Hace unos años, pedalea que pedalea, nos llegamos hasta los Arribes del Duero. Entramos en Portugal por Miranda de Douro y salimos por Bemposta para ir a dar a Fermoselle. Bueno, ni les digo la paliza que aquello supuso. Porque el Duero está allá abajo, en el quinto coño como vulgarmente se dice, y mucho más que estaría si no fuese por las presas, o barragen en portugués, que en los dos pasos te evitan unos cien metros de bajada que no importan, pero ya me dirán lo que se agradecen los de subida. Y no son las mayores, que unos kilómetros río abajo está la de Aldeadávila que de verdad quita el hipo al verla. Así que de esas presas gigantescas arrancan gran parte de los cables que soportan esas torres que les digo. En todo su conjunto un monumental robo de fuego a los dioses que de alguna manera nos estarán haciendo pagar.
Lo curioso de todo esto es hasta qué punto vivimos ajenos a los fundamentos de esta vida muelle que llevamos. Encendemos un millón de cachivaches cada día para evitarnos molestias y, sobre todo, la peor de todas, el aburrimiento, y ni por asomo damos en pensar en el monumental tinglado que da soporte al cumplimiento de nuestros deseos. Lo más que nos acercamos al intríngulis de la cuestión es al sentir la punzada en el bolsillo que nos proporciona la factura de la luz. Entonces, nos sale la vena roja y tendemos a decir que los de Iberdrola, o similares, son unos ladrones. Ya ven qué salidas de pata de banco solemos tener los humanos por ser incapaces de alcanzar con nuestras apreciaciones mucho más allá de lo que podemos tocar con las manos.
Anyway, lo interesante de todo esto, por pura especulación filosófica claro está, es, como les decía, el precio que tendremos que pagar a los dioses por tanto robo. O el que ya estamos pagando al decir de los que tildamos de agoreros para ahuyentar nuestros temores. De momento, el populus insensatus disfruta con la subida de las temperaturas de los mares que nos bañan. Aunque también es verdad que esas temperaturas favorables para el baño atraen a las medusas y tiburones... ¡y qué le vamos a hacer si de algún modo hay que pagar!
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