lunes, 2 de noviembre de 2020

Las ofertas de Lidl

La verdad es que a este paso no sé a dónde vamos a llegar. Me refiero al espinoso asunto de las prohibiciones. Ahora resulta que el gobierno francés va, coge, agarra y prohíbe a los supermercados vender cualquier tipo de producto que no sea de primera necesidad. Por ejemplo, las flores, que sí, siempre me pareció una chorrada comprarlas donde fuera que fuese dado que el campo está lleno de ellas, pero es que también los libros. O sea, que viene a querer decir el gobierno francés que los libros no son de primera necesidad. ¡Quién lo hubiese imaginado!

El caso es que piensan esos gobernantes que si los supermercados no venden ni libros ni flores, el comercio del centro de las ciudades va a volver por sus fueros. No sé, porque nunca se puede predecir lo que pasará cuando introduces una nueva variable en el sistema. Aunque la experiencia es la que es, o sea, que la mayoría de las veces el tiro sale por la culata. Que no por otra causa existió la Escuela de Salamanca o la Austriaca de Economía. Se dieron cuanta esos señores de que en la economía como en casi todo lo que mejor suele funcionar es el orden espontáneo. El prohibido prohibir que decía Chumy Chúmez, para que nos entendamos. 

Pero es que, además, lo verdaderamente sorprendente de todo esto es que esos gobernantes obvían la evidencia de que ya solo compran libros y flores en los supermercados los cuatro analfabetos informáticos que van quedando. El común de los mortales, a día de hoy, cogen, agarran el móvil, teclean cuatro letras, dos números y ya tiene comprado lo que sea que necesiten. Por eso es que lo que más abunda en las ciudades son las furgonetas de reparto.  Y sin embargo, ya ven, los políticos parecen no apercibirse de ello... porque, de lo contrario, supongo, ya estarían implementando, como ellos dicen, una ley para prohibir el comercio telemático. 

Si les he de ser sincero, a mí este sistema imperante cada vez se me asemeja más al régimen feudal. Los políticos esquilman a los ciudadanos a golpe de impuestos para pegarse la gran vidorra. La imagen del presidente Sánchez recorriendo palacios este aciago verano es buena prueba de lo que digo. Y así hasta cuatrocientos mil que dicen que hay en España. Ni a uno ha matado ésta que dicen letal pandemia. Son tan poderosos que hasta a las estadísticas burlan. Son inmunes a todo, pero sobre todo al desaliento. Porque de lo contrario, dado lo que se opina de ellos, andarían un poco alicaídos. Pero no, les basta inventar un insulto, digamos que negacionista, para que se les insufle el ego y vuelvan a hacer la rueda. 

En resumidas cuentas, que esto tiene que petar sí o sí, como se dice ahora cuando se quiere dar a entender lo inevitable. ¡Ya te digo, prohibir a los supermercados...! Con lo que a la gente le mola las ofertas de Lidl. En fin. 


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