viernes, 27 de noviembre de 2020

La caza del tecolote

 Desde luego que con las medidas gubernamentales nadie se va a morir de COVID, o como se diga el engendro de moda, pero de otras patologías va a ser la mundial. Por ejemplo de neumonías. Y no digo, ya, de tristeza. Están ahí abajo, en la esquina del Bariloche que sopla un viento asesino, como almas en pena esperando a que les alcen el entredicho que les tienen puesto a cruzar la puerta de entrada. Esa pobre gente que tenía la vida más o menos resuelta dejándola pasar dulcemente entre las partidas de cartas, los partidos de futbol, las chácharas sobre política y todo ello adobado con un incesante goteo de consumiciones que vienen a ser gloria bendita para la economía local. Desde luego que no hay redistribución de la riqueza más aquilatada que la llevada a cabo por el ramo de la hostelería. Y ahora vienen los ingenieros sociales y la desbaratan: quizá porque intuyen que lo que funciona de manera espontánea es su enemigo natural. 

Yo la verdad es que no entiendo como la gente del común no ha retomado la moda de formar partidas para salir a la calle a la caza del tecolote. Lo contaba mi padrino que vivió la Revolución Mexicana. Salían en coche por la noche en grupos de cuatro o cinco convenientemente armados y allí donde veían un tecolote, que así llaman allí a los polis, disparaban y salían zumbando. Es lo que tienen las revoluciones, que donde las dan las toman. Y es que en las situaciones extremas, cual era la revolución mexicana y es la actual plandemia, el poder político deviene en mafia y los tecolotes son sus sicarios. Es legítimo, entonces, que el pueblo llano se defienda. 

Personalmente no hay en estos momentos movida social con la que más simpatice que la que están llevando a cabo ciertos vecinos de Galapagar para hacer la vida lo más desagradable posible al tecolote Iglesias. Porque Iglesias es un tecolote repugnante donde les haya. El típico psicópata que sintiéndose incapaz de controlar su propia vida quiere curarse controlando la de los demás. O sea, cerrando el Bariloche. Y por eso lo único lógico es que los vecinos organicen partidas para salir a cazarlo. 

No se equivoquen al respecto, todos esos que llaman políticos, y en la realidad son ingenieros sociales, entran dentro de la categoría del tecolote y lo suyo es deshacerse de ellos por el procedimiento que sea. Como hizo mi padrino que, gracias a su trabajo cinegético, al final se convirtió en un empresario exitoso. En fin, nada como los ejemplos que nos dieron aquellos de nuestros mayores que al final triunfaron. O sea que... ¡a la caza!  

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