lunes, 31 de diciembre de 2018

Mi consuelo

Por supuesto que para mí, Esquilo, Sófocles, Eurípides, Platón, Shakespeare, Cervantes, por citar a unos cuantos, siguen estando en lo más alto. Dejaron por escrito su particular desentrañamiento del alma humana y, con ello,  ayudaron a quién se paró a escucharles a conocerse mejor a sí mismo, lo cual es algo que, desde luego, suena a gloria, pero que, a la hora de la verdad, es muy difícil, por no decir imposible, definir. Porque ¿qué demonios es eso de conocerse a sí mismo? Sí, hay que andarse con mucho cuidado a la hora de las metafísicas porque uno puede acabar pensando que es lo que no es y, de resultas de lo cual, meter mucho la pata. 

Sin embargo con la física uno no tiene esos problemas. Ahí sí que las cosas son lo que son. El cometa Halley vuelve puntual a su cita cada 75 años como el astrónomo Halley supo predecir con sus sofisticados cálculos. O sea, que la física, y sólo ella, nos permite tener certezas más allá de la única que no exige saber matemáticas, es decir, que nos vamos a morir. Sí, me doy cuenta ahora, tan mayor ya, de todo el tiempo que malgasté dando vueltas a la noria del conócete a ti mismo. Y también me doy cuenta de por qué lo hacía, o sea, porque el esfuerzo que exigía era mínimo y, sin embargo, los dividendos narcisistas eran apreciables. Ibas por ahí de culto y tenías la sensación de que dabas el pego a la perfección. El tuerto en el país de los ciegos, quizá. ¡Sancta simplicitas!

Así es que ahora, caído ya del caballo, me acojo a otro santoral que me parece más justo. Porque me exige esfuerzo que es, y lamento haber llegado tan tarde a semejante conclusión, lo único que me hace querer seguir viviendo. Seguir los pasos de Arquímedes, Eróstrato, Galileo, Newton, Euler, Einstein, etc., me obliga a echar humo por la cabeza e ir con la lengua afuera para, a la postre, quedar como quien dice a dos velas porque en donde no hay fundamentos nada se puede construir. Pero me da igual, porque ahora ya sé dónde está el nudo gordiano que merece la pena desatar. Y cada paso que doy en tal sentido, por pequeñito que sea, me produce la satisfacción de estar pisando una cumbre. Deducir las fórmulas de las cónicas o comprender la Identidad de Euler me da un subidón en la autoestima que es que no me puedo aguantar. 

¡Ay, si volviese a nacer! Leería a los clásicos, por supuesto, pero siempre intercalados entre los gigantes de la ciencia. Con los clásicos sueñas, con los gigantes de la ciencia pisas en el suelo. Lo uno sin lo otro no sirve. En fin, más vale haber caído tarde en la cuenta que no haberlo hecho nunca. Mi consuelo.   

domingo, 30 de diciembre de 2018

La derrota perpetua

De los periódicos:

"Un menor es maltratado en España en el ámbito familiar cada 84 minutos"

Bueno, esto está mal, muy mal, pero que peor no puede estar y alguien tiene que tener la culpa y, sobre todo, ahí hay un nicho de empleo para socialdemócratas convencidos. Me parto.

El caso es que una vez leí un libro de un tal Immanuel Kant que tenía por título "Sobre la paz perpetua" o cosa por el estilo. Creo recordar que la cosa iba de que por fin la razón triunfa sobre las emociones y sanseacabaron los problemas. Cada cual, en adelante, a cultivar su jardín. Luego, pensando, llegué a la conclusión de que quizá nunca se haya escrito un libro tan falso. Lo suyo, para ser honestos, hubiese sido disertar sobre "La derrota perpetua". Porque de eso es de lo que se trata, de la derrota perpetua de la razón a manos de los sentimientos y sus hijas naturales, las emociones. Y no te digo nada, ahora, con esto del animalismo rampante que llega a asegurar por bocas tan notables como la de Houellebeq que los humanos no llegamos a alcanzar ni de lejos la grandeza moral de los perros. ¡Chúpate esa! 

Tomemos como ejemplo el titular de periódico con el que he abierto este post. ¡Pobres niños de España! Cada 84 minutos uno es vapuleado por sus padres. Y allí al lado, por descontado, hay un político socialdemócrata tomando nota. ¡Dios, lo que sería esto sin ellos! Seguramente en vez de cada 84 sería cada 83. ¡Oye, por el bienestar de los niños lo que haga falta! Es el sentir dominante y no hay más que opinar. 

Tampoco es que yo quiera exagerar, porque algo habrá tenido que ver cierto triunfo de la razón para que el mundo haya mejorado tanto, pero eso no quita para que me dé cuenta de que para el gran público constatar esa mejora es fuente de desolación. Imagínense que a las masas enchusmatizadas les da de repente por ponerse a estudiar estadística... sí, un imposible metafísico, desde luego, pero vamos a hacer ese ejercicio de ficción; entonces, qué pasaría si cayesen en la cuenta de dónde venimos y con quién nos comparamos. Y, lo que sería peor, de la insignificancia significativa de las cifras en la que se sustenta su consuelo. No, querida, los hombres no están acabando con las mujeres: de 15, o así, millones de parejas que hay en España el año pasado la tragedia sólo alcanzó a 48 de ellas. Y sí, por supuesto que mal rollo en las relaciones de pareja lo hay a mansalva, pero eso forma parte del enriquecimiento de la experiencia que conduce al sosiego y disfrute de los años tardíos. Así que, ¡ojo!, porque llamar a eso violencia delata al socialdemócrata al acecho de subvenciones.

En resumidas cuentas, no me creo, ni siquiera estando ciego de grifa, que los niños estén maltratados en este país. Más bien tiendo a pensar que pasa lo contrario, que les malcrían de tanta atención como les prestan.  Y por supuesto que habrá casos detestables que hay que atajar. Pero de ahí a ese ideal socialdemócrata de la armonía familiar perpetua hay un abismo. Si en la familia no hay una cierta guerra continua, al final te salen unos niños que no sirven para otra cosa que pasarse la vida viendo injusticias por doquier. Y quejándose, por supuesto. Y votando socialdemócrata por demás. 

sábado, 29 de diciembre de 2018

La liga de la justicia

No puedo dejar de recordar con aprensión toda aquella porquería mental que me sorbía el seso en los años mozos. Siempre pensando que la gran tarea consistía en cambiar el mundo para, así, una vez acabadas las injusticias poder empezar con lo tuyo. ¡Menuda milonga! Y el caso es que no hay otra que enganche más a la gente que ha venido regalada a este mundo. Y de ahí este desasosiego que nos señorea. De posponer lo que nos concierne en aras de apuntarse a Liga de la Justicia.

El gran mito, o engaño, de la justicia universal. Desde Amurabi para acá, pasando por Moisés, no ha servido para otra cosa que para torpedear la propia responsabilidad. No hace falta que nadie te proteja ni te diga lo que tienes que hacer. Por el propio instinto de conservación ya eres maestro de esas cosas. Sólo necesitas coraje, el más escaso quizá de todos los impulsos vitales... que es lo que tiene el haber nacido regalado. 

Así, observando el mundo, tanto en lo real como en la ficción, me doy cuenta de que la mayoría de los seres humanos tienen en su vida un momento trágico que pocos consiguen superar. Se trata de cuando una vez superados los esfuerzos de la primera formación se consigue un encaje en la estructura que permite saborear las mieles de la independencia: uno se siente importante sin tener mayor conciencia de lo difícil que es saber gestionar ese status. Con los dinerillos que se ganan se sale mucho a alternar y a darse la razón con los amigos. Y se deja de lado, se ignora olímpicamente, la segunda formación, sin la cual, la primera, queda obsoleta en cuatro días. Y entonces es cuando empiezas a padecer los tormentos del estancamiento que quieres superar apelando a la justicia universal. Si se acabase la corrupción, te dices, yo me desatascaría. Eres incapaz de comprender que el gran corrupto eres tú por no haber seguido esforzándote. 

