lunes, 27 de agosto de 2018

Tiranía de la sangre


Hay por ahí un cierto revuelo a mi juicio interesante. Es el que ha levantado un humorista de nombre Robert Bodegas con unos chistes sobre los gitanos. Unos chistes que me han parecido muy inteligentes. Y por encima de todo notablemente oportunos. Porque, al margen de que los gitanos en general sean maestros del cante flamenco, pienso que lo son mucho más del cante antisocial por decirlo, así, a la llana. Sí, ya va siendo hora de que empecemos a dejarnos de mandangas y llamemos a las lacras por su nombre porque ese es el método correcto para iniciar su erradicación. 

Un día en Salamanca le dije a uno que cantaba muy bien pero que hacía gala de "su cultura" para justificar su insoportable incivismo, que a qué coño cultura se refería porque allí, en aquel grupo en el que estábamos, el único que no tenía ningún estudio era él. Y también conocí en Salamanca a un gitano, maestro de maestros en el arte de la guitarra, que abominaba de su etnia a la que achacaba todas sus malas andanzas de antaño. Así es que entre esa gente hay de todo como en botica, pero para su desgracia vive sometida a la peor de todas las tiranías que es la de la sangre. 

Y que conste que no hay que ser gitano para vivir sometido a esa tiranía discapacitante de la sangre. Hay multitud de familias que tienen esa tendencia a reunirse para dar palmas al primer cumpleaños de cambio. No hay más que ponerse en la cola de la caja de cualquier super para ver la cantidad de gente gorda que compra tartas grasientas y cocacolas gigantes. ¡La dichosa familia convertida, por mor de las tartas, en la madre de todas las miserias morales!

A la familia, como a todo, pienso que ni hay que ponerla tantas velas que la quemen ni tan pocas que no la alumbren. Reunirse por Acción de Gracias o Navidades puede convertirse en una sesión de psicoterapia de grupo realmente enriquecedora. A partir de ahí, la graduación de uno de sus miembros puede ser una buena oportunidad para repetir porque, no nos engañemos, nada hay más gozoso y provechoso que la celebración del mérito de un ser próximo. Puede haber entonces incluso una sana envidilla que empuje a la emulación. 

En fin, a lo que iba, que por mucho que la socialdemocracia se empeñe en tapar todas las grietas con la pintura de la corrección política siempre acaba por aparecer el niño en forma de humorista que grita que el rey va desnudo. Y los gitanos, con sus reyes y demás, no es que vayan desnudos es que nos desnudan a todos para que nos veamos en nuestras miserias de carne amontonada. Todos tenemos que huir de eso para constituirnos y, también, hay que ayudar aunque sólo sea con chistes a los que están más enredados por doloroso que les resulte. Nos va la vida en ello. 

Por lo demás, gloria a Diego del Gastor, a Django Reinhard, a Paco de Lucia y tantos otros que supieron desgajarse para seguir dando frutos injertados en otros árboles. Ellos demostraron que se puede. 

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