Desde luego que si hay un país curioso en el mundo ese es Holanda. Las Provincias Unidas como se le llamaba en sus años de máximo esplendor. En los finales del XVI mandaron a tomar vientos a Felipe II y empezaron a vivir a su manera que no era otra que la de la libertad de pensamiento. Por eso cualquier perseguido por sus ideas liberales de cualquier país acababa allí. Pongamos que Spinoza, pero también los Marranos portugueses y tantos otros que tenían algo que aportar. Así, con tales principios por montera no tardaron en convertirse en el primer imperio mundial, si por tal se tiene no un tinglado para difundir la fe sino una red de corresponsalías comerciales que les permitían hacer negocios hasta con el diablo. Al respecto, es curioso que cuando los japoneses expulsaron a todos los occidentales que andaban por allí vendiendo estampitas siguieron manteniendo relación con el mundo solo a través de una colonia comercial que tenían los holandeses en una isla al sur del archipielago. Por algo sería que no les echasen también a ellos. Y por ellos fue que cuando el Comandante Perry obligo a los japoneses a abrir sus puertos al comercio internacional los japoneses ya estaban enterados de todos los adelantos científicos que se habían producido en el mundo.
Batallitas aparte, a lo que iba es que ayer estuve dando una vuelta por la sala principal de lo que fue ayuntamiento de Amsterdam y hoy es palacio real. Es una sala de unas dimensiones faraónicas y de un estilo neoclásico, concebida como un foro para el pueblo en un lugar donde el clima no permite las actividades dialécticas al aire libre. Lo que me llamó la atención sobre todo fue la simbología pagana de su fachada principal. En lo alto tiene un Atlas soportando sobre sus hombros el mundo. El esfuerzo titánico de un pequeño país que abarca todo el mundo con sus negocios. Y debajo de Atlas, como para que los negocios funcionen, la Justicia, con la espada en una mano y en la otra una balanza. Y derrotados a sus pies, la avaricia, el rencor, la envidia.
Decía Huygens, un sabio holandés de la misma época de la sala que les comentaba, que su patria era el mundo y su religión la ciencia. Supongo que es lo que tiene el haber sido bien educado. Su padre fue un gran tipo también. Y seguro que su madre, para que ninguna se sienta aludida.
Por cierto que la última vez que hice un viaje al más puro estilo convencional fue para ir a Amsterdan a ver como era eso de los cofesops. ¡Fantástica experiencia! Pero no para repetir.

No hay comentarios:
Publicar un comentario