 En resumidas cuentas, que el mundo, el de aquí al menos, es cualquier cosa menos injusto, que no por otra cosa es que a los cobardes, o vagos, nos vaya como nos va... siempre pensando en cambiarlo para poder seguir viviendo del cuento. Y en eso se nos va la vida.   

viernes, 28 de diciembre de 2018

Lamento

Me estoy dando de baja del mayor número posible de cosas. Entre pitos y flautas ya voy por los trescientos euros de ahorro al mes. Pero sobre todo se trata de un montón de trámites que se van ahorrar mis hijas si la palmo, cosa que, a estas edades, tampoco es que se pueda descartar que ocurra como el que no quiere la cosa cuando menos te lo esperas con un alto indice de probabilidad. ¡Je, je!

Así todo me consterna pensar hasta que punto estoy pillado por multitud de contratos de propiedad y servicios. En realidad en eso va consistiendo la vida, en mantener operativo el endemoniado entramado de ortopedias en el que tengo depositadas todas mis esperanzas de una vida sin problemas. O sea, como diría un cubano, ¡tremenda contradicción, compañero! Te encadenas cada día más para sentirte más libre. Sin duda, en mi caso concreto, todo ello tiene que ver con la falta de autoestima o la depresión recurrente. ¡Ay, si me sintiese apuntalado por mis hormonas! Entonces viviría en un chozo junto a una playa solitaria al sur de Marruecos. O cosa por estilo. Pero siempre sin papeles por medio. 

En fin, perdonen el lamento, pero es que me siento tan tonto entre tanta obligación estúpida que... 

jueves, 27 de diciembre de 2018

Por peteneras

Tal y como yo veo las cosas, el problema real de esta España de hoy es que hay mucha gente que empieza a pensar que era bastante más libre cuando lo de Franco que ahora. Y es posible que en ciertos aspectos tengan razón. Claro que toda esta chusma política y periodística que nos asola no parece poder comprender que el sentimiento de libertad es algo muy subjetivo y que no hay nada como andar todo el día insistiendo en que libertad es esto y no aquello para que el personal empiece a pensar, y con razón, que tanta prevención malicia arguye. ¡Por dios bendito, somos viejos, pero conservamos cierta memoria! Y cuando lo del postrero franquismo lo único que no podías hacer era meterte en política de salón, pero todo lo demás era para tí; sin embargo, ahora, la impresión es que salvo la política de salón, todo lo demás está prohibido. Hay un control exhaustivo de lo que es políticamente correcto o incorrecto. Hoy, por ejemplo, leo una noticia a cuatro o cinco columnas en la que se nos cuenta que un pescador ha esculpido a navaja su nombre en la piel de un delfín. Pues bien, por lo que sea ha trascendido y ahora nos dicen que la policía anda tras el criminal. ¡Vaya por dios, la policía no tiene nada mejor que hacer! La opinión pública ya no basta para crear una moral. No, ahora, el Estado se tiene que meter por medio y marcar los límites de todo. Es muy agobiante desde luego.

Personalmente estoy hasta los mismísimos de las diferentes varas de medir. ¿Por qué todos los días nos tenemos que desayunar con una noticia de alguna monería que ha hecho un perro y, que yo recuerde, nunca he visto en ningún medio de comunicación noticia alguna sobre la inmundicia que a causa de los perros tenemos que soportar en las ciudades. Pues bien, pensarán ustedes que estoy obsesionado con los perros: se equivocan; los perros me importan una mierda. Lo que me importa es su valor simbólico como sinónimo de degradación del espíritu. Un tipo, o tipa, que parece normal, sale dos o tres veces al día a dejar mierdas por la calle. ¿Qué se esconde detrás de esa asquerosa pulsión? Algo, por fuerza, tiene que estar trastornado en esas cabezas. 

Tortas y pan pintado aquello de cuando Franco respecto a lo que hoy adoctrinan en las escuelas. He leído que en la Navarra, otrora del Opus Dei, hogaño instan a los niños a poco menos que reconocerse maricones como una forma de superioridad biológica o cosa por el estilo. ¡Se imaginan qué delirio! Como todo eso de las metoomanas, que han conseguido una ley que obliga al Estado a investigar al marido de una mujer que ha sufrido un accidente por si las moscas no haya sido provocado. Parece chiste, pero a eso se ha llegado. Y, así, para llenar un saco a rebosar.

