La realidad es tozuda. El mundo es como es. Hay una serie en una de esas cadenas que te matan a anuncios que se titula Candice Renoir. Se trata de una rubia peligrosa por los cuarentaitantos que ejerce de comandante de policía en una comisaría del sur de Francia, en Seté o así. Como todas las series policiacas, trata de ser lo más realista social posible. Así que, para empezar por lo primero de todo realismo que se precie, no escatima en líos de alcoba entre los integrantes del equipo policial que dirige la rubia peligrosa, Candice, que, por desmentir su nombre, de todo tiene menos de cándida.
Claro, en las series policiacas americanas también hay líos de faldas, pero, por así decirlo, por lo legal, con recato y todo eso. Porque si hay algo inevitable en el mundo es que allí donde hay hombres y mujeres trabajando juntos, y más si ese trabajo es intenso y hace correr riesgos, se produzca una tensión sexual tan insoportable que, so pena de buscarle salida, acaba por dar al traste con todo. Y por eso es que Candice, al contrario de los americanos, se pase el recato por el arco de triunfo. Ella folla por follar, para descargar tensiones y punto. Al fin y al cabo su trabajo se desarrolla en los alentours de Cap d´Adge, el lugar que tan magistralmente describió Houelebecq en su novela "Las particulas elementales". Y esa es la cuestión, que descargar tensiones aguza el ingenio y, por eso, aunque a primera vista parezca que el folleteo va a conducir al desastre, a la postre, muy por contra, facilita la intuición imprescindible en todo proceso de investigación. Bueno, al fin y al cabo es una serie policiaca, así que la intuición que resuelve casos va de soi, porque, de lo contrario ya me dirán ustedes que mierda de serie es esa.
Así que quedamos en que los casos se resuelven. Casos con los que los guionistas tratan de dar una imagen lo más real posible de lo que pasa a su alrededor. Y claro, aquí entra en juego la subjetividad. ¿Qué es lo que se quiere resaltar y cómo se resalta? Por ejemplo, un joven gitano aparece medio carbonizado en una caravana a la que alguien ha prendido fuego. Resultado de la investigación: el joven se ha suicidado por no poder enfrentar la presión de tribu. Lo demás, lo de la caravana quemada y tal, no es más que la torpeza de los padres tratando de tapar la vergüenza y el desprestigio que el suicidio de su hijo les va a producir entre los de su etnia. Otro ejemplo: aparece muerta la secretaria de unos servicios sociales dedicados al tutelage de gente disminuida. Resultado: la secretaria había amenazado con desvelar la corrupción sistematizada de esos servicios sociales. La tutela comenzaba por el desvalijamiento de todo lo de valor que pudiesen tener los tutelados.
En definitiva, que el romanticismo de los gitanos cantando alrededor de la hoguera es una cortina de humo tras la que se esconde una gente angustiada que corre hacia el despeñadero por no querer aceptar la mas fundamental de todas las leyes de la naturaleza, es decir, que lo que no cambia para adaptarse al medio ambiente, perece. Por el otro lado, lo de los servicios sociales. ¿Quién se dedica a esas actividades? A las ONGs y demás mandangas. Bueno no voy a decir yo que no haya por ahí algún alma cándida metida a buen samaritano, pero no nos engañemos, la inmensa mayoría de los caritativos lo son porque no tienen otra forma de competir por su subsistencia. Si has acabado la licenciatura de medicina y te sientes incapaz de competir por una plaza de MIR, una salida posible es apuntarte a una ONG para que te mande a África a hacer de las tuyas. Bueno, es de sobra conocida la teoría de que nada hay más eficaz para perpetuar la miseria que el ejercicio de la caridad. Yo desde luego me apunto a ella. Y es que no he conocido gente más repugnante que la que blasona de preocuparse por los parias de la tierra. !Menudo filón es esa preocupación para sacar jugosos dividendos! ¿Quién conoce a un preocupado de esos que no viva como Dios?
Así que ese parece ser el propósito de las series policiacas, el de abrirnos los ojos respecto de la inevitable miserabilidad de la condición humana. Y claro, Candice, como no podría ser de otra forma, lo hace a la francesa, es decir, a lo Cándido de Voltaire. Y por eso folla más que Conegunda. En fin, Cándido, Candice, solo la razón que se esconde tras la locura nos puede salvar un poco de las miserias de este mundo.
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