martes, 21 de agosto de 2018

Resumiendo

Hacía tiempo que tenía dado de lado a todo eso del brexit, pero ayer, como por casualidad, me puse a fisgar televisiones y de pronto caí sobre Sky News y allí estaban dale que te pego en lo mismo que les dejé hace meses. Vamos a trabajar duro, dijeron los máximos responsables de las negociaciones, para que en la fecha fatal que ya se acerca peligrosamente no haya un no deal. O sea, para que el nudo gordiano no siga sin desatar. Porque por lo que he podido inferir no hay en el horizonte un Alejandro que vaya a sacar la espada para desbaratarlo de un tajo. Y nada indica que de aquí al final del plazo, y mucho más allá, vaya a aparecer. Esto, como lo de los catalinos, son caprichitos de niños mimados que piensan que pueden sacar tajada por su cara bonita. Y nada más lejos: el representante de la Comunidad Europea decía tener la mejor disposición, pero eso sí, sin moverse un ápice de nuestros Principios y Valores. Por así decirlo, tanto brexiteros como catalinos con la Iglesia han topado. 

Con la Iglesia o el Nudo Gordiano que sólo se puede desatar con la espada. Con sangre, sudor y lágrimas, cosa de la que nadie se acuerda cuando está emperrado con lo que sea. Y no es porque sea difícil de entender ya que desde niños estudiamos todos en la escuela las leyes elementales de la física. Y por eso sabemos que hay que hacer tanto esfuerzo para poner en movimiento lo que está parado como para parar lo que está en movimiento. Sí, pero yo no quiero pararlo, dice entonces el niño mimado, yo sólo quiero apearme en marcha. Bueno, todos tenemos sobrada experiencia al respecto y, además, las tres cuartas partes de los que aquí estamos, en este valle de lágrimas, no es por otra causa que por la ilusión que tuvieron nuestros progenitores de poder apearse en marcha cuando les diese la gana. Esa es la pura realidad: la mayoría somos hijos del fracaso de nuestros padres en su lucha contra la inercia. Y claro, luego pasa lo que pasa, que ese fracaso se trasmite al alma de lo que sale en forma de mala leche y ya la tenemos montada. Toda una vida destinada a dar pol saco con lo que sea: allí donde percibo un poco de bienestar voy corriendo a ver cómo lo puedo joder. 

En fin, que no hacen falta las leyes de la física o de la naturaleza o de lo que quieran para explicar lo evidente, a saber, que si te tiras de cualquier tren no te salva del batacazo ni dios. Y luego, el resto de la vida intentando hacer pagar a los demás por tus huesos rotos. Ya ven que fácil se resume todo: el brexit, catalinos, antivacunas, y modas en general. Todo un intento vano de restaurarse jodiendo. 

Perdón, pero es que me he levantado con mal pie y para más inri están a punto de empezar las fiestas de la ciudad. 

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