viernes, 10 de agosto de 2018

Arriba y abajo

Me fijo en una extraña noticia: la mitad del gasto de los españoles es en bares y restaurantes. Ahora bien, al parecer la mitad o así de esa mitad está dedicada a la comida a domicilio. Son datos para pararse a pensar.  Sobre todo en cómo cambia todo para que nada cambie. Porque da la impresión de que el modelo "arriba, abajo" de aquella famosa serie británica es inamovible por mucho que cambien las apariencias. Los servidos siempre serán pocos y los servidores multitud. Si bien es verdad que los servidos en ciertos menesteres son servidores en otros y viceversa. En definitiva, lo único que varía es el valor añadido -digamos prestigio social- de los servicios que presta cada cual. 

Es curiosa esta contumacia en querer ser servido en asuntos que sólo requieren de un mínimo usar la cabeza. Una pizza, por ejemplo, traída del super y guardada en el congelador para ser pasada diez minutos por el horno cuando te apetezca comerla te sale por menos de un 20% que la que te trae el repartidor media hora después de haberla encargado por teléfono. Y sin embargo, te quiero, como decía un famoso bolero de cuando aquel entonces en el que los roles de "arriba y abajo" eran nítidos. "Es que está más rica la encargada" se apresuran a justificar generalmente los de "abajo" que son los que, paradójicamente, más pequeñas preferencias tienen cuando, por razones obvias, no debieran.

Es muy tramposo todo esto, porque, sí, quizá tengamos los humanos una propensión innata al gusto por ser servidos, pero para eso fuimos dotados como especie de la más evolucionada de todas las capacidades, la de razonar, que no es otra cosa que la facultad de evaluar el precio y la conveniencia de las propensiones innatas. Si pedir una pizza me cuesta diez minutos de prestar servicios a otros, vale, adelante, pero si me cuesta dos horas estaré haciendo el capullo si no almaceno en el congelador las de el super... de Mercadona no, por favor, que son de Tarradellas, auténtica basura identitaria.

Ya, sí, dirá entonces el de "abajo", pero dónde dejas los intangibles, ¿o es que acaso el apuntalamiento de la autoestima que me proporciona el ser servido por un instante no cuenta? Y ahí es donde le duele y encuentra su razón de ser todo este tinglado absurdo. Para los de "abajo" la posibilidad de sentirse de "arriba"  por un instante  compensa todos esfuerzos. 

En fin, podría darle mil vueltas más a este asunto, pero me doy cuenta que sería dárselo a la condición humana. O sea, sería volver una vez más al "elogio de la estupidez" erasmiano... ya sabes, en los banquetes, si no bebes, mejor te vas. 

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