 Claro, así las cosas, la gente sale por peteneras. Mal fario en definitiva. Con lo bueno, bonito y barato que sería vivir y dejar vivir... pero no, las leyes de la física no perdonan: toda acción, digamos que estupida, tiene que tener por fuerza una reacción de las mismas características. En fin.

domingo, 23 de diciembre de 2018

Reflexiones galácticas

Paseo por Palencia y observo. Y me acuerdo de lo que el otro día dijo Sisa, el Cantante Galáctico: hay que volver a llamar a los gitanos, gitanos, y a los maricones, maricones. Porque lo primero que tiene que pasar para que puedas encontrar un sentido a lo que observas es que las palabras con las que lo vas a interpretar tengan un significado apuntalado por largos años de razón compartida. 

Viene esto a colación de que ayer, parte por matar el tiempo, parte por suministrarme de primeras necesidades, me acerqué al Carrefour que en francés, por si no lo saben, quiere decir encrucijada. Por así decirlo, el único representante de la raza VOX allí parecía ser yo. El resto, parte minoritaria andina y parte del león gitana. Unos y otros, obviamente, acompañados por sus niños. Con una diferencia fundamental, los andinos, de no ser por sus cortas piernas y anchos tórax que los siglos de puna les labraron, serían indistinguibles de los aborígenes: unidades familiares de cuatro individuos a lo sumo. Los gitanos, por contra, iban por tribus desparramando sus carnes opulentas y sus churumbeles por todo el recinto como si estuviesen discapacitados para percibir lo que les es ajeno. El follón que meten, lo que obstruyen, la de mierdas que consumen, la de basuras que producen y tiran por doquier. Me estuve fijando en un grupo de unos veinte: no creo que ninguno de los adultos llegase a los veinticinco años ni bajase de los cien kilos. Eso sí, impecablemente vestidos todos y todos, también, con la cabeza esculpida. Clase media alta para que nos entendamos. Me puse a elucubrar y llegué a la conclusión de que muchos de aquellos churumbeles tenían que haber nacido rondando sus padres los quince o diez y seis años. Ese es, sin duda, parte importante del futuro de la patria. Y a nadie parece importarle. O preocuparle.

Si leyese esto que estoy escribiendo un El País adicto, no tardaría ni un instante en tildarme de xenófobo, homófobo, y todo lo que hiciese falta para consolidar su conciencia de superioridad moral. Pero de nada le iba a servir porque cuando despertase los gitanos con churumbeles allí iban a estar anclados en su tenebroso pasado: la tribu castradora que impide evolucionar y, lo que es mucho peor, que todo lo invade. 

Sí, estoy totalmente de acuerdo con el Cantante Galáctico. E incluso iría mucho más allá: no sólo hay que llamar gitanos a los gitanos sino que también hay que estar continuamente recordándoles que por el camino que se obstinan en ir no van allegar a ninguna otra parte que no sea la de ser una etnia estigmatizada. Así, mi regalo de navidad para ellos sería decirles: tíos, dejar de amontonaros, dejar de comer mierdas, casaros un poco más tarde, ir un poco más y con más respeto a la escuela... en fin, dejar de querer ser singulares en manada porque el concepto en sí es una pura contradicción. 

Y colorín colorado... me voy a Santander que es la novia del mar. 

sábado, 22 de diciembre de 2018

Sambal

Ahora que llega la Navidad todo son ideas para alcanzar el orgasmo. Me refiero, bien sure, al gastronómico. Me parto. La chusmilla elevando la altura del pedo cinco palmos por encima del culo. Ningún problema, El País, por supuesto, les sirve de guía. 

Veamos, para la gran cena unos entrantes de bocaditos de langostino con sambal de cilantro. Inconvenientes, vaya por dios, que necesitas un robot de cocina y, last but not lest, que puedes tener cilantrofóbicos entre tus invitados. 

