Cuentan las crónicas que cuando lo de la guerra civil de marras, los del bando que se decía nacional solían llevar, seguramente los más tontos, una especie de escapulario o medalla con la esfinge de Cristo al que llamaban "detente bala". Era, en definitiva, una manifestación extrema de eso que llaman fe, es decir superchería en estado puro. Así era que sintiéndose protegidos por la gracia divina que les proporcionaba el escapulario no dudaban en lanzarse bayoneta en mano contra las filas enemigas. Otros, más prácticos sin duda, optaban por el saltaparapetos, una especie de aguardiente de la máxima graduación cuya ingestión conducía a sentirse en posesión de fuerzas sobrenaturales. Ni que decir tiene que tanto unos como otros caían como moscas que era de lo que en definitiva se trataba, es decir, ajustar la demografía a los recursos. Supongo que como siempre fue y será y no porque así lo quisiera Malthus sino porque la naturaleza así lo tiene dispuesto: guerra, peste y catástrofes naturales.
En resumidas cuentas que ahora voy por la calle y, al ver a la gente embarbijada, no puedo dejar de pensar en los detentebala. Pero mira tú por donde que, como les muestra la foto que les adjunto, en este caso el embarbijamiento no es para detener la bala que viene de afuera sino la que sale de adentro. ¡Acabáramos! Una vez más ha tenido que ser la publicidad la que venga a aclararnos lo que a todas luces parecía una irracionalidad. Porque, sí, íbamos el otro día por el campo y María, que se fija mucho en las flores, iba maravillándose por la lozanía de las margaritas. A estas alturas del año, me decía, y fíjate cómo están. Claro, desde que leímos aquellas novelas del realismo mágico que le decían, sabemos que el mal aliento marchita las margaritas. Y, ahora, como todos llevamos detente bala, las margaritas campan por sus respetos. Que no otra parece ser la finalidad de esta campaña institucional de embarbijamiento generalizado. Porque si nos vamos a lo de los virus... la realidad es tozuda, a más embarbijamiento más contagios, o lo que fuera que fuesen, que para el caso es lo mismo con tal tal de tener a la chusma convencida de que todo es por su bien en vez de por el bien de las margaritas.
Anyway, desamoínense que esto ya toca a su final. Me lo dijo ayer mi hija que, como vive en Londres, está un poco mejor informada que nosotros. Da clases, entre otros sitios, en un colegio de niños. Todo con absoluta normalidad porque es deseo de las autoridades sanitarias que los niños y sus padres jóvenes se contagien al poder ser para ir así creando inmunidad del rebaño que se dice, Y toca a su final porque lo de la famosa vacuna de Oxford es cosa de un mes. O sea, que si nada se interpone, es probable que nos empecemos a vacunar antes de las navidades.
En fin, vacuna o lo que sea, que con tal de que nos desembarbije buena desembarbijadora será.

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