lunes, 13 de agosto de 2018

Escepticismo ilustrado

El otro día me contaba un amigo que su hijo le había dicho que no le interesaba lo más mínimo la política. Era el mismo hijo que tiempo atrás le había recomendado que viese The Big Bang Theory. Desde luego que hay coherencia en esos dos hechos y más si se tiene en cuenta que el chaval es un ingeniero informático que anda por el mundo como yo ando por los alrededores de Palencia. Por otra parte, ayer pude leer la diatriba que Antonio Banderas descargaba sobre los políticos. Me pareció de una oportunidad abrumadora. Me alegró saber que no soy el único en pensar que son una verdadera peste. Y así es que su oficio va quedando exclusivamente en emponzoñar la convivencia para mejor saquear. Por así decirlo es como si estuviesen empeñados en prepararlo todo para la llegada de otro nuevo Franco, aunque esta vez con voz más varonil y rostro más campechano. 

El caso es que llevo todo el verano dedicado a ver un rato por la noche unos cuantos sketchs de Big Bang Theory. Reconozco que estoy enganchado. Y no me importa en absoluto que cada dos por tres haya un corte para largar una interminable ristra de anuncios. Al revés, lo agradezco, porque es tal la velocidad a la que se suceden los gags y tal su calidad que en pocos minutos queda el cerebro exhausto de esas sustancias relacionadas con el placer. Pero es que además creo intuir por donde van los tiros para que esa serie tenga tanto éxito. Sus protagonistas son todos científicos del más alto nivel que sustentan sus relaciones humanas sobre un entramado simbólico construido con retazos de las series y películas de ciencia ficción. Star Treck, La Guerra de las Galaxias y así. En cualquier caso no hay la menor mención a la actualidad política en la que vive sumergida y, según los medios, estresada, la sociedad en la viven. 

Y esa es la cuestión, la calidad del mundo simbólico. ¿Es que acaso se puede mantener estable una sociedad que pretende sustentarse sobre un mundo simbólico construido a base de futbolistas, toreros y cantantes? Así, con esos mimbres que diría un tertuliano, no es raro que la política, asuntos de retrete para que nos entendamos, acabe ocupando todo el imaginario de la plebe. Sin embargo, el Dr. Spock de Star Treck es la quinta esencia de Apolo -carece de sentimientos- y sus reflexiones parecen sacadas de los textos de Tucídides. Y lo mismo La Guerra de las Galaxias, al más puro estilo Ramayana. En definitiva, la riqueza de las mitologías clásicas con las que humanidad se construyó un mundo paralelo con el se podía interpretar el real desde la necesaria distancia apolínea.

En fin, estamos en lo de siempre, el apasionamiento iletrado contra el escepticismo ilustrado. Es lo que va de esas series españolas a lo "aquí no hay quien viva" a ésta de la que les hablo. Afortunadamente, al parecer, cada vez hay más juventud que se decanta por The Big Bang Theory.    

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