domingo, 1 de noviembre de 2020

Les choses de la vie

Siempre hay idiotas convencidos de que "esto lo resuelvo yo". Cómo se nota que no han leído un solo libro de historia. Anoche vimos la película Suez en la que se recrea al joven y apuesto Lessep en allures de titán para curarse del mal de amores que le había producido Eugenia de Montijo. Recién pasado el ecuador del siglo XIX, Francia no es una excepción, es decir, también en ella se están sufriendo los nefastos efectos secundarios a un desarrollo tecnológico galopante. Las diferencias sociales se agigantan, el campo emigra a la ciudad... en fin, todas esa cosas que en principio descolocan a la gente y, a la postre, la encabronan. Y esa es la cuestión incuestionable, que la democracia es un sistema político que no tiene herramientas para encauzar el encabronamiento de las gentes una vez que se rebasan ciertos límites. Las revueltas callejeras hacen la vida muy desagradable a los que viven más o menos acomodados. Los mismos que no tardan en levantar la voz para pedir mano dura. Así, en la película, siguiendo, pienso, las tesis del "18 de Brumario de Luis Bonaparte" de Karl Marx, dan a entender que el presidente, el tal Luis, sobrino de Napoleón, fomenta dichas revueltas callejeras para cargarse de razones y pegar un golpe de estado en el que disuelve la asamblea y se declara emperador. En cierto sentido, lo mismo que hizo Cesar. 

Lessep, al margen de todo, se va a Egipto a unir el Mar Rojo con el Mediterráneo abriendo un canal por el istmo de Suez. Una epopeya desde luego que, a la postre, no hubiera podido llevar a cabo sin la ayuda decisiva de Inglaterra. ¿Y por qué Inglaterra? ¿Acaso no tenían allí los mismos problemas que en Francia o Prusia? Pues no, no los tenían porque habían construido un imperio en el que podían colocar todo lo que producían en la metrópolis. Francia y Prusia, por contra, se lo tenían que comer. Que no por otra causa es que hubiese, primero, la Guerra Francoprusiana, después, la primera Gran Guerra y, a continuación, la Segunda. Sí, hace todavía menos de un siglo que si no se podía vender todo lo que se producía se salía a buscar mercados por medio de la guerra. Y, aquí reside, precisamente, el gran drama de la contemporaneidad, que, como existen las bombas atómicas, el remedio de las guerras es peor que la enfermedad de tener que comerse los excedentes de la producción. 

En resumidas cuentas, que los racionalistas franceses tuvieron la idea, pero quienes la llevaron a cabo y, a la postre, sus principales beneficiarios, fueron los pragmáticos ingleses. Luego, creo recordar, con el canal de Panamá, pasó algo parecido, con los gringos, en este caso, de culminadores y beneficiarios del invento. Los franceses, ¡pobres!, tiran, como ellos dicen, el pedo más alto que el culo y por eso siempre se quedan a verlas venir... pero esto es otra historia.

A lo que iba es a que no sé si ustedes se habrán dado cuenta de lo revuelto que está el patio. A mí, la verdad, me recuerda mucho a lo del 18 de Brumario. ¡Esto hay que pararlo de alguna manera!, grita uno de los youtubers más asentados del nuevo panorama mediático. Otros muchos le hacen eco. Y yo me pregunto sobre quién pudiera ser el nuevo emperador en ciernes. Bueno, al tal Sánchez no creo le falte inepcia para poder aspirar al cargo. Casi tanta como la que exhibió Luis Bonaparte, bien sure. Aunque, claro, no tiene a su lado una Eugenia de Montijo para que le dore los blasones.   

En fin, les choses de la vie.    

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