Afortunadamente para mí, encuentro de vez en cuando opiniones que me parecen sensatas... lo cual no quiere decir que necesariamente lo sean, pero así son las cosas, que solo con que nos parezcan ya basta para que el espíritu se serene y disfrutemos de un rato de fundada esperanza. Me pasó ayer escuchando el video que ha colgado en YouTube Juan Ramón Rallo a propósito de las recientes elecciones en EEUU.
¿Crispa Trump? ¿Crispan los socialdemócratas? Bueno, lo de echarse las culpas los unos a los otros es el típico truco del almendruco que sirve para que se afiance el status quo, o sea, que nada se mueva y, por lo tanto, la clase política siga disfrutando de los obscenos privilegios que se ha otorgado a sí misma. Una clase política cada vez más numerosa y, como consecuencia de ello, cada vez más intrusiva en la vida de los ciudadanos. Todo nos lo quieren regular. Y de hecho lo consiguen, ya sea por el voluntario sometimiento de las masas aborregadas, ya por el uso de la fuerza coactiva con aquellos que se resisten.
Así que la crispación, o la polarización que también le dicen, es la lógica consecuencia del exceso de política por el exceso de políticos. Lo vemos aquí en España con meridiana claridad. Cuatrocientos mil políticos dicen que hay y aún me parece que se quedan cortos. Cada día nos despertamos con una nueva regulación. Ya ni siquiera nos atrevemos a ir al baño sin haber consultado antes el BOE, no vaya a ser que incurramos en flagrante delito. De resultas de lo cual añoramos aquella dorada época de nuestras vidas cuando por haber un solo político solo se metían en nuestras vidas en una cosa que, dicho sea de paso, visto con perspectiva era de lo más sensato, porque dejar campar por sus respetos la idiocia comunista es la mayor idiotez, valga la redundancia, que puede cometer una sociedad.
Así que ya puede celebrar la progresía universal todo lo que quiera la derrota de Trump que de nada les va a servir. Porque Trump, como su precusor Reagan, no han sido más que la consecuencia de que cada vez más gente cae en la cuenta de que hay demasiada política porque hay demasiados políticos, lo cual como que les está amargando la vida. Así que lo suyo es mirar hacia donde mejor tienen resueltos estos problemas, pongamos que Suiza. Estados pequeños con el poder descentralizado de tal modo que nada se puede sustraer al control ciudadano, ni siquiera la seguridad -un arma en cada casa-. La cancha de los políticos allí es tan pequeña que, ¡a ver! ¿que alguien me diga el nombre de un político suizo? Matemáticos todos los que quieran, pero políticos...
O sea que en esas estamos, en una guerra cultural que cada vez es más rabiosa. Reagan o Trum fueron batallas ganadas por los minarquistas, lo mismo que Biden lo es para los estatistas. Las espadas siguen muy en alto, pero ya no es lo que era porque los minarquistas van minando poco a poco las defensas de retaguardia de los estatistas. A las cátedras universitarias me refiero. Donde antes había hegemonía marxista o keynesian, ahora empiezan a verse retoños hayeksianos. Solo es cuestión de tiempo que los retoños crezcan y fructifiquen, porque como dice el de Belmonte de Calatayud, nunca por la compasión del infeliz se ha de incurrir en la desgracia del afortunado. En fin, que por soñar un poco tampoco se pierde nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario