jueves, 19 de noviembre de 2020

La olla arrocera

Perdonen que insista, pero es que si hay algo de verdad en lo que dicen que está pasando en EEUU las consecuencias pueden ser muy gordas. De hecho, ya, de alguna manera no hay posible vuelta atrás: Trump se ha declarado vencedor y si sus oponentes consiguen echarle van a tener enfrente a gente muy cabreada de la que no va a manis de borregos a quemar contenedores sino a campos de tiro a entrenar. Y es que hay una diferencia muy grande entre los conceptos de libertad que tienen unos y otros. 

¿Se acuerdan ustedes de cuando empezamos a beber cubalibres? Fidel Castro acababa de entrar triunfalmente en La Habana y su primer acto de rebeldía frente al poder dominante fue echar ron a la cocacola. ¡Genial porque esta muy rico! ¡Uy, qué rico!, dicen las caribeñas en el mismo momento sublime en el que las anglosajonas gritan ¡oh, my God! En fin, que en eso quedó toda la libertad soñada. El resto fue esclavitud so capa de dignidad. Bueno, también las ollas arroceras les dieron mucho juego. Una vez estuvo Fidel más de siete horas frente a las cámaras explicando cómo había que hacer para utilizarlas correctamente. O sea, para que una miseria de arroz pareciera que era mucho. 

La verdad es que no tengo ni idea de si la gente sigue bebiendo cubalibres. Personalmente siempre me pareció una engañifla eso de endulzar el alcohol. Vino con casera, como estilaban aquellos manobras con los que solía compartir mesa en los restaurantes económicos del Ensanche barcelonés. Lo justificaban por la cosa de los eructos que al parecer era uno de sus alivios predilectos. Comprensible en cualquier caso, porque después de  toda una mañana venga a colocar racholas...      

En resumidas cuentas, que unos queman contenedores y endulzan el alcohol y otros practican el tiro y beben el alcohol a pelo, y en eso consiste toda la diferencia entre las dos formas de concebir la libertad que están en guerra. ¿Quién creen ustedes que la va a ganar? Se lo voy a decir, la guerra nadie. Batallas, los dos bandos. Aunque la que se está librando ahora es inédita en la historia dada la proporción de azúcar por un lado y de prácticas de tiro por el otro. 

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