viernes, 10 de septiembre de 2021

Desposeídos

Con pocas ideas puedo estar más de acuerdo que con aquella de Pascal en la que sostiene que todo el malestar del hombre es causado por su incapacidad de estar encerrado en una habitación. Sin hacer nada, es decir, enfrentando la conciencia de su finitud con indiferencia. Porque esa es la cuestión que si no hacemos nada se nos viene encima como por ensalmo el espectro de la muerte. Y claro, ¿quién que no sea un personaje de Bergman está capacitado para jugar al ajedrez con ese espectro? 

Mientras paseaba por el pesquero iba escuchando el vídeo que Le Precepteur tiene dedicado a este espinoso asunto. Y pensaba en este desventurado Estado del Bienestar, que le dicen, que manda a su casa a la gente a una edad temprana e, incluso, antes de mandarle, se afana en resolverte todos tus problemas para que no tengas nada por lo que luchar. En fin, entonces me acordé de Nietzsche y su párrafo "La venganza sobre el espíritu y otros trasfondos de la moral". Dice así:

"La moral... ¿dónde creéis que tiene sus más peligrosos, más rencorosos defensores?... He aquí un fracasado que no posee suficiente espíritu para sentirse satisfecho de lo que tiene, y que no obstante ha recibido suficiente cultura como para saberlo; se aburre, siente hastío de sí mismo, se desprecia; para colmo, desposeído por una pequeña herencia del consuelo supremo, de la "bendición del trabajo", del olvido de sí mismo en la "tarea cotidiana", es un ser que, en el fondo, siente vergüenza de su existencia -tal vez, bajo su más profunda cara, alberga algún pequeño vicio en lo más recóndito de su alma; por otra parte, no puede impedir corromperse cada vez más, volverse siempre más irritable y vanidoso debido a lecturas a las que no tiene derecho, o a frecuentar personas demasiado intelectuales para su capacidad digestiva: envenenado hasta la médula-, ya que para un fracasado de esta estirpe el espíritu es veneno, y veneno también la cultura, la soledad y la propiedad; se hunde finalmente en un estado de rencor, en un deseo crónico de vengarse... ¿De qué crees que tiene necesidad, absoluta necesidad, para conservar frente a sí mismouna apariencia de superioridad sobre espíritus más fuertes que el suyo, para darse, por lo menos en la imaginación, la voluptuosidad de la venganza lograda? De la moralidad, siempre de ella, sin duda alguna, tiene necesidad de los preceptos de la moral, de la gran arca de la justicia, de la sabiduría, de la santidad, de la virtud; tiene necesidad de la actitud estóica (¡ah, estoicismo, qué bien ocultas lo que no se tiene!...), Tiene necesidad de la capa del silencio superior, de mostrarse afable, de la dulzura, y de otros idealistas encubrimientos bajo cuyos ropajes vemos a los incurables que se desprecian a ellos mismos y que son también los incurables vanidosos."

En resumidas cuentas, que no hay nada que añadir a lo que Voltaire ideó para solucionar los problemas de Cándido, Conegunda y Panglós: la bendición del trabajo.  

2 comentarios:

  1. Pues ver cómo se lo explicas a los bandarras de políticos que tenemos,y demás cargos.Trabajar se ha hecho cosa de pobres.Estamos como en la Edad Media,pero al menos antes sabían que los de arriba eran unos hijos de su p.madre.Ahora,ni se enteran.Manda huevos

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  2. Sí, la gente del común dice: cuando me jubile voy a hacer todo lo que he deseado hacer y no he podido por falta de tiempo. ¡Y un jamón con tres chorreras! Como se decía antiguamente. La mayoría de la gente que se jubila pasa automáticamente a la condición de muerto viviente. Siempre buscando a alguien a quién morder.

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