miércoles, 11 de noviembre de 2020

El descojone general

De todos es sabido por repetido hasta la saciedad  que cuando la chusma se empodera, como ahora se dice, por primera vez, la cosa acaba indefectiblemente en tragedia, pero, cuando se empodera por segunda vez es inevitable que se produzca el descojone general... que es en lo que estamos. Así es que, ayer, andábamos de gira en bicicleta y recalamos en una cala, ¡qué bella aliteración que diría Borges!, en la que había un bar cuya enorme terraza solo tenía una mesa ocupada. Miramos de sentarnos para tomar un refrigerio, pero apenas lo habíamos intentado cuando salió un camarero que nos conmino a ir una mesa en la que había diversos geles y antisépticos a descontaminarnos las manos. Por supuesto que le dije que ni hablar del peluquín. Y entonces el tipo se desgañitó pronunciando unas mil veces la palabra protocolo. Yo ya me había dado cuenta cuando trabajaba en hospitales que a los médicos más chusmas, que eran casi todos, les encantaba la palabra protocolo. Protocolo por aquí, protocolo por allá, lo que en realidad querían ellos era funcionar como autómatas. Quién sabe, a lo mejor es que estaban incapacitados para pensar y se habían dado cuenta de que con los protocolos no se les notaba la carencia. Ya saben lo sabia que es la naturaleza que donde quita una cosa la suple con otra. En este caso la falta de neuronas con los protocolos. Pues bien, nos largamos de allí, no sin haber hecho antes unas cuantas consideraciones al respecto de los protocolos, y nos fuimos a otro bar que si bien no estaba en una cala, por contra, funcionaba a la perfección sin necesidad de protocolos. Y por eso supongo que era que estuviese lleno. 

Sí, lo de los protocolos ya me me había dado cuenta hace mucho de que es el descojone general. Tú, te apropias de unos cuantos y ya solo tienes que pensar en la marca del coche que te vas a comprar o al país al que vas a ir de turismo. O sea, exigencias mentales completamente soportables porque elijas lo que elijas siempre aciertas porque, aunque todavía no te hayas dado cuenta, vas a elegir coche y turismo de acuerdo con un protocolo subliminal que los ingenieros sociales han ideado con la filantrópica intención de hacerte creer que eres libre para elegir.   

En resumidas cuentas, que los ingenieros sociales han decidido empoderar a la chusma por medio de los protocolos. Con un protocolo en la mano, cualquiera se transforma en general. Algo así es lo que nos quería dar a entender el chusma de la cala ayer. ¡Por encima de mi cadáver!, parecía querer decir cada vez que pronunciaba la palabra protocolo. Y claro, sabido es que todo lo que viene de los ingenieros sociales no tiene otra finalidad que arruinar a las sociedades. No falla porque es una ley no escrita del cielo: a más protocolo menos clientela. Y por la misma ley del cielo, también, a menos chusma empoderada mayor producto interior bruto.

En fin, ya digo, el descojone general. 

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