire y que cada cual la atrape a su manera dejando vagar la imaginación. Quizá por eso sea que es tan rara la disciplina entre nosotros: la riqueza del lenguaje dificulta el entendimiento. ¡Y qué le vamos a hacer si todo en la vida es paradójico!

Pero, bueno, a lo que iba, a lo de "sudar la cucaracha", ¿a qué demonios se puede referir eso? Bueno, si nos atenemos a la canción de marras, sin duda se trata de algo que a las jovencitas les encanta. Porque de no ser así, ¡buena gana de restregarse con un viejo pudiendo hacerlo con un joven! Y aquí nos topamos con una cuestión bastante trascendente: ¿cuál es el arma más poderosa de seducción? ¿La fuerza genésica que desprende un cuerpo adolescente o el arte que exhibe un papaito piernas largas? O es que acaso no daba Leslie Caron la impresión de estar sudando la cucaracha cuando Fred Astaire la agarraba por la cintura y la hacía dar volteretas.

En fin, por cierto, en otro orden de cosas, ¿se han enterado de que los americanos han dado con un remedio contra los estragos del coronapollas? Lo ha dicho Trump. Él lo tomó y mano de santo. ¡Estos americanos...!

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