El sambal es una cosa, el tartar otra y la cinlantrofobia la de más allá. No tengo ni idea de lo que pueden ser cualquiera de ellas ni maldita la falta que me hace saberlo. Me quedé en lo de la adicción a las patatas a la riojana y tan feliz. Pero me doy cuenta de que confesarlo no me beneficia. Vivo en el mundo que vivo y blasonar de ignorancia al respecto te convierte en sospechoso habitual. Y qué lo vamos a hacer si de pronto llegó el Bulli y todos dimos un paso de gigante en la escala filogenética. A ver quién es el simple que no se apunta a eso. Que, además, es progresista al cien por cien... según El País, claro está.

Hombre, tampoco hay que exagerar. El mundo opulento parece deslizarse por un tobogán de horterismo. Ves al "puto amo" con sus gafas oscuras en el falcón y qué otra impresión puedes sacar. Pero, no se engañen, esa es la espuma. En esta tierra de behetría, como siempre fue, la gran cena consistirá en asado. Y si vas por las casas en las que hay jóvenes te quedarías maravillado del alto porcentaje de ellos que sabe perfectamente que Maclaurin y Taylor fueron los que pusieron a Euler en la pista para descubrir su famosa identidad. Y eso si que es progresismo del de verdad, se lo digo yo. 

En fin, oye, tú, allá cada cual. A cada uno lo que le sirva y, si es el sambal, pues que los dioses se lo bendigan. Pero si vienen por aquí algún día les invito a asado para que comprueben por sí mismos hasta qué punto no compensa para nada avanzar en la escala filogenética. 

viernes, 21 de diciembre de 2018

Schopenhauerianas



El caso es que no por más madrugar amanece más temprano. Me manda Pedro M. un vídeo en el que un sr. de dicción impecable lee un extenso texto de Schopenhauer sobre la naturaleza de la mujer. Puro azufre. Me maravilla que todavía no hayan salido las féminas a las calles, instigadas por El País, por supuesto, a hacer piras con los libros de ese señor. Será, digo yo, que han optado por ignorarle, ya saben, lo del avestruz, lo que no se nombra no existe y, por contra, la realidad se construye repitiendo hasta la saciedad cualquier cosa que te convenga por muy extravagante que sea. Así corre y siempre ha corrido el mundo por siempre jamás. 

Hay que tener en cuenta que cuando Schopenhauer escribió ese texto no se había caído todavía en la cuenta de la existencia de los bichitos y, por eso, los médicos no se lavaban las manos antes de atender un parto. Si acaso después. Por tal era que las fiebres que se decían puerperales fuesen moneda corriente y, después, que los bebés se lo agarraban todo, por falta de higiene y también de nutrición, y así era que morían como moscas, dado lo cual, entonces, por aquello de la perpetuación de la especie, el papel de la mujer en el mundo no tenía vuelta de hoja: parir y parir y parir hasta que la naturaleza mandaba parar por un procedimiento u otro. No había ahí intencionalidad por parte de nadie, como pretende convencernos cierta ideología muy en boga; era simplemente la biología cumpliendo los designios de la naturaleza. 

Pero luego llegó Pasteur y puso de moda la palangana con agua y jabón para antes de iniciar cualquier acto médico. Y la cosa cambió radicalmente. Las mujeres dejaron de morir de parto y los niños de diarrea. La demografía por tanto empezó a dispararse exponencialmente. Ya saben e elevado a x. Consecuencia inmediata, se lo diré: degradación del papel de la mujer como garante de la perpetuación de la especie. Para eso ya no hacía falta tantas. Por así decirlo empezaba a haber más oferta que demanda. Había que reinventarse.  

Las cosas en la naturaleza funcionan así. Y no te digo nada, ya, después del dominio de la contracepción. Que no es por casualidad que ahora, en estos tiempos en los que como en todos cada cual cuenta la feria según le va en ella, haya más mujeres que hombres, y con mejor aprovechamiento al parecer, en las aulas universitarias. Pero, ojo al parche, porque nada es definitivo en este mundo; volvieran los malos tiempos y con ellos una decadencia demográfica alarmante y la mujer, automáticamente, volvería por donde solía. Ya se encargaría la naturaleza de implementar los mecanismos necesarios para que todo pareciese obra de la voluntad. Ya saben, como si todo fuese consecuencia de las propias decisiones... esa ilusión que tanto nos ayuda a permanecer sur la brèche. Porque sería horrible admitir que, en realidad, a efectos del ecosistema, no somos muy diferentes de un pepino de mar. 

En resumidas cuentas, nos adaptamos a las condiciones imperantes y eso, inevitablemente, nos aparta de nuestro instinto primigenio y nos procura frustración. Así que, sintiéndolo mucho tengo que decir que ya está bien de dar la tabarra con los victimismos a la moda. Las mujeres, por las funciones que la naturaleza les ha asignado siempre han ocupado el lugar más preeminente en el devenir de la humanidad. Lo que pasa es que debido a los avances de la ciencia esa preeminencia se ha devaluado un poco y eso les genera mala leche y la correspondiente búsqueda de culpables. Son cosas de la condición humana que sólo en la suerte de la soledad pueden los espíritus excelentes desvelar.  

jueves, 20 de diciembre de 2018

Opinar a la ligera


"O esta reflexión sobre el poder: «Llega un momento en que te cuesta mucho más escuchar, tienes menos paciencia, crees que lo has visto casi todo... En ese momento eres incapaz de hacer el ejercicio de liderazgo activo que requiere la política».

-¿En quién pensaba cuando escribió eso?-, le pregunté.

-En mí-, repuso Aznar."

A mí Aznar siempre me cayó como un grano en el culo. Le veía como el típico acomplejado al que las circunstancias le han colocado en un puesto que le viene grande. De ahí esa impresión tan desagradable de soberbia que me daba. Después, ya, para rematar, cuando le veía paseando a sus perrazos sueltos por las playas de Marbella saltándose todas las regulaciones municipales y, sobre todo, las más elementales normas de conducta cívica. Por lo demás, tampoco es que siga con interés su trayectoria, pero al ser un tipo tan significativo en la vida pública es inevitable que de aquí y de allá me lleguen pequeños detalles de sus opiniones y andanzas. Y, claro, aquí es donde tiene que entrar mi ya muy veterana experiencia sobre la condición humana: nunca se puede considerar a nadie, en esencia, como un ser de una sola pieza; lo más normal de todo es que el que es bueno para una cosa lo compense siendo un desastre para otras. De hecho, cualquiera que sea aficionado a las biografías sabe que la mayoría de las grandes consecuciones de la humanidad fueron llevadas a cabo por verdaderos psicópatas. 

En resumidas cuentas, esa reflexión que les he transcrito al comienzo de este post sacada de una entrevista que le hace el periodista John Muller, me ha hecho pensar que ni siquiera yo, que me considero discípulo aventajado del Dr. Spok, el de Star Trek para que se orienten, estoy libre de ser víctima de mis sentimientos y emociones a la hora de evaluar lo que sea. Uno, por más que intente disimularlo, también tiene sus debilidades de portera, o sea, dejarse llevar por la irracionalidad de sentimientos inconfesables por su baja estofa. 

No, no me cuesta reconocer, ahora, a la vista del material sobre Aznar que sin proponermelo he ido recopilando, que, desde luego, no es un tipo vulgar. Que por algo sería que llegó donde llegó, y por algo será que se mantiene donde se mantiene. Y, sobre todo, que méritos no le pueden faltar cuando suscita tanta animadversión entre los sectores más repugnantes de la sociedad. Un día vi en la cadena francoalemana ARTE un reportaje sobre una escuela del Ampurdán en el que se veía al maestro explicándoles a los niños que Aznar era exactamente igual que Hitler, pasando por Franco, por supuesto. ¡Imagínense la cara de los niños! La del maestro era de absoluta felicidad. 

En fin, que, a día de hoy, lo que me fastidia de Aznar es lo de los perros. Eso difícilmente se lo perdonaré porque no puedo evitar sentir irritación hacia los dueños de los perros cada vez que salgo de casa y con lo primero que me topo es con la inmundicia que se acumula en la base de las columnas de los soportales. Por lo demás, no me cuesta ya reconocer que a pesar de un cierto porte chulesