Me hace Santi un pormenorizado relato de cómo funciona la cosa sanitaria en Japón. Y sí, me ha confirmado lo que ya suponía: Japón es un país mil veces más atrasado que España. Allí, por si no lo saben, en lo que a la sanidad hace las cosas son en la actualidad como eran en España antes de que a Franco se le ocurriese la genial idea de crear el sistema público de salud. Por así decirlo los médicos funcionan allí como funcionaba mi padre antes de, como digo, la genial idea de Franco. O sea, para simplificar, todo el sistema pivota allí sobre el médico de cabecera. Un atraso donde les haya porque imagínense el rollo de vida de ese médico pendiente de sus enfermos las 24 horas del día y compárenlo con nuestros centros de salud en donde el trabajo se reparte entre media docena de médicos que se turnan para que la gente esté atendida y los médicos puedan tener una vida digna. ¡Oye, es el progreso!
Sin embargo Santi parece estar encantado con su médico de cabecera. Le da tranquilidad y confianza. Y es que la cosa de la salud no es como suponía Franco asunto de trasplantes y cosas así. El noventa y pico de los problemas son alifafes que se solucionan siguiendo los consejos de la persona en la que confías. El resto, como decía Jiménez Díaz, queda para la especulación hospitalaria porque casi nunca diagnostica el hospital lo que no viene diagnosticado por el médico de cabecera. Bueno, Jiménez Díaz era un antiguo.
Ahora, claro, aquí en España puedes tener un médico de cabecera, pero solo de diez a doce de lunes a viernes. El resto del tiempo, si te surge cualquier cosa, tienes que acudir a los servicios de urgencia en donde te ve un médico que lo primero que hace es poner a parir a al médico que te ha recetado lo que estás tomando con lo cual ya te metió los demonios en el cuerpo y ¡a ver quién te los saca después!
Así que aquí en España, por obra y gracia de Franco, hemos pasado del médico pringao a los médicos con dignidad. No, si ya lo dijo no sé quién, yo es que oigo a alguien reclamando dignidad y se me va la mano a la pistola. Pero, bueno, ésta es otra historia. Porque el caso es que en Barcelona me solía sustituir un médico libanes que una noche nos invitó a cenar en su casa y en el intervalo que duró la cena le llamaron un par de veces pacientes que querían consultar algo. Así fue que me puse a indagar y averigüé que el tipo tenía en el barrio una abultada cartera de clientes que le pagaban una pequeña iguala. Porque esa es la cuestión, que la gente se pirria por un médico de cabecera, es decir, que esté siempre al pie del cañón. ¡Y que le vamos a hacer si a la gente no le gusta el progreso!
La iguala...qué tiempos ,Peddro.Recuerdo a mi abuela en los Pizarrales mandando a mi abuelo a pagar la iguala a Don Alfoso,aquel mítico médico ,que trataba igual a payos,gitanos o mercheros.Tuvo una pila de hijos,12creo.A uno lo mataron de un navajazo en las escaleras de Piper.Eran los tiempos de mover el esqueleto,los medios cubatas y sin las folletás estas del Internet.Gracias por transportarme a tiempos pretéritos.
ResponderEliminarSí, las igualas. Mi padre tenía un cobrador que le llamaban Sidro el Turco que pasaba por todas las casa cada trimestre. Sidro tenía cinco hijas guapísimas, pero cuatro eran sordomudas. La que hablaba se casó con el dueño del restaurante El Puerto que ha sido el mejor de Santander durante muchos años. Bueno, luego ese dueño se hizo famoso por haberse jugado todo lo que había ganado en los primeros días de la apertura del casino del sardinero.
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