Normalmente me levanto entre seis y seis y media. De inmediato levanto la claraboya y lo primero que veo es la animación en el Marcial. Los horarios del Marcial son como los ciclos de la naturaleza que si llegasen a alterarse seria signo indubitable de que algo muy gordo iba a pasar. Y ese es el caso, que esta mañana eran las siete y seguía cerrado. Los clientes iban llegando, merodeaban un rato alrededor, el tiempo de un cigarrillo, y se iban, seguramente desolados. ¡Qué duro y cruel es eso de romper las rutinas a la gente!
Morgan Freeman, el actor, tiene colgado un vídeo en YouTube en el que expone una teoría muy curiosa. Si dejamos de hacer test PCR, o como quiera que se llamen, dice, se acabó la pandemia. A mí me parece una muy lúcida proposición. Porque es que, aunque procuro no seguir en la medida de lo posible todo este desideratum, las estadísticas que me llegan por las conversaciones que tengo siempre hacen referencia al número de contagios que no cesan de aumentar. Lo que nadie me cuenta es lo que aumenta el número de test que se hacen y, tampoco, cuantos de entre los que dan positivo tienen sintomatología, ni cuales son las circunstancias de los que tienen sintomatología, ni mucho menos las de los que mueren. En definitiva, para los que estamos habituados a leer prensa científica, todo esto es un puro camelo. Y eso por no hablar de lo que de camelo tiene la prensa científica en general. Que alguien diga cuántos paper, peiper en español, no han sido desmentidos al cabo de un tiempo por otras investigaciones.
Bueno, no digo yo que no haya por ahí una gripe cabrona de las que se llevan por delante más viejos de lo habitual. Pero es que en esta ocasión la gravedad se ve aumentada exponencialmente por la campaña de terror en curso. Cualquier profesional de la cosa sanitaria sabe por experiencia las pocas probabilidades de curación que tienen los miedosos. Porque el miedo bloquea todos los mecanismos de defensa. Así que, empiezo a pensar que todo esto no es algo dirigido por pollos descabezados, como me señalan algunos colegas, no, cada vez pienso más que hay algo diseñado por mentes malignas para corregir los graves desarreglos demográficos que padecen algunos países. Quieren deshacerse de los viejos sea como sea. Por medio de un virus o porque nos tiremos por la ventana en masa.
Bueno, tranquis, lo del Marcial solo ha sido un retraso. Al final ha abierto y, ahora, nueve de la mañana, alrededor de la puerta, bajo el toldo cochambroso, hay el jolgorio habitual. ¡Uf, qué alivio!
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