Respecto de cuál es el motor del mundo hay opiniones para todos los gustos. La codicia, la ambición, el afán de notoriedad y demás cualidades notables del ángel caído sin duda han tenido mucho que ver en el desarrollo de los acontecimientos para bien y para mal. Pero hay a mi juicio un estado del alma mucho más influyente y al que pienso que no se le presta toda la atención que se debiera: el aburrimiento.
Uno de los grandes problemas de la humanidad en estos días -siempre a mi inmodesto juicio, por supuesto- es que se considera de todo punto inadecuado adiestrar a los niños en el difícil arte de convivir con el aburrimiento. Estar aburrido es socialmente considerado como una lacra del espíritu propia de gente poco dotada. Los inteligentes, se da por hecho, nunca se aburren. Otro más de los malignos tópicos aventados por los más aventajados discípulos del mentado ángel caído. Por eso es que la chusma no es que no quiera aburrirse, no, que eso no se le alcanza, lo que no quiere por nada del mundo es parecer que se aburre porque piensa que eso le desprestigia por encima de todas las demás cosas detestables que pudiera hacer. Y así hemos llegado a que los diversos placebos con los que se intenta aliviar el aburrimiento de los necios se hayan constituido en esta actualidad tan paradójica que vivimos en una ingente industria que lo abarca casi todo.
Que no se engañe nadie: sin aburrimiento no hay reflexión sobre el propio ser. Sobre el sentido de la vida, el quién soy, qué hago aquí, qué merece la pena, en fin todas esa cosas que te constituyen como individuo y te alejan del rebaño que consume placebos. Porque no sólo es la satisfacción desaforada de deseos infantiles, también son placebos todos esos líos que entretienen a las masas sin quitarlas la ansiedad: el brexit, los lazos amarillos, el antifranquismo, los "me too" y demás mandangas que ni siquiera resistirán un par de generaciones antes de caer en el olvido más absoluto.
Ya sé que decir estas cosas es embestir molinos de viento o, mejor, rebaños de ovejas, pero eso es lo que hizo Don Quijote y pasan los siglos y ahí sigue iluminando con su lógica implacable.
viernes, 31 de agosto de 2018
miércoles, 29 de agosto de 2018
Más risa que dolor
Durante los años de la infancia, adolescencia y primera juventud viví sometido, aunque de forma decreciente, al continuo bombardeo propagandístico que exaltaba las dotes cuasi sobrenaturales del líder máximo. Aquello, a partir de la adolescencia ya se empezó a percibir más que nada como un vivero en el que los chistes brotaban como por ensalmo. De hecho, fue por haberme dejado arrastrar por la corriente humorística imperante por lo que me vi inmiscuido en un desagradable incidente que me costó la expulsión de un colegio medio liberal y la inclusión en otro de régimen descaradamente penitenciario. En fin, no sé si sacaría alguna lección de aquello, aunque supongo que sí porque en la vida los malos trances nunca suelen ser en vano.
Luego, ya, muerto el patriarca y con los primeros vientos de renovación, las preocupaciones del ambiente en el que me desenvolvía pasaron a ser las de "El Cuarteto de Alejandría". Para que entiendan lo que era eso piensen en la serie "Friends", o "The Big Bang Theory", pero con un toque bastante más nihilista que cínico. Los dichosos treintaitantos en los que por una graciosa conjunción de circunstancias acabas por creerte miembro de una especie de Olimpo que contempla el mundo circundante con displicencia porque bastante ocupación tiene uno con dar a basto a los compromisos que la divinidad impone. En fin, bien se puede decir de tal etapa que de aquellos polvos estas nostalgias sin remedio en la botica.
Luego la madurez que llega con la adolescencia de los hijos. Todo el día tirándote de los pelos sin saber qué otra cosa hacer que te pueda traer algún alivio. Entonces lees a Shopenhauer y comienzas a entender qué quiere decir eso de aprender a convivir con el aburrimiento como única solución a todos los males del espíritu. La vida, aunque sea todo lo que tienes, es muy poquita cosa en el mejor de los casos. Es de idiotas tener grandes expectativas para algo tan efímero. Acabas por comprenderlo so pena de terminar infartando.
Y pasas a la vejez y todo regresa a los comienzos. Incluso aquel mítico líder máximo que nos proveía de material humorístico vuelve ahora revestido de criminal y genocida. Y te lo tienes que tragar porque te das cuenta que si quitas a la gente esa coartada luego te atienden mal cuando reclamas sus servicios. En fin, cuán presto se va esta vida que después, acordada, da más risa que dolor.
Luego, ya, muerto el patriarca y con los primeros vientos de renovación, las preocupaciones del ambiente en el que me desenvolvía pasaron a ser las de "El Cuarteto de Alejandría". Para que entiendan lo que era eso piensen en la serie "Friends", o "The Big Bang Theory", pero con un toque bastante más nihilista que cínico. Los dichosos treintaitantos en los que por una graciosa conjunción de circunstancias acabas por creerte miembro de una especie de Olimpo que contempla el mundo circundante con displicencia porque bastante ocupación tiene uno con dar a basto a los compromisos que la divinidad impone. En fin, bien se puede decir de tal etapa que de aquellos polvos estas nostalgias sin remedio en la botica.
Luego la madurez que llega con la adolescencia de los hijos. Todo el día tirándote de los pelos sin saber qué otra cosa hacer que te pueda traer algún alivio. Entonces lees a Shopenhauer y comienzas a entender qué quiere decir eso de aprender a convivir con el aburrimiento como única solución a todos los males del espíritu. La vida, aunque sea todo lo que tienes, es muy poquita cosa en el mejor de los casos. Es de idiotas tener grandes expectativas para algo tan efímero. Acabas por comprenderlo so pena de terminar infartando.
Y pasas a la vejez y todo regresa a los comienzos. Incluso aquel mítico líder máximo que nos proveía de material humorístico vuelve ahora revestido de criminal y genocida. Y te lo tienes que tragar porque te das cuenta que si quitas a la gente esa coartada luego te atienden mal cuando reclamas sus servicios. En fin, cuán presto se va esta vida que después, acordada, da más risa que dolor.
lunes, 27 de agosto de 2018
Tiranía de la sangre
Hay por ahí un cierto revuelo a mi juicio interesante. Es el que ha levantado un humorista de nombre Robert Bodegas con unos chistes sobre los gitanos. Unos chistes que me han parecido muy inteligentes. Y por encima de todo notablemente oportunos. Porque, al margen de que los gitanos en general sean maestros del cante flamenco, pienso que lo son mucho más del cante antisocial por decirlo, así, a la llana. Sí, ya va siendo hora de que empecemos a dejarnos de mandangas y llamemos a las lacras por su nombre porque ese es el método correcto para iniciar su erradicación.
Un día en Salamanca le dije a uno que cantaba muy bien pero que hacía gala de "su cultura" para justificar su insoportable incivismo, que a qué coño cultura se refería porque allí, en aquel grupo en el que estábamos, el único que no tenía ningún estudio era él. Y también conocí en Salamanca a un gitano, maestro de maestros en el arte de la guitarra, que abominaba de su etnia a la que achacaba todas sus malas andanzas de antaño. Así es que entre esa gente hay de todo como en botica, pero para su desgracia vive sometida a la peor de todas las tiranías que es la de la sangre.
Y que conste que no hay que ser gitano para vivir sometido a esa tiranía discapacitante de la sangre. Hay multitud de familias que tienen esa tendencia a reunirse para dar palmas al primer cumpleaños de cambio. No hay más que ponerse en la cola de la caja de cualquier super para ver la cantidad de gente gorda que compra tartas grasientas y cocacolas gigantes. ¡La dichosa familia convertida, por mor de las tartas, en la madre de todas las miserias morales!
A la familia, como a todo, pienso que ni hay que ponerla tantas velas que la quemen ni tan pocas que no la alumbren. Reunirse por Acción de Gracias o Navidades puede convertirse en una sesión de psicoterapia de grupo realmente enriquecedora. A partir de ahí, la graduación de uno de sus miembros puede ser una buena oportunidad para repetir porque, no nos engañemos, nada hay más gozoso y provechoso que la celebración del mérito de un ser próximo. Puede haber entonces incluso una sana envidilla que empuje a la emulación.
En fin, a lo que iba, que por mucho que la socialdemocracia se empeñe en tapar todas las grietas con la pintura de la corrección política siempre acaba por aparecer el niño en forma de humorista que grita que el rey va desnudo. Y los gitanos, con sus reyes y demás, no es que vayan desnudos es que nos desnudan a todos para que nos veamos en nuestras miserias de carne amontonada. Todos tenemos que huir de eso para constituirnos y, también, hay que ayudar aunque sólo sea con chistes a los que están más enredados por doloroso que les resulte. Nos va la vida en ello.
Por lo demás, gloria a Diego del Gastor, a Django Reinhard, a Paco de Lucia y tantos otros que supieron desgajarse para seguir dando frutos injertados en otros árboles. Ellos demostraron que se puede.
Con flores a María
Con muy buen criterio los creadores del cartel han decidido que lo sostenga una persona, un hombre en concreto, sin cabeza. Es lo suyo porque ya se sabe que los hombres, sobre todo cuando están de fiesta, en el sitio de la cabeza tienen un coño. Quedaría mal entonces ser realista. El caso es que, consideraciones estéticas aparte, Palencia está estos días dedicada en cuerpo y alma a torturar a los viejos -fiestas le dicen a eso- y por tal es que haya profusión de semejantes carteles por toda la ciudad. Y yo sin enterarme de que hasta justo este año en que llegaron las "me too" las fiestas del lugar venían siendo una bacanal aunque sin un Eurípides que la cantase. ¡Por dios, lo que me he perdido!
Imagínense qué clase de fiestas van a ser éstas que van a estar libres de agresiones sexistas. Una especie, supongo, de venid y vamos todos con flores a María, pero eso sí, con un ruido ensordecedor. Una vacarne que le dicen los franceses. ¡Ah!, y las francesas que, por cierto, ya no son lo que eran, por lo menos en nuestro imaginario.
Aunque me parece a mí que el sintagma "agresiones sexistas" tiene un punto de ambigüedad que convendría discernir convenientemente. Porque a ver si la muchachada se va a acojonar y va a optar por quedarse en casa viendo porno que en ningún caso tiene connotaciones violentas y sirve para salir del paso. En resumidas cuentas, que lo que yo echo a faltar en el cartel es la altura del listón. Porque alguna tendrá que tener supongo, so pena de llevarnos a la ruina a la que abres la boca. Así que ya veo yo ahí otro nicho de empleo para socialistas, ¡ah, y sociolistos. Porque alguien tiene que encargarse de señalar el listón y vigilar que nadie se le salte.
Bueno, en definitiva, menos mal que, aunque sea en plan zombi, vuelve Franco que de estas cosas de ir con flores a María sabía un huevo.
domingo, 26 de agosto de 2018
¡Jovencitos!
Las tardes de verano son muy largas y por eso puedes acabar viendo cualquier cosa. Así, cuando ya no podía más de ver vídeos de Cantinflas voy y, como tirando a voleo, pongo Skay News. Allí estaba un señor, por lo visto Presidente de Irlanda o algo así, poniéndole las peras al cuarto al Papa peronista que se le había ocurrido ir a la isla de excursión en mala hora. Lo nunca visto, ir a dar lecciones de moral y salir trasquilado. Es usted el capo de los pederastas, le decía una y otra vez en su discurso de bienvenida el Presidente. Y el otro como si nada, ¡pues anda que no tiene cuajo el pibe! Propósito de la enmienda, contrición de corazón... que por palabrería no quede, que para eso nací argentino.
Yo no sé si siempre habrá sido igual o es una triquiñuela de la vejez la que me hace ver un mundo patas arriba para consolarme de la ya próxima partida. Pero esto de que los curas no puedan meter mano a los niños, lo mismo que el que los jefes no puedan tirar los tejos a sus subordinadas, me parece puro contra natura. De seguir así, despídanse de curas y jefes. Es igual que lo de la publicidad en televisión que se está yendo al carajo al pretender sustituir a las tías buenas en posturas insinuantes por perritos amariconados. No cuela, la verdad.
El mundo tiene sus auténticas tradiciones y por mucho socialista que venga a desenterrar fantasmas la cosa no va a cambiar. Zeus, el gran jefe, lo era precisamente porque se tiraba a todo lo que merecía la pena del Olimpo para abajo. Y así fue como lleno el mundo de seres semidivinos que fueron los que le hicieron evolucionar a mejor. ¡Es Eros, estúpidos!, sería lo que diría hoy, de haberlo en algún sitio, un gobernante inteligente. En fin, a mi ya, como digo, poco me va a afectar, pero, ¡os lo advierto, jovencitos!, o dais la espalda a ese Tánatos disfrazado de bondad que es la socialdemocracia o ir echando el candao al chiringuito. Porque os están robando la vida. Por favor, no consintáis que venga un guardián de lo correcto a defenderos de pederastas y abusadores: reivindicar el derecho a defenderos con vuestros puños y dientes. Un mundo sin agonía es una puta mierda. Sabedlo.
Yo no sé si siempre habrá sido igual o es una triquiñuela de la vejez la que me hace ver un mundo patas arriba para consolarme de la ya próxima partida. Pero esto de que los curas no puedan meter mano a los niños, lo mismo que el que los jefes no puedan tirar los tejos a sus subordinadas, me parece puro contra natura. De seguir así, despídanse de curas y jefes. Es igual que lo de la publicidad en televisión que se está yendo al carajo al pretender sustituir a las tías buenas en posturas insinuantes por perritos amariconados. No cuela, la verdad.
El mundo tiene sus auténticas tradiciones y por mucho socialista que venga a desenterrar fantasmas la cosa no va a cambiar. Zeus, el gran jefe, lo era precisamente porque se tiraba a todo lo que merecía la pena del Olimpo para abajo. Y así fue como lleno el mundo de seres semidivinos que fueron los que le hicieron evolucionar a mejor. ¡Es Eros, estúpidos!, sería lo que diría hoy, de haberlo en algún sitio, un gobernante inteligente. En fin, a mi ya, como digo, poco me va a afectar, pero, ¡os lo advierto, jovencitos!, o dais la espalda a ese Tánatos disfrazado de bondad que es la socialdemocracia o ir echando el candao al chiringuito. Porque os están robando la vida. Por favor, no consintáis que venga un guardián de lo correcto a defenderos de pederastas y abusadores: reivindicar el derecho a defenderos con vuestros puños y dientes. Un mundo sin agonía es una puta mierda. Sabedlo.
sábado, 25 de agosto de 2018
Ataturk
La Historia es una fruta que necesita de grandes cantidades de tiempo para madurar. Tengo todavía muy vivo en el recuerdo los enormes sarpullidos causados en la Europa narcisista de los setenta por la obra de Alexandre Solzhenitsyn. Los más afamados gurús del pensamiento del momento se limitaron a calificarle de fascista y ello bastó para desviar por un tiempo el río de la Historia. Los perros siguieron mucho tiempo todavía atados con longanizas en la Unión Soviética porque así lo aseguraban tipos tan humanos como Sartre, Neruda y demás aficionados a dejarse invitar. Pero al final, claro, la fruta maduró, por más que, hoy todavía, los que no pueden alcanzarla sigan diciendo que está verde: la famélica legión de los resentidos.
Porque hay una cosa para la que la propia experiencia debiera bastar para reconocerla:nada nos consuela tanto de nuestras derrotas como manipular el recuerdo. Y no hay que esforzarse mucho para ello porque ya se ocupa el instinto de proporcionar los elementos esenciales de la triquiñuela. Pasar de verdugo a víctima está chupao a nada que te rodees de malas compañías. Compañías iletradas, bien sure.
Les traigo estas reflexiones a colación por el revuelo que hay montado a propósito del Invicto Caudillo. Sí, sí, bien digo, Invicto, que murió en la cama bajo el manto de no recuerdo qué Virgen y agarrado al brazo incorrupto de, nada más y nada menos, Santa Teresa de Jesús. Pues sí, ya van para 43 que la palmó y 82 de su glorioso alzamiento, lo cual que ya va siendo tiempo para que empiece a correrse el caricaturesco velo que por las necesidades de consuelo le habían colocado aquellos lejanos perdedores. Ya sé que la maniobra será cuestión de años porque están muy oxidados todos los mecanismos, pero el caso es que empiece alguna vez. Y ya ha empezado. Lo de fascista, asesino, sanguinario y tal, ya va quedando en malos modos y mano de hierro. Estamos mal todavía, pero vamos bien que es lo que importa. El final, estoy seguro, todo quedará en un autoritarismo a lo Ataturk que sentó las bases de la modernidad: agua, luz y conocimiento. A partir de ahí, todo lo demás por añadidura. Todo, incluso el consuelo de los derrotados debidamente canalizado a través de El País, un medio que, no se olvide, fue fundado por hijos de preclaros capitostes de lo abominable.
Sí, atado y bien atado, esa es la incuestionable verdad que nadie se va a poder saltar. Y es que no hay cadenas más difíciles de romper que las que se fabrican a golpe de incrementos disparados del PIB. Y ya está.
Porque hay una cosa para la que la propia experiencia debiera bastar para reconocerla:nada nos consuela tanto de nuestras derrotas como manipular el recuerdo. Y no hay que esforzarse mucho para ello porque ya se ocupa el instinto de proporcionar los elementos esenciales de la triquiñuela. Pasar de verdugo a víctima está chupao a nada que te rodees de malas compañías. Compañías iletradas, bien sure.
Les traigo estas reflexiones a colación por el revuelo que hay montado a propósito del Invicto Caudillo. Sí, sí, bien digo, Invicto, que murió en la cama bajo el manto de no recuerdo qué Virgen y agarrado al brazo incorrupto de, nada más y nada menos, Santa Teresa de Jesús. Pues sí, ya van para 43 que la palmó y 82 de su glorioso alzamiento, lo cual que ya va siendo tiempo para que empiece a correrse el caricaturesco velo que por las necesidades de consuelo le habían colocado aquellos lejanos perdedores. Ya sé que la maniobra será cuestión de años porque están muy oxidados todos los mecanismos, pero el caso es que empiece alguna vez. Y ya ha empezado. Lo de fascista, asesino, sanguinario y tal, ya va quedando en malos modos y mano de hierro. Estamos mal todavía, pero vamos bien que es lo que importa. El final, estoy seguro, todo quedará en un autoritarismo a lo Ataturk que sentó las bases de la modernidad: agua, luz y conocimiento. A partir de ahí, todo lo demás por añadidura. Todo, incluso el consuelo de los derrotados debidamente canalizado a través de El País, un medio que, no se olvide, fue fundado por hijos de preclaros capitostes de lo abominable.
Sí, atado y bien atado, esa es la incuestionable verdad que nadie se va a poder saltar. Y es que no hay cadenas más difíciles de romper que las que se fabrican a golpe de incrementos disparados del PIB. Y ya está.
miércoles, 22 de agosto de 2018
Palencia Valley
El dueño de Forocoches, vecino de esta ciudad, dice que no es de derechas ni de izquierdas ni, mucho menos, mediopensionista. Lo mismo le pasa con el furbo que dice que le importa un rábano. Es un genuino representante de la España interior, castellana por más señas. Lo que le importa es la calidad de vida y por eso no se mueve a la capital por mucho que sea su éxito.
Forocoches, no sé si saben, es la mayor red social en español. La gente sólo puede entrar ahí por invitación, como si se tratase del Club de Tenis o La Casa de Campo, lo cual que le da a sus miembros una sensación de ser especiales a la vez que les fideliza. En fin, sea como sea, ahí hay un montón de gente a la que como dicen que pasa con los de Facebook se les controla gustos, opiniones y andanzas. Como si cada uno fuese un Tristan Shandy, para que se hagan una idea. Y aquí es precisamente a donde quería llegar, porque de ese control se pudieran sacar conclusiones cuanto menos curiosas.
Resulta que, por mucho que se le hubiese tachado como un foro del PP, en Forocoches, hasta hace unos meses, una mayoría muy significativa de sus miembros era simpatizante de Podemos. Y, cosa sorprendente, de un tiempo acá los simpatizantes de Podemos disminuyen a toda mecha a la vez que aumentan los que se decantan por Vox, un partido a lo que se ve de extrema derecha para unos y simplemente el único realmente de derechas para otros.
Y así corre el mundo, como los vientos que van y vienen a merced de los cambios de presión propiciados por las diferentes inercias térmicas de los elementos constitutivos. La juventud por ejemplo, de bajísima inercia, es decir, que con la misma velocidad que absorbe lo suelta después, y así, después de haberse entusiasmado con las tetas de Irene Montero va y ve a Sánchez con las gafas de puto amo y se pasa al enemigo en bloque. Claro, si debajo de esas gafas hubiesen visto un bigotillo fino, alomejó... quién sabe.
Bueno, en cualquier caso, aquí en España, desde lo de El Cid ya estamos acostumbrados a ver como ganan batallas los muertos. Así que estén atentos al videojuego y que corran las apuestas. ¿Ganará el Puto Amo? Lo dudo. Le doy a Franco diez a uno. Al menos esa parece ser la tendencia que apunta desde Forocoches, de Palencia Valley.
Forocoches, no sé si saben, es la mayor red social en español. La gente sólo puede entrar ahí por invitación, como si se tratase del Club de Tenis o La Casa de Campo, lo cual que le da a sus miembros una sensación de ser especiales a la vez que les fideliza. En fin, sea como sea, ahí hay un montón de gente a la que como dicen que pasa con los de Facebook se les controla gustos, opiniones y andanzas. Como si cada uno fuese un Tristan Shandy, para que se hagan una idea. Y aquí es precisamente a donde quería llegar, porque de ese control se pudieran sacar conclusiones cuanto menos curiosas.
Resulta que, por mucho que se le hubiese tachado como un foro del PP, en Forocoches, hasta hace unos meses, una mayoría muy significativa de sus miembros era simpatizante de Podemos. Y, cosa sorprendente, de un tiempo acá los simpatizantes de Podemos disminuyen a toda mecha a la vez que aumentan los que se decantan por Vox, un partido a lo que se ve de extrema derecha para unos y simplemente el único realmente de derechas para otros.
Y así corre el mundo, como los vientos que van y vienen a merced de los cambios de presión propiciados por las diferentes inercias térmicas de los elementos constitutivos. La juventud por ejemplo, de bajísima inercia, es decir, que con la misma velocidad que absorbe lo suelta después, y así, después de haberse entusiasmado con las tetas de Irene Montero va y ve a Sánchez con las gafas de puto amo y se pasa al enemigo en bloque. Claro, si debajo de esas gafas hubiesen visto un bigotillo fino, alomejó... quién sabe.
Bueno, en cualquier caso, aquí en España, desde lo de El Cid ya estamos acostumbrados a ver como ganan batallas los muertos. Así que estén atentos al videojuego y que corran las apuestas. ¿Ganará el Puto Amo? Lo dudo. Le doy a Franco diez a uno. Al menos esa parece ser la tendencia que apunta desde Forocoches, de Palencia Valley.
martes, 21 de agosto de 2018
Resumiendo
Hacía tiempo que tenía dado de lado a todo eso del brexit, pero ayer, como por casualidad, me puse a fisgar televisiones y de pronto caí sobre Sky News y allí estaban dale que te pego en lo mismo que les dejé hace meses. Vamos a trabajar duro, dijeron los máximos responsables de las negociaciones, para que en la fecha fatal que ya se acerca peligrosamente no haya un no deal. O sea, para que el nudo gordiano no siga sin desatar. Porque por lo que he podido inferir no hay en el horizonte un Alejandro que vaya a sacar la espada para desbaratarlo de un tajo. Y nada indica que de aquí al final del plazo, y mucho más allá, vaya a aparecer. Esto, como lo de los catalinos, son caprichitos de niños mimados que piensan que pueden sacar tajada por su cara bonita. Y nada más lejos: el representante de la Comunidad Europea decía tener la mejor disposición, pero eso sí, sin moverse un ápice de nuestros Principios y Valores. Por así decirlo, tanto brexiteros como catalinos con la Iglesia han topado.
Con la Iglesia o el Nudo Gordiano que sólo se puede desatar con la espada. Con sangre, sudor y lágrimas, cosa de la que nadie se acuerda cuando está emperrado con lo que sea. Y no es porque sea difícil de entender ya que desde niños estudiamos todos en la escuela las leyes elementales de la física. Y por eso sabemos que hay que hacer tanto esfuerzo para poner en movimiento lo que está parado como para parar lo que está en movimiento. Sí, pero yo no quiero pararlo, dice entonces el niño mimado, yo sólo quiero apearme en marcha. Bueno, todos tenemos sobrada experiencia al respecto y, además, las tres cuartas partes de los que aquí estamos, en este valle de lágrimas, no es por otra causa que por la ilusión que tuvieron nuestros progenitores de poder apearse en marcha cuando les diese la gana. Esa es la pura realidad: la mayoría somos hijos del fracaso de nuestros padres en su lucha contra la inercia. Y claro, luego pasa lo que pasa, que ese fracaso se trasmite al alma de lo que sale en forma de mala leche y ya la tenemos montada. Toda una vida destinada a dar pol saco con lo que sea: allí donde percibo un poco de bienestar voy corriendo a ver cómo lo puedo joder.
En fin, que no hacen falta las leyes de la física o de la naturaleza o de lo que quieran para explicar lo evidente, a saber, que si te tiras de cualquier tren no te salva del batacazo ni dios. Y luego, el resto de la vida intentando hacer pagar a los demás por tus huesos rotos. Ya ven que fácil se resume todo: el brexit, catalinos, antivacunas, y modas en general. Todo un intento vano de restaurarse jodiendo.
Perdón, pero es que me he levantado con mal pie y para más inri están a punto de empezar las fiestas de la ciudad.
Con la Iglesia o el Nudo Gordiano que sólo se puede desatar con la espada. Con sangre, sudor y lágrimas, cosa de la que nadie se acuerda cuando está emperrado con lo que sea. Y no es porque sea difícil de entender ya que desde niños estudiamos todos en la escuela las leyes elementales de la física. Y por eso sabemos que hay que hacer tanto esfuerzo para poner en movimiento lo que está parado como para parar lo que está en movimiento. Sí, pero yo no quiero pararlo, dice entonces el niño mimado, yo sólo quiero apearme en marcha. Bueno, todos tenemos sobrada experiencia al respecto y, además, las tres cuartas partes de los que aquí estamos, en este valle de lágrimas, no es por otra causa que por la ilusión que tuvieron nuestros progenitores de poder apearse en marcha cuando les diese la gana. Esa es la pura realidad: la mayoría somos hijos del fracaso de nuestros padres en su lucha contra la inercia. Y claro, luego pasa lo que pasa, que ese fracaso se trasmite al alma de lo que sale en forma de mala leche y ya la tenemos montada. Toda una vida destinada a dar pol saco con lo que sea: allí donde percibo un poco de bienestar voy corriendo a ver cómo lo puedo joder.
En fin, que no hacen falta las leyes de la física o de la naturaleza o de lo que quieran para explicar lo evidente, a saber, que si te tiras de cualquier tren no te salva del batacazo ni dios. Y luego, el resto de la vida intentando hacer pagar a los demás por tus huesos rotos. Ya ven que fácil se resume todo: el brexit, catalinos, antivacunas, y modas en general. Todo un intento vano de restaurarse jodiendo.
Perdón, pero es que me he levantado con mal pie y para más inri están a punto de empezar las fiestas de la ciudad.
lunes, 20 de agosto de 2018
Abyección
No sabía quién era Manuel Vilas, pero después de leer este párrafo de un árticulo suyo en El País reproducido en otro ártículo de otro periódico ya sé quien es: un ser abyecto. Y el periódico que le publica los artículos exactamente igual.
"Vuelvo a la tumba de Franco y la piso con convicción. Debajo de mis pies está el horror, el crimen, la miseria, la humillación. Piso y piso con más fuerza. Debajo de mis pies está la nada. Debajo de mis pies está también el causante del dolor de miles y miles de muertos que yacen aquí por su retorcida voluntad. Sigo pisando la tumba. Me gustaría llegar con mis pies hasta su cráneo y hacerlo estallar en cuarenta y seis millones de gotas de agua".
"Vuelvo a la tumba de Franco y la piso con convicción. Debajo de mis pies está el horror, el crimen, la miseria, la humillación. Piso y piso con más fuerza. Debajo de mis pies está la nada. Debajo de mis pies está también el causante del dolor de miles y miles de muertos que yacen aquí por su retorcida voluntad. Sigo pisando la tumba. Me gustaría llegar con mis pies hasta su cráneo y hacerlo estallar en cuarenta y seis millones de gotas de agua".
Pero, por dios bendito, ¿cómo puede andar la gente todavía con esto? ¿De qué extractos profundos y recónditos de sus almas les brota el odio? ¿Es que no hay unas pastillas en la farmacia que les pueda aliviar de tanto sufrimiento? ¿Qué padres tuvo este desgraciado que nació en 1962? Dan ganas de salir corriendo.
domingo, 19 de agosto de 2018
Apasionante
Desde que di por terminadas las andanzas veraniegas y me retiré a los cuarteles de invierno no hago otra cosa que intentar reconciliarme con el mundo y la humanidad tratando de saber un poco más de ambos. Vía youtube, por supuesto. El caso es que como en las conversaciones mantenidas en los últimos tiempos no ha faltado quién se haya atrevido a fundamentar sus argumentaciones en la mecánica cuántica, allá que me he ido a ver que coño carajo podría ser eso. Ya he perdido la cuenta de los vídeos que he visto sobre el tema. Y no consigo entender ni papa. Me consuela escuchar decir a los profesores que hay multitud de aspectos de la teoría que no tienen explicación, como lo del spin de los electrones que, por un lado, la teoría dice que no lo pueden tener pero, por otro lado, se puede calcular echando mano de las matrices. Recuerda mucho a aquello de: me iré, pero volveré, más cuando volviere ne me veréis, pero estaré entre vosotros... el inconsciente o algo así. Está ahí, no lo vemos, pero nos condiciona en todo.
Reconozco que mis aspiraciones no van más allá que las del puro entretenimiento, porque lo de atisbar, siquiera mínimamente, a donde han llegado ciertas mentes sé que ni aunque viviese mil años estudiando veinte horas todos los días podría conseguirlo. Hay, y ha habido, por ahí gente que seguramente son híbridos de humano y divino, titanes por así decirlo, que tienen acceso a la mesa de los dioses y pueden arrancarles secretos. Claro que también pudieran haber sido simples houdinis con una habilidad innata para desatar cadenas sin lo cual es de todo punto imposible escapar de la cueva donde la realidad son las sombras. Sea como sea, en fin, uno solo puede acercarse a la idea que tenemos de dios cuando descubre los límites que han rebasado esos titanes o houndinis o, como ahora se piensa, simples asperges al estilo Sheldon Cooper -perdonen mi erudición televisiva-.
Bueno, por lo que he podido sacar en limpio, esto del descubrimiento de la física, o mecánica, cuántica, viene a ser ese salto en el vacío que representa el pasar del determinismo al indeterminismo. Lo anterior, newtoniano y tal, podías predecir con tus cálculos lo que iba pasar. Ahora, con lo cuántico ya es más problemático. Es como la vida misma, cuando ves el mundo por un ojo de cerradura, o te limitas a las sombras de la cueva, es muy fácil montar una ideología que lo armonice todo, pero cuando sales a la luz y empiezas a acumular datos ya la has cagao: no te queda más remedio que estar a la expectativa de por dónde van a ir a los tiros para adaptarte a ellos si es que puedes.
En cualquier caso, apasionante.
sábado, 18 de agosto de 2018
El consuelo del mundo
Como todos ustedes saben soy aficionado a ir en bicicleta por las carreteras. Hace años parecía un bicho raro por ello y hoy día lo sigo pareciendo porque soy el único entre los miles de novicios que se han apuntado al invento que no se disfraza de Bahamontes para la ocasión. Sea como sea, yo con mi Ortler Meran voy de paseo hasta cualquier adecuación recreativa a escasos kilómetros de la ciudad en donde paro a descansar y tocar unos aires con la armónica si se tercia. Y en el entretanto he visto como me pasaban multitud de vueltas ciclistas a Francia o a donde sea. Es la moda: juntarse diez o veinte o cincuenta para salir a la carretera a pedalear con todo el atrezzo necesario para remedar las escenas televisivas de una sobremesa de julio -ya saben, el Tour-. En fin, les tengo que confesar que ésta que digo afición, cada vez es más obligación que me impongo con gran dispendio de voluntad por aquello de hacer algún ejercicio de mantenimiento. En realidad siempre practiqué el ciclismo como tal ejercicio porque con solo pensar en la palabra deporte se me abren las carnes: no puedo concebir actividad más chusmática que la de exhibir fortaleza física, como para ganar en la berrea. También es verdad que la naturaleza me condicionó para pensar de tal modo al dotarme de un cuerpo bastante enquencle.
Pensaba en estas cosas porque he leído una noticia relacionada con el pedaleo que no deja lugar a dudas sobre la naturaleza del mal. Resulta que una pareja de canadienses, o por ahí, deciden que es una tontería gastar la vida en una oficina durante la semana y barbacoa con la peña para los domingos. Así que deciden liarse la manta a la cabeza y salir a recorrer el mundo en bicicleta. Conocí en Santander hace tiempo a una pareja similar que llevaba ya tres años en semejante empeño y parecían felices. Dejé constancia en este blog de ellos. Pero el caso es que esta pareja de marras iba tan tranquila con otra pareja que habían conocido por los caminos por una carretera idílica de una de esas exrepúblicas soviéticas que hay por el centro de Asia. Un día soleado con una brisilla y tal, todo perfecto. Les pasa un coche de ciento en viento. De pronto ven sin la menor aprehensión que uno de esos coches que les acaba de pasar da la vuelta un par de cientos de metros más allá y sin que les dé tiempo a reaccionar ven como se precipita sobre ellos a una velocidad endiablada. Tres mueren en el acto y el otro queda para el arrastre. Y no por nada sino por ser infieles en tierra de fieles. La justicia divina es implacable. ¡Ay, quién les mandaría meterse a originales!
Y los soldados de Dios, o Alá, o cualquier otro pendejo por el estilo, con el pasaporte al paraíso ya en bolsillo para cuando llegue la ocasión de utilizarlo. Así es la vida, para que unos se salven otros se tienen que condenar. O, si quieren, no puede haber bien sin el correspondiente contrapeso del mal. En definitiva, que hay que andarse con cuidado y no olvidar nunca que los días de mucho son vísperas de nada. Antiguamente se decía llevar la cabeza sobre el hombro para significar que hay que abarcar con la mirada el mayor campo posible para no dar oportunidades de sorpresa al mal. Porque está en todas partes ya que es el único consuelo efectivo frente al inagotable sufrimiento del mundo. ¡Y qué le vamos a hacer!
Pensaba en estas cosas porque he leído una noticia relacionada con el pedaleo que no deja lugar a dudas sobre la naturaleza del mal. Resulta que una pareja de canadienses, o por ahí, deciden que es una tontería gastar la vida en una oficina durante la semana y barbacoa con la peña para los domingos. Así que deciden liarse la manta a la cabeza y salir a recorrer el mundo en bicicleta. Conocí en Santander hace tiempo a una pareja similar que llevaba ya tres años en semejante empeño y parecían felices. Dejé constancia en este blog de ellos. Pero el caso es que esta pareja de marras iba tan tranquila con otra pareja que habían conocido por los caminos por una carretera idílica de una de esas exrepúblicas soviéticas que hay por el centro de Asia. Un día soleado con una brisilla y tal, todo perfecto. Les pasa un coche de ciento en viento. De pronto ven sin la menor aprehensión que uno de esos coches que les acaba de pasar da la vuelta un par de cientos de metros más allá y sin que les dé tiempo a reaccionar ven como se precipita sobre ellos a una velocidad endiablada. Tres mueren en el acto y el otro queda para el arrastre. Y no por nada sino por ser infieles en tierra de fieles. La justicia divina es implacable. ¡Ay, quién les mandaría meterse a originales!
Y los soldados de Dios, o Alá, o cualquier otro pendejo por el estilo, con el pasaporte al paraíso ya en bolsillo para cuando llegue la ocasión de utilizarlo. Así es la vida, para que unos se salven otros se tienen que condenar. O, si quieren, no puede haber bien sin el correspondiente contrapeso del mal. En definitiva, que hay que andarse con cuidado y no olvidar nunca que los días de mucho son vísperas de nada. Antiguamente se decía llevar la cabeza sobre el hombro para significar que hay que abarcar con la mirada el mayor campo posible para no dar oportunidades de sorpresa al mal. Porque está en todas partes ya que es el único consuelo efectivo frente al inagotable sufrimiento del mundo. ¡Y qué le vamos a hacer!
viernes, 17 de agosto de 2018
Evacuando consultas
Hace un siglo o así que un poeta dijo que una gran nube mental estaba descargando su rayo sosegado. No sé lo que hubiera dicho de haber conocido internet, pero lo más probable es que no hubiese calificado al rayo de sosegado sino todo lo contrario. Porque da la impresión de que el conocimiento en la actualidad cabalga a lomos de una bestia desbocada. Si multiplicas el número de vídeos divulgativos que hay en la red por el número de visitas que tienen caerás en la cuenta de que lo que está salvando a la humanidad de la desesperación inherente al ocio obligatorio son los miles de millones de horas que dedica a buscar respuestas a todas preguntas que se le pasan por la cabeza que, como todo el mundo sabe, son infinitas. El animal que somos se eleva a la categoría de humano precisamente por su instintiva propensión a indagar en el porqué de las cosas. De todas las cosas sin excepción. Y cuando descubre lo más simple no hace otra cosa que iniciar una reacción en cadena. Una respuesta abre automáticamente un agujero que pide se llenado con premura. Una vez lleno surgen otros mil que te dan tarea para rato.Y al final, exhausto por el esfuerzo solo puedes constatar que no sabes nada. Pero por el camino estuviste lo suficientemente distraído como para no sucumbir a la tentación de administrarte una sobredosis de fentanilo para terminar con este extenuante viaje a ninguna parte que no sea la de perpetuar una especie que lleva en sus genes el estigma de la autodestrucción... precisamente ahora, mientras evacuaba consultas, escuchaba en la BBC a una piba que estaba entrevistando a un científico sueco que lo tenía claro: el futuro es más oscuro que trabajando en el carbón. Hagamos lo que hagamos ya no hay marcha atrás. El planeta ya está tocado y son inevitables las grandes conmociones sociales por la subida de los mares y las sequías. El dichoso gen que les decía: si no es a golpe de guerras, será por quemar carbón, y, si no, por sobredosis de fentanilo -70000 en un año sólo en EEUU-, el caso es luchar por mantener los equilibrios.
En fin, qué mundo éste. Y menos mal que ya han secuenciado el genoma del trigo y con ello han abierto el camino a cultivarlo en los desiertos que si no...
En fin, qué mundo éste. Y menos mal que ya han secuenciado el genoma del trigo y con ello han abierto el camino a cultivarlo en los desiertos que si no...
jueves, 16 de agosto de 2018
Revisitando a Sofía
Ayer me envió Pedro M. el enlace a una entrevista que le hace Sánchez Dragó al filósofo Gustavo Bueno. La verdad es que andaba un poco turbio cuando me llegó, pero me puse de inmediato a la tarea y como por ensalmo se me desprendieron las inmundicias y pude levantar el vuelo hacia las etéreas salas que dijo el poeta. El caso es que por indicación también de Pedro M. llevo una temporada enganchado a "la fonda filosófica", una serie de vídeos de filosofía que hay en youtube que no requieren de grandes conocimientos previos para ser entendidos. Claro, y por eso es que no sé si servirán para algo más que para generarte la ilusión de que estás engrasando las neuronas, pero en cualquier caso entretienen lo que no es poco. Así, de filosofía en filosofía y algo de física cuántica, que también me parece que lo es, voy rematando el verano con menos pena que gloria que es de lo que se trata.
A Gustavo Bueno, como a Antonio Escohotado, les incluiría en la categoría de filósofos maníacos. Los dos tienen tan llena la cabeza que cuando abren el grifo les sale tanto a borbotones que hay que mantenerse a cierta distancia para que no te salpiquen las excrecencias y poder captar algo de la mucha enjundia que sin duda destilan. Y, si tuviera que escoger, por afinidad, me quedaría con Escohotado aunque sólo fuese por la de veces que te recuerda lo consciente que es de su condición maníaca, cosa de la que Bueno parece no darse cuenta en absoluto. Ser consciente de las propias limitaciones, o patologías, eh ahí la quintaesencia del ser inteligente en el sentido más profundo del término.
Sea como sea, siguiendo a mi querido Pessoa, la sensación que me dio ayer Bueno es que se trata de un erudito del conocimiento o, incluso, del entendimiento -sin duda es un hombre muy culto-, pero en ningún caso erudito de la sensibilidad como pudiera ser Escohotado que según parece ha reducido voluntariamente su ámbito de investigación a dos temas y en ellos ha gastado toda la vida: las drogas y los enemigos del comercio. Sin embargo Bueno, no parece dejar títere con cabeza ya que tanto abarcar al final es lo que tiene que si no nadas a la contra te arrastran las mareas.
Así, podríamos decir que Escohotado es un maníaco concentrado y Bueno, desparramado. Anyway, en ese desparrame se desprenden perlas que si estás atento pillas al vuelo. Por ejemplo, las argumentaciones a favor de la pena de muerte que en ningún caso debe de ser considerada como castigo ejemplarizante del reo sino como liberación filantrópica de una persona atormentada por el peso insoportable de su culpa. Tesis sin duda interesante y muy digna de ser sometida a debate antes de apresurarse a demonizarla para sentirse apuntalado por la moda. Pero la otra perla sobre la que me hubiese gustado oírle extenderse más fue la relativa al mito de la caverna. Toda la filosofía se funda sobre ese mito, dijo, y ahí se detuvo. Efectivamente, yo no puedo estar más de acuerdo con esa apreciación. Y como él pienso que se debería empezar a enseñar ese mito en las escuelas desde muy temprana edad. Porque lo único que se ve en la cueva son las modas del momento, es decir, el fundamento del pensamiento macaco. Y de ahí que sea tan importante y difícil romper las cadenas para escapar y salir a luz del día para poder constituirse como individuo.
En fin, revisitando a Sofía o a la vejez viruelas.
A Gustavo Bueno, como a Antonio Escohotado, les incluiría en la categoría de filósofos maníacos. Los dos tienen tan llena la cabeza que cuando abren el grifo les sale tanto a borbotones que hay que mantenerse a cierta distancia para que no te salpiquen las excrecencias y poder captar algo de la mucha enjundia que sin duda destilan. Y, si tuviera que escoger, por afinidad, me quedaría con Escohotado aunque sólo fuese por la de veces que te recuerda lo consciente que es de su condición maníaca, cosa de la que Bueno parece no darse cuenta en absoluto. Ser consciente de las propias limitaciones, o patologías, eh ahí la quintaesencia del ser inteligente en el sentido más profundo del término.
Sea como sea, siguiendo a mi querido Pessoa, la sensación que me dio ayer Bueno es que se trata de un erudito del conocimiento o, incluso, del entendimiento -sin duda es un hombre muy culto-, pero en ningún caso erudito de la sensibilidad como pudiera ser Escohotado que según parece ha reducido voluntariamente su ámbito de investigación a dos temas y en ellos ha gastado toda la vida: las drogas y los enemigos del comercio. Sin embargo Bueno, no parece dejar títere con cabeza ya que tanto abarcar al final es lo que tiene que si no nadas a la contra te arrastran las mareas.
Así, podríamos decir que Escohotado es un maníaco concentrado y Bueno, desparramado. Anyway, en ese desparrame se desprenden perlas que si estás atento pillas al vuelo. Por ejemplo, las argumentaciones a favor de la pena de muerte que en ningún caso debe de ser considerada como castigo ejemplarizante del reo sino como liberación filantrópica de una persona atormentada por el peso insoportable de su culpa. Tesis sin duda interesante y muy digna de ser sometida a debate antes de apresurarse a demonizarla para sentirse apuntalado por la moda. Pero la otra perla sobre la que me hubiese gustado oírle extenderse más fue la relativa al mito de la caverna. Toda la filosofía se funda sobre ese mito, dijo, y ahí se detuvo. Efectivamente, yo no puedo estar más de acuerdo con esa apreciación. Y como él pienso que se debería empezar a enseñar ese mito en las escuelas desde muy temprana edad. Porque lo único que se ve en la cueva son las modas del momento, es decir, el fundamento del pensamiento macaco. Y de ahí que sea tan importante y difícil romper las cadenas para escapar y salir a luz del día para poder constituirse como individuo.
En fin, revisitando a Sofía o a la vejez viruelas.
martes, 14 de agosto de 2018
Expiación
No es que pueda decir que escuchando a tipos sobresalientes como Escohotado aprenda ni mucho ni poco, simplemente experimento el placer de la coincidencia respecto a mis sospechas sobre la condición humana. Y no es poco, desde luego, porque alivia la sensación de soledad que uno viene arrastrando a lo largo de la vida por haber osado pensar de cierto modo digamos que poco ortodoxo.
Un pensar que, como le pasa a Escohotado, no me cuesta reconocer en gran parte nacido de la expiación de los pecados adolescentes. Pecados sobre los que se sustenta esa discapacidad mental que se ha dado en llamar ideología de izquierdas. Tres patas del mismo banco: la primera y más poderosa es el dolor irreprimible por el bienestar ajeno; la segunda, la simplificación nacida de la incapacidad para la comprensión de la complejidad de la realidad; la tercera, mas difusa, las pulsión suicida que es el acogerse a soluciones mágicas para difuminar el propio sentimiento de impotencia.
Expiar: el dolor de reconocerse en las propias miserias, primero, para pasar después al más doloroso intentar liberarse de ellas. Sin olvidar, claro está, añadir la humillante tarea de la reparación de los males causados. Un largo camino que como dice Pessoa te llevará toda la vida recorrer. Porque esa es la cuestión, que el punto de partida es un cóctel a base de envidia, ignorancia y cobardía. Algo que se vende en todas las esquinas y que tiene la virtud de mantenerte en ese tipo de embriaguez que se suele conocer como comunión de los santos. O los buenos, es decir, los que están a favor de que nadie destaque por sus méritos. Salvo los futbolistas, quizá.
Si, el asunto es complicado, pero hay remedio en la botica. Aunque es amargo de tragar y pesado de digerir. Que no por otra causa es que siga habiendo tanto discapacitado mental. Tanto comulgante. ¡Y qué le vamos a hacer si en las iglesias se predica que se puede expiar bebiendo!
Un pensar que, como le pasa a Escohotado, no me cuesta reconocer en gran parte nacido de la expiación de los pecados adolescentes. Pecados sobre los que se sustenta esa discapacidad mental que se ha dado en llamar ideología de izquierdas. Tres patas del mismo banco: la primera y más poderosa es el dolor irreprimible por el bienestar ajeno; la segunda, la simplificación nacida de la incapacidad para la comprensión de la complejidad de la realidad; la tercera, mas difusa, las pulsión suicida que es el acogerse a soluciones mágicas para difuminar el propio sentimiento de impotencia.
Expiar: el dolor de reconocerse en las propias miserias, primero, para pasar después al más doloroso intentar liberarse de ellas. Sin olvidar, claro está, añadir la humillante tarea de la reparación de los males causados. Un largo camino que como dice Pessoa te llevará toda la vida recorrer. Porque esa es la cuestión, que el punto de partida es un cóctel a base de envidia, ignorancia y cobardía. Algo que se vende en todas las esquinas y que tiene la virtud de mantenerte en ese tipo de embriaguez que se suele conocer como comunión de los santos. O los buenos, es decir, los que están a favor de que nadie destaque por sus méritos. Salvo los futbolistas, quizá.
Si, el asunto es complicado, pero hay remedio en la botica. Aunque es amargo de tragar y pesado de digerir. Que no por otra causa es que siga habiendo tanto discapacitado mental. Tanto comulgante. ¡Y qué le vamos a hacer si en las iglesias se predica que se puede expiar bebiendo!
lunes, 13 de agosto de 2018
Escepticismo ilustrado
El otro día me contaba un amigo que su hijo le había dicho que no le interesaba lo más mínimo la política. Era el mismo hijo que tiempo atrás le había recomendado que viese The Big Bang Theory. Desde luego que hay coherencia en esos dos hechos y más si se tiene en cuenta que el chaval es un ingeniero informático que anda por el mundo como yo ando por los alrededores de Palencia. Por otra parte, ayer pude leer la diatriba que Antonio Banderas descargaba sobre los políticos. Me pareció de una oportunidad abrumadora. Me alegró saber que no soy el único en pensar que son una verdadera peste. Y así es que su oficio va quedando exclusivamente en emponzoñar la convivencia para mejor saquear. Por así decirlo es como si estuviesen empeñados en prepararlo todo para la llegada de otro nuevo Franco, aunque esta vez con voz más varonil y rostro más campechano.
El caso es que llevo todo el verano dedicado a ver un rato por la noche unos cuantos sketchs de Big Bang Theory. Reconozco que estoy enganchado. Y no me importa en absoluto que cada dos por tres haya un corte para largar una interminable ristra de anuncios. Al revés, lo agradezco, porque es tal la velocidad a la que se suceden los gags y tal su calidad que en pocos minutos queda el cerebro exhausto de esas sustancias relacionadas con el placer. Pero es que además creo intuir por donde van los tiros para que esa serie tenga tanto éxito. Sus protagonistas son todos científicos del más alto nivel que sustentan sus relaciones humanas sobre un entramado simbólico construido con retazos de las series y películas de ciencia ficción. Star Treck, La Guerra de las Galaxias y así. En cualquier caso no hay la menor mención a la actualidad política en la que vive sumergida y, según los medios, estresada, la sociedad en la viven.
Y esa es la cuestión, la calidad del mundo simbólico. ¿Es que acaso se puede mantener estable una sociedad que pretende sustentarse sobre un mundo simbólico construido a base de futbolistas, toreros y cantantes? Así, con esos mimbres que diría un tertuliano, no es raro que la política, asuntos de retrete para que nos entendamos, acabe ocupando todo el imaginario de la plebe. Sin embargo, el Dr. Spock de Star Treck es la quinta esencia de Apolo -carece de sentimientos- y sus reflexiones parecen sacadas de los textos de Tucídides. Y lo mismo La Guerra de las Galaxias, al más puro estilo Ramayana. En definitiva, la riqueza de las mitologías clásicas con las que humanidad se construyó un mundo paralelo con el se podía interpretar el real desde la necesaria distancia apolínea.
En fin, estamos en lo de siempre, el apasionamiento iletrado contra el escepticismo ilustrado. Es lo que va de esas series españolas a lo "aquí no hay quien viva" a ésta de la que les hablo. Afortunadamente, al parecer, cada vez hay más juventud que se decanta por The Big Bang Theory.
El caso es que llevo todo el verano dedicado a ver un rato por la noche unos cuantos sketchs de Big Bang Theory. Reconozco que estoy enganchado. Y no me importa en absoluto que cada dos por tres haya un corte para largar una interminable ristra de anuncios. Al revés, lo agradezco, porque es tal la velocidad a la que se suceden los gags y tal su calidad que en pocos minutos queda el cerebro exhausto de esas sustancias relacionadas con el placer. Pero es que además creo intuir por donde van los tiros para que esa serie tenga tanto éxito. Sus protagonistas son todos científicos del más alto nivel que sustentan sus relaciones humanas sobre un entramado simbólico construido con retazos de las series y películas de ciencia ficción. Star Treck, La Guerra de las Galaxias y así. En cualquier caso no hay la menor mención a la actualidad política en la que vive sumergida y, según los medios, estresada, la sociedad en la viven.
Y esa es la cuestión, la calidad del mundo simbólico. ¿Es que acaso se puede mantener estable una sociedad que pretende sustentarse sobre un mundo simbólico construido a base de futbolistas, toreros y cantantes? Así, con esos mimbres que diría un tertuliano, no es raro que la política, asuntos de retrete para que nos entendamos, acabe ocupando todo el imaginario de la plebe. Sin embargo, el Dr. Spock de Star Treck es la quinta esencia de Apolo -carece de sentimientos- y sus reflexiones parecen sacadas de los textos de Tucídides. Y lo mismo La Guerra de las Galaxias, al más puro estilo Ramayana. En definitiva, la riqueza de las mitologías clásicas con las que humanidad se construyó un mundo paralelo con el se podía interpretar el real desde la necesaria distancia apolínea.
En fin, estamos en lo de siempre, el apasionamiento iletrado contra el escepticismo ilustrado. Es lo que va de esas series españolas a lo "aquí no hay quien viva" a ésta de la que les hablo. Afortunadamente, al parecer, cada vez hay más juventud que se decanta por The Big Bang Theory.
domingo, 12 de agosto de 2018
¡Fantástica experiencia!
Desde luego que si hay un país curioso en el mundo ese es Holanda. Las Provincias Unidas como se le llamaba en sus años de máximo esplendor. En los finales del XVI mandaron a tomar vientos a Felipe II y empezaron a vivir a su manera que no era otra que la de la libertad de pensamiento. Por eso cualquier perseguido por sus ideas liberales de cualquier país acababa allí. Pongamos que Spinoza, pero también los Marranos portugueses y tantos otros que tenían algo que aportar. Así, con tales principios por montera no tardaron en convertirse en el primer imperio mundial, si por tal se tiene no un tinglado para difundir la fe sino una red de corresponsalías comerciales que les permitían hacer negocios hasta con el diablo. Al respecto, es curioso que cuando los japoneses expulsaron a todos los occidentales que andaban por allí vendiendo estampitas siguieron manteniendo relación con el mundo solo a través de una colonia comercial que tenían los holandeses en una isla al sur del archipielago. Por algo sería que no les echasen también a ellos. Y por ellos fue que cuando el Comandante Perry obligo a los japoneses a abrir sus puertos al comercio internacional los japoneses ya estaban enterados de todos los adelantos científicos que se habían producido en el mundo.
Batallitas aparte, a lo que iba es que ayer estuve dando una vuelta por la sala principal de lo que fue ayuntamiento de Amsterdam y hoy es palacio real. Es una sala de unas dimensiones faraónicas y de un estilo neoclásico, concebida como un foro para el pueblo en un lugar donde el clima no permite las actividades dialécticas al aire libre. Lo que me llamó la atención sobre todo fue la simbología pagana de su fachada principal. En lo alto tiene un Atlas soportando sobre sus hombros el mundo. El esfuerzo titánico de un pequeño país que abarca todo el mundo con sus negocios. Y debajo de Atlas, como para que los negocios funcionen, la Justicia, con la espada en una mano y en la otra una balanza. Y derrotados a sus pies, la avaricia, el rencor, la envidia.
Decía Huygens, un sabio holandés de la misma época de la sala que les comentaba, que su patria era el mundo y su religión la ciencia. Supongo que es lo que tiene el haber sido bien educado. Su padre fue un gran tipo también. Y seguro que su madre, para que ninguna se sienta aludida.
Por cierto que la última vez que hice un viaje al más puro estilo convencional fue para ir a Amsterdan a ver como era eso de los cofesops. ¡Fantástica experiencia! Pero no para repetir.
sábado, 11 de agosto de 2018
Acero en celosía
Hace unos años, pedalea que pedalea, nos llegamos hasta los Arribes del Duero. Entramos en Portugal por Miranda de Douro y salimos por Bemposta para ir a dar a Fermoselle. Bueno, ni les digo la paliza que aquello supuso. Porque el Duero está allá abajo, en el quinto coño como vulgarmente se dice, y mucho más que estaría si no fuese por las presas, o barragen en portugués, que en los dos pasos te evitan unos cien metros de bajada que no importan, pero ya me dirán lo que se agradecen los de subida. Y no son las mayores, que unos kilómetros río abajo está la de Aldeadávila que de verdad quita el hipo al verla. Así que de esas presas gigantescas arrancan gran parte de los cables que soportan esas torres que les digo. En todo su conjunto un monumental robo de fuego a los dioses que de alguna manera nos estarán haciendo pagar.
Lo curioso de todo esto es hasta qué punto vivimos ajenos a los fundamentos de esta vida muelle que llevamos. Encendemos un millón de cachivaches cada día para evitarnos molestias y, sobre todo, la peor de todas, el aburrimiento, y ni por asomo damos en pensar en el monumental tinglado que da soporte al cumplimiento de nuestros deseos. Lo más que nos acercamos al intríngulis de la cuestión es al sentir la punzada en el bolsillo que nos proporciona la factura de la luz. Entonces, nos sale la vena roja y tendemos a decir que los de Iberdrola, o similares, son unos ladrones. Ya ven qué salidas de pata de banco solemos tener los humanos por ser incapaces de alcanzar con nuestras apreciaciones mucho más allá de lo que podemos tocar con las manos.
Anyway, lo interesante de todo esto, por pura especulación filosófica claro está, es, como les decía, el precio que tendremos que pagar a los dioses por tanto robo. O el que ya estamos pagando al decir de los que tildamos de agoreros para ahuyentar nuestros temores. De momento, el populus insensatus disfruta con la subida de las temperaturas de los mares que nos bañan. Aunque también es verdad que esas temperaturas favorables para el baño atraen a las medusas y tiburones... ¡y qué le vamos a hacer si de algún modo hay que pagar!
viernes, 10 de agosto de 2018
Arriba y abajo
Me fijo en una extraña noticia: la mitad del gasto de los españoles es en bares y restaurantes. Ahora bien, al parecer la mitad o así de esa mitad está dedicada a la comida a domicilio. Son datos para pararse a pensar. Sobre todo en cómo cambia todo para que nada cambie. Porque da la impresión de que el modelo "arriba, abajo" de aquella famosa serie británica es inamovible por mucho que cambien las apariencias. Los servidos siempre serán pocos y los servidores multitud. Si bien es verdad que los servidos en ciertos menesteres son servidores en otros y viceversa. En definitiva, lo único que varía es el valor añadido -digamos prestigio social- de los servicios que presta cada cual.
Es curiosa esta contumacia en querer ser servido en asuntos que sólo requieren de un mínimo usar la cabeza. Una pizza, por ejemplo, traída del super y guardada en el congelador para ser pasada diez minutos por el horno cuando te apetezca comerla te sale por menos de un 20% que la que te trae el repartidor media hora después de haberla encargado por teléfono. Y sin embargo, te quiero, como decía un famoso bolero de cuando aquel entonces en el que los roles de "arriba y abajo" eran nítidos. "Es que está más rica la encargada" se apresuran a justificar generalmente los de "abajo" que son los que, paradójicamente, más pequeñas preferencias tienen cuando, por razones obvias, no debieran.
Es muy tramposo todo esto, porque, sí, quizá tengamos los humanos una propensión innata al gusto por ser servidos, pero para eso fuimos dotados como especie de la más evolucionada de todas las capacidades, la de razonar, que no es otra cosa que la facultad de evaluar el precio y la conveniencia de las propensiones innatas. Si pedir una pizza me cuesta diez minutos de prestar servicios a otros, vale, adelante, pero si me cuesta dos horas estaré haciendo el capullo si no almaceno en el congelador las de el super... de Mercadona no, por favor, que son de Tarradellas, auténtica basura identitaria.
Ya, sí, dirá entonces el de "abajo", pero dónde dejas los intangibles, ¿o es que acaso el apuntalamiento de la autoestima que me proporciona el ser servido por un instante no cuenta? Y ahí es donde le duele y encuentra su razón de ser todo este tinglado absurdo. Para los de "abajo" la posibilidad de sentirse de "arriba" por un instante compensa todos esfuerzos.
En fin, podría darle mil vueltas más a este asunto, pero me doy cuenta que sería dárselo a la condición humana. O sea, sería volver una vez más al "elogio de la estupidez" erasmiano... ya sabes, en los banquetes, si no bebes, mejor te vas.
Es curiosa esta contumacia en querer ser servido en asuntos que sólo requieren de un mínimo usar la cabeza. Una pizza, por ejemplo, traída del super y guardada en el congelador para ser pasada diez minutos por el horno cuando te apetezca comerla te sale por menos de un 20% que la que te trae el repartidor media hora después de haberla encargado por teléfono. Y sin embargo, te quiero, como decía un famoso bolero de cuando aquel entonces en el que los roles de "arriba y abajo" eran nítidos. "Es que está más rica la encargada" se apresuran a justificar generalmente los de "abajo" que son los que, paradójicamente, más pequeñas preferencias tienen cuando, por razones obvias, no debieran.
Es muy tramposo todo esto, porque, sí, quizá tengamos los humanos una propensión innata al gusto por ser servidos, pero para eso fuimos dotados como especie de la más evolucionada de todas las capacidades, la de razonar, que no es otra cosa que la facultad de evaluar el precio y la conveniencia de las propensiones innatas. Si pedir una pizza me cuesta diez minutos de prestar servicios a otros, vale, adelante, pero si me cuesta dos horas estaré haciendo el capullo si no almaceno en el congelador las de el super... de Mercadona no, por favor, que son de Tarradellas, auténtica basura identitaria.
Ya, sí, dirá entonces el de "abajo", pero dónde dejas los intangibles, ¿o es que acaso el apuntalamiento de la autoestima que me proporciona el ser servido por un instante no cuenta? Y ahí es donde le duele y encuentra su razón de ser todo este tinglado absurdo. Para los de "abajo" la posibilidad de sentirse de "arriba" por un instante compensa todos esfuerzos.
En fin, podría darle mil vueltas más a este asunto, pero me doy cuenta que sería dárselo a la condición humana. O sea, sería volver una vez más al "elogio de la estupidez" erasmiano... ya sabes, en los banquetes, si no bebes, mejor te vas.
jueves, 9 de agosto de 2018
El dónde
Distraigo las tediosas tardes de este verano que ya me va durando demasiado con la visión de la serie Cosmos de Carl Sagan. Cuando la vi por primera vez, allá por lejanos 80 del siglo pasado, me fascinó. Ahora, igual. Y supongo que sería lo mismo mil veces que la viese. Por definirla de algún modo, diría que es divulgación de calidad. De extraordinaria calidad.
La divulgación del saber es una cosa muy seria. Lo sé porque he tenido una profesión de las que exigen conocimientos algo más que medianamente elaborados y que, sin embargo, se prestan a simplificaciones tergiversadoras que hacen muy fácil y atractiva su divulgación. Digamos que es ese falso saber que ensoberbece a la chusma y la vuelve intratable.
Al respecto Cosmos es sumamente cuidadosa. Avanza con lentitud por el camino del conocimiento hasta llegar a la encrucijada en la que el mágico y el científico se separan. Una encrucijada, advierte, que una mayoría de la población es incapaz de superar. Prueba irrefutable de ello es que no hay periódico en el mundo que no siga, dale que te pego, con el rollo patatero de los horóscopos.
Pero para avanzar basta que una exigua minoría se lo proponga. De Tholomeo a Copérnico, mil quinientos años con la Iglesia echando el freno para que el sol no desplazase a la tierra del centro del Universo. Roto ya el maleficio, cien años fueron suficientes para que entre Tycho Brahe y Kepler pusieran las estrellas en su sitio de una forma bastante definitiva. Otros cien años y Newton explicó el porqué de que así fuese. Ya ven, fue suficiente media docena de tíos, que no tías, ¡y qué le vamos a hacer!, tirando los más a autistas, para poner a la humanidad en disposición de entender el dónde estamos. ¡Casi na!
Cosmos por la tarde, Big-Bang Theory por las noches, dos series que van de lo mismo: la pasión por el saber. ¿Es que acaso se puede aspirar a más? Pues parece que sí: tener un perro, hacerse un tatuaje, celebrar un cumpleaños, turistear ad libitum, pedorrear con una moto, recocerse en una playa, atiborrarse de pintxos y un sinfín más de posibilidades para hacer que la vida semeje un despeñadero hacia la nada.
La divulgación del saber es una cosa muy seria. Lo sé porque he tenido una profesión de las que exigen conocimientos algo más que medianamente elaborados y que, sin embargo, se prestan a simplificaciones tergiversadoras que hacen muy fácil y atractiva su divulgación. Digamos que es ese falso saber que ensoberbece a la chusma y la vuelve intratable.
Al respecto Cosmos es sumamente cuidadosa. Avanza con lentitud por el camino del conocimiento hasta llegar a la encrucijada en la que el mágico y el científico se separan. Una encrucijada, advierte, que una mayoría de la población es incapaz de superar. Prueba irrefutable de ello es que no hay periódico en el mundo que no siga, dale que te pego, con el rollo patatero de los horóscopos.
Pero para avanzar basta que una exigua minoría se lo proponga. De Tholomeo a Copérnico, mil quinientos años con la Iglesia echando el freno para que el sol no desplazase a la tierra del centro del Universo. Roto ya el maleficio, cien años fueron suficientes para que entre Tycho Brahe y Kepler pusieran las estrellas en su sitio de una forma bastante definitiva. Otros cien años y Newton explicó el porqué de que así fuese. Ya ven, fue suficiente media docena de tíos, que no tías, ¡y qué le vamos a hacer!, tirando los más a autistas, para poner a la humanidad en disposición de entender el dónde estamos. ¡Casi na!
Cosmos por la tarde, Big-Bang Theory por las noches, dos series que van de lo mismo: la pasión por el saber. ¿Es que acaso se puede aspirar a más? Pues parece que sí: tener un perro, hacerse un tatuaje, celebrar un cumpleaños, turistear ad libitum, pedorrear con una moto, recocerse en una playa, atiborrarse de pintxos y un sinfín más de posibilidades para hacer que la vida semeje un despeñadero hacia la nada.
miércoles, 8 de agosto de 2018
Periodismo rentable
Pocas novelas habré disfrutado tanto en mi adolescencia como "El motín de la Bounty". La verdad es que fastidiaba un poco su final porque hubiese gustado más que aquel fanático capitán no hubiese conseguido encontrar y traer de vuelta a casa a los sublevados para ser colgados en la horca. Después he visto unas cuantas versiones cinematográficas de la novela y creo que la que más me gustó es la más antigua que protagonizaban Clark Gable y Charles Laughton. Hay otra con la pareja Marlon Brando, Trevor Howar, a mayor gloria de los actores. Y otra con Mel Gibson y Anthony Hopkins que tampoco está mal. Y supongo que el tema va a dar para muchas versiones en el futuro porque las cuestiones morales que plantea son un verdadero conundrum -a confusing and difficult problem or question-.
Pues bien, corriendo el tiempo me enteré de unas cuantas cosas interesantes sobre esta novela. La primera y principal es que está basada en un hecho histórico. La segunda y no menos importante es que ese hecho histórico está manipulado para adaptarle al gusto de la época. O sea un compendio insuperable de la historia del periodismo: mentir para satisfacer los bajos instintos de la plebe. Una técnica comercial como otra cualquiera.
El caso es que corrían los años finales del siglo XVIII y en Francia ya estaba todo patas arriba. Todo se había acelerado a causa unos cuantos años sucesivos de malas cosechas. El pueblo estaba que mordía y los señoritos muy crecidos a causa de dos lecturas a las que no tenían derecho. Faltaba menos de un año para la proclamación de los Estados Generales: Libertad, Igualdad y Fraternidad. La declaración de los Derechos Humanos y todo eso, una versión cutre de las tablas que Moisés bajó del monte o, sin ir más lejos, de lo que habían escrito los de la Escuela de Salamanca trescientos años antes. Pero, en fin, sea como sea el caso es que aquel desasosiego francés estaba muy extendido por el mundo y por eso fue, que no otra causa, que la tripulación de la Bounty se animase a la sublevación contra su capitán.
Lo que pasa es que la novela y las consiguientes películas, como para exonerar a la tripulación de toda culpa carga las tintas sobre la psicopatía paranoica del capitán. Por eso al segundo de a bordo, un noble metido a marinero, no le queda más remedio, en llegando al cenit de la arbitrariedad el capitán, que ejercer de redentor. Destituye al capitán y lo envía para casa en una chalupa con la esperanza de que se ahogue por el camino. Él se va con la tripulación a darse al dolche farniente de Taití. Al respecto, el redentor representado por Marlon Brando, una vez consumada la rebelión es preguntado por un subalterno que cómo se sentía. "Con unas enormes ganas de morirme que espero que se me pasen pronto", responde. Sin duda sabía que todo redentor, por definición, acaba crucificado. Y, si no, es que no ha merecido la pena.
Al parecer, la realidad histórica es bastante diferente. La dureza del capitán no era mayor que la de cualquier otro de su época. Y por su parte el redentor, señorito al fin y al cabo, encontró simpático ponerse de parte de la tripulación que pensaba haber encontrado el paraíso en Taití y no quería volver a la dureza de la navegación. Cosas de la época, ya digo, en la que se había perdido bastante el respeto a la autoridad. Pero a quién le iba a interesar una historia así en la que los buenos eran los de arriba y los malos los de abajo. Con lo fácil que es darle la vuelta a la realidad para que cuadre el círculo.
Anyway, qué novela más fantástica. A la altura de "La isla del Tesoro" o, si me apuran, de "Robinsón Crusoe". Pienso que, qué pena de adolescencia la que no se ha sumergido por unas cuantas bastantes horas en esas aventuras trepidantes. Bueno, esto es otro asunto.
Pues bien, corriendo el tiempo me enteré de unas cuantas cosas interesantes sobre esta novela. La primera y principal es que está basada en un hecho histórico. La segunda y no menos importante es que ese hecho histórico está manipulado para adaptarle al gusto de la época. O sea un compendio insuperable de la historia del periodismo: mentir para satisfacer los bajos instintos de la plebe. Una técnica comercial como otra cualquiera.
El caso es que corrían los años finales del siglo XVIII y en Francia ya estaba todo patas arriba. Todo se había acelerado a causa unos cuantos años sucesivos de malas cosechas. El pueblo estaba que mordía y los señoritos muy crecidos a causa de dos lecturas a las que no tenían derecho. Faltaba menos de un año para la proclamación de los Estados Generales: Libertad, Igualdad y Fraternidad. La declaración de los Derechos Humanos y todo eso, una versión cutre de las tablas que Moisés bajó del monte o, sin ir más lejos, de lo que habían escrito los de la Escuela de Salamanca trescientos años antes. Pero, en fin, sea como sea el caso es que aquel desasosiego francés estaba muy extendido por el mundo y por eso fue, que no otra causa, que la tripulación de la Bounty se animase a la sublevación contra su capitán.
Lo que pasa es que la novela y las consiguientes películas, como para exonerar a la tripulación de toda culpa carga las tintas sobre la psicopatía paranoica del capitán. Por eso al segundo de a bordo, un noble metido a marinero, no le queda más remedio, en llegando al cenit de la arbitrariedad el capitán, que ejercer de redentor. Destituye al capitán y lo envía para casa en una chalupa con la esperanza de que se ahogue por el camino. Él se va con la tripulación a darse al dolche farniente de Taití. Al respecto, el redentor representado por Marlon Brando, una vez consumada la rebelión es preguntado por un subalterno que cómo se sentía. "Con unas enormes ganas de morirme que espero que se me pasen pronto", responde. Sin duda sabía que todo redentor, por definición, acaba crucificado. Y, si no, es que no ha merecido la pena.
Al parecer, la realidad histórica es bastante diferente. La dureza del capitán no era mayor que la de cualquier otro de su época. Y por su parte el redentor, señorito al fin y al cabo, encontró simpático ponerse de parte de la tripulación que pensaba haber encontrado el paraíso en Taití y no quería volver a la dureza de la navegación. Cosas de la época, ya digo, en la que se había perdido bastante el respeto a la autoridad. Pero a quién le iba a interesar una historia así en la que los buenos eran los de arriba y los malos los de abajo. Con lo fácil que es darle la vuelta a la realidad para que cuadre el círculo.
Anyway, qué novela más fantástica. A la altura de "La isla del Tesoro" o, si me apuran, de "Robinsón Crusoe". Pienso que, qué pena de adolescencia la que no se ha sumergido por unas cuantas bastantes horas en esas aventuras trepidantes. Bueno, esto es otro asunto.
martes, 7 de agosto de 2018
Curioso verano
Apenas había luz esta mañana cuando inicie la retirada hacia los cuarteles de invierno. La bruma era tan espesa que casi era morrina. Era necesario el limpiaparabrisas intermitente para ver algo. Por el valle de Iguña, como suele pasar, la niebla era tan espesa que pensé que lo mejor era encender todas las luces, incluidas las intermitentes, arrimarse bien a la derecha y bajar la velocidad a cuarenta por hora como mucho. Los coches me pasaban tan rápidos que pensé que quizá sus conductores eran hombres con rayos x en los ojos. Pero, ¡quiá!, bendita prudencia la mía. Justo al salir del último túnel antes de Reinosa vi gran juego de luces y a un guardia civil corriendo como un loco a la vez que hacía señales de stop con un artilugio. Estuvimos un buen rato parados allí. Luego, al poco de empezar a movernos como orugas, pude ver de qué iba el asunto: la típica colisión en cadena de los días de niebla. Veinte o treinta coches y camiones estaban allí amontonados, muchos para el desguace directamente. ¡Dios mío, pero qué tonto es el personal! ¿Acaso es que no veían la niebla? En fin, c´est la vie. Hasta el mismo Pozazal la cosa siguió chunga, pero no se necesitaron ni cien metros desde allí para empezar a sentir la caricia de los rayos del sol. Porque es que iba con la calefacción puesta. Por Aguilar ya era una fiesta que precisaba del aire acondicionado. No eran todavía las diez cuando he aparcado el coche en el garaje.
Ha sido un verano curioso éste. Primero la peregrinación a Santiago con María, que me dejó para el arrastre, pero que ahora, visto ya con cierta perspectiva, me doy cuenta de que era algo necesario para que no sé qué cosas volviesen por donde solían. Son esos intangibles de la vida que uno intuye pero no acierta a identificar ni falta que hace: simplemente uno nota como un surplus de afianzamiento y ya está. Después, apenas regresado y con los pies todavía hechos una laceria, fui al aeropuerto a buscar al decano de mis nietos, Senan, para ir a dar un garbeo en bicicleta por las llanuras mesetarias. Estuvimos siete días e hicimos unos 350 kilómetros. Bueno, se pueden imaginar al Abuelo Cebolleta con el Nieto My Secret Life. No sé quién de los dos habrá sacado más en limpio del evento. En cualquier caso estoy seguro de que el esfuerzo no ha sido en vano: el ha visto de cerca al viejo que un día será si dios quiere y yo al adolescente que ya se me había olvidado que fui.
Y bueno, hace ocho días que le dejé en Santander, no sé si en los brazos amorosos de su madre o enredado en el ponzoñosa pantalla de su móvil. Eso ya no me concierne. Y me fui a La Biricia, a casa de María. Han sido ocho días de intensa vida social si se tienen en cuenta mis standares al respecto. He visto y charlado por los codos con los amigos más queridos. He vaciado lo que tenía sobrecargado y he recargado lo que tenía vacío. Me lo he pasado pipa. Así que, ahora, tengo para rato. En fin, ya sólo me queda bajar un día a ver a mis hermanos que son la tercera pata que me apuntala. Y, después, las solitarias y queridas noches del invierno oscuro.
Ha sido un verano curioso éste. Primero la peregrinación a Santiago con María, que me dejó para el arrastre, pero que ahora, visto ya con cierta perspectiva, me doy cuenta de que era algo necesario para que no sé qué cosas volviesen por donde solían. Son esos intangibles de la vida que uno intuye pero no acierta a identificar ni falta que hace: simplemente uno nota como un surplus de afianzamiento y ya está. Después, apenas regresado y con los pies todavía hechos una laceria, fui al aeropuerto a buscar al decano de mis nietos, Senan, para ir a dar un garbeo en bicicleta por las llanuras mesetarias. Estuvimos siete días e hicimos unos 350 kilómetros. Bueno, se pueden imaginar al Abuelo Cebolleta con el Nieto My Secret Life. No sé quién de los dos habrá sacado más en limpio del evento. En cualquier caso estoy seguro de que el esfuerzo no ha sido en vano: el ha visto de cerca al viejo que un día será si dios quiere y yo al adolescente que ya se me había olvidado que fui.
Y bueno, hace ocho días que le dejé en Santander, no sé si en los brazos amorosos de su madre o enredado en el ponzoñosa pantalla de su móvil. Eso ya no me concierne. Y me fui a La Biricia, a casa de María. Han sido ocho días de intensa vida social si se tienen en cuenta mis standares al respecto. He visto y charlado por los codos con los amigos más queridos. He vaciado lo que tenía sobrecargado y he recargado lo que tenía vacío. Me lo he pasado pipa. Así que, ahora, tengo para rato. En fin, ya sólo me queda bajar un día a ver a mis hermanos que son la tercera pata que me apuntala. Y, después, las solitarias y queridas noches del invierno oscuro.
domingo, 5 de agosto de 2018
Tallas para mórbidos
Lo más parecido a una lonja de contratación que he visto en los últimos meses es el Gambrinus de la Avenida los Castros entre once y doce de la mañana de un domingo de verano. Claro que lo que allí se contratan son pinchos de tortilla enriquecidos con los más diversos ingredientes. El caso es que rezumen. No lo entiendo, la verdad. Me recuerda a lo que hizo la chusma clerical con las iglesias medievales. Cualquiera medianamente constituido como individuo sabe que los adornos siempre son impostura. O sea, que empeoran el original. Pero bueno, qué vamos a decir a estas alturas del barroco que no se sepa. La horripilante fealdad de la Sagrada Familia barcelonesa o los estridentes pastos para turistas de la relamida Viena. En fin, decadencia en acción.
Así las cosas, lo tengo que confesar, vivo deprimido por lo que me toca de cerca. Pero es que tánto cuesta contenerse un poco? Pues sí, a toda evidencia debe costar un huevo. La glotonería parece compensar todas las carencias del alma. Sentada justo enfrente una joven mórbida ataca un pincho de tortilla king size enriquecido con sabe dios qué porquerias grasientas. Su grosor está a tono con las caderas de la joven. Enfrente, su escuálido marido la contempla sin pestañear mientras sorbe un café a secas. A saber lo que estará pasando por su cabeza. Por la mía, desde luego, que está a punto de salir por pies.
Y esa es la cuestión, el nivel de morbidez parejo a la zafiedad del adorno -perdonen el pleonasmo-. Pero por Dios, ¿qué sentido tuvieron los esfuerzos de Alejandro Magno por llegar a India en busca de la sabiduría definitiva? ¿Es que acaso no van a servir para nada las Cartas Morales a Lucilio? ¿Ni los Ensayos de Montagne? Tanto para nada. Ya lo intuyó Euripides: a Dionisos no se le puede embridar. La chusma le adora y le saca de la cárcel tantas veces como sea necesario. El caso es que no quede onomástica sin celebración ni cualesquiera cosa que sea sin adornar. Al final, claro, el mejor negocio, una tienda de tallas para morbido/as. Voy a poner una junto al Gambrinus.
Así las cosas, lo tengo que confesar, vivo deprimido por lo que me toca de cerca. Pero es que tánto cuesta contenerse un poco? Pues sí, a toda evidencia debe costar un huevo. La glotonería parece compensar todas las carencias del alma. Sentada justo enfrente una joven mórbida ataca un pincho de tortilla king size enriquecido con sabe dios qué porquerias grasientas. Su grosor está a tono con las caderas de la joven. Enfrente, su escuálido marido la contempla sin pestañear mientras sorbe un café a secas. A saber lo que estará pasando por su cabeza. Por la mía, desde luego, que está a punto de salir por pies.
Y esa es la cuestión, el nivel de morbidez parejo a la zafiedad del adorno -perdonen el pleonasmo-. Pero por Dios, ¿qué sentido tuvieron los esfuerzos de Alejandro Magno por llegar a India en busca de la sabiduría definitiva? ¿Es que acaso no van a servir para nada las Cartas Morales a Lucilio? ¿Ni los Ensayos de Montagne? Tanto para nada. Ya lo intuyó Euripides: a Dionisos no se le puede embridar. La chusma le adora y le saca de la cárcel tantas veces como sea necesario. El caso es que no quede onomástica sin celebración ni cualesquiera cosa que sea sin adornar. Al final, claro, el mejor negocio, una tienda de tallas para morbido/as. Voy a poner una junto al Gambrinus.
sábado, 4 de agosto de 2018
Estampas biricianas 2
Siguiendo la acera hacia el oeste, diez metros más allá de la iglesia evangélica, hay un bar de nombre El Establo. No se ve que tenga ni mucho ni poco movimiento, pero ahí está por los siglos de los siglos, como ostentando orgulloso la condición animal de sus clientes. La verdad es que por comparación con El Marcial, treinta metros a poniente, El Establo tiene pinta como de logia masónica. Misterioso en cualquier caso. Pero, ¡ay, el Marcial! Sabor de barrio, tesoro antiguo. Sin él la Biricia perdería identidad a raudales. Como la Acrópolis sin el Partenón o algo así. A nadie del barrio con dos dedos de frente se le ocurría pasar por delante sin entrar a tomar algo o simplemente pararse a comentar lo que fuere con la clientela que fuma a la puerta.
Pero volvamos al jardincillo que rodea nuestro bloque de pisos. Aquí Adam Smith hubiese tenido algo que decir a propósito de la división social del trabajo. Porque es que está perfectamente delimitado por etnias: los payos se encargan de las cagadas de perro y los gitanos de las cáscaras de pipa y bolsas de plástico. Y todo de la forma más natural posible, sin interferirse en los horarios por si las moscas que, por lo que tengo visto, los gitanos no son muy de perros... a no ser los jóvenes que sí parece que se están aficionando a los de razas peligrosas, por supuesto sin bozal. En fin, lo que cuenta de todo esto es que cuando sales del portal y te topas con una tribu entera sentada en el petril que bordea el césped venga a devorar chuches, te saludan, sobre todo los mayores, con una cordialidad conmovedora. Y eso no se paga con nada por mucho que te lo dejen todo hecho un asco.
Seguirá.
viernes, 3 de agosto de 2018
Estampas biricianas 1
Paso mis vacaciones veraniegas en La Biricia y como ya no estoy para playas he decidido dedicarme a la entretenida ciencia de la antropología. En realidad sólo tengo que mirar por la ventana y, para los flecos, me basta con las incursiones en el Mercadona del barrio. Así es que entre El Marcial, un bar con casta torera justo enfrente, para los payos y, veinte metros al oeste en la misma acera, la Iglesia Evangélica LA PAZ para los gitanos, tengo tela para cortar desde antes de que salga el sol hasta mucho después de que se haya puesto. Pero es que, además, para redondear, entre el bar y la iglesia hay un Holywood, una especie de bazar especializado a lo que se ve en bolsas de chucherías.
Así, más o menos, el panorama es el siguiente: un grupito de payos tatuados y con perro a la puerta del Marcial fumando y bebiendo, una ristra de gitanos apoyados en la pared desde el Holywood hasta la puerta de LA PAZ en la que un tipo gordo da abrazos a los que se acercan, no menos gordos por cierto, otra ristra, es vez de coches indebidamente aparcados desde los que se informa de cosas importantes a los que están recostados en la pared y, luego, que nunca falta la familia numerosa, de cuatro generaciones al menos, que salen del Holywood cargados de bolsas para venir a degustar su contenido en el jardincillo que rodea nuestra casa que es el mismo en el que cagan todos los perros del barrio. Las bolsas, una vez vacías, ya se pueden imaginar a donde van a parar: normalmente el viento acaba por meterlas en nuestro garage.
En definitiva: payos y gitanos, juntos pero no revueltos. Esa es la esencia y también la gracia de La Biricia en la que, todo hay que decirlo, ya no se necesita pasaporte para entrar como pasaba en los años de mi infancia. Seguirá.
Así, más o menos, el panorama es el siguiente: un grupito de payos tatuados y con perro a la puerta del Marcial fumando y bebiendo, una ristra de gitanos apoyados en la pared desde el Holywood hasta la puerta de LA PAZ en la que un tipo gordo da abrazos a los que se acercan, no menos gordos por cierto, otra ristra, es vez de coches indebidamente aparcados desde los que se informa de cosas importantes a los que están recostados en la pared y, luego, que nunca falta la familia numerosa, de cuatro generaciones al menos, que salen del Holywood cargados de bolsas para venir a degustar su contenido en el jardincillo que rodea nuestra casa que es el mismo en el que cagan todos los perros del barrio. Las bolsas, una vez vacías, ya se pueden imaginar a donde van a parar: normalmente el viento acaba por meterlas en nuestro garage.
En definitiva: payos y gitanos, juntos pero no revueltos. Esa es la esencia y también la gracia de La Biricia en la que, todo hay que decirlo, ya no se necesita pasaporte para entrar como pasaba en los años de mi infancia. Seguirá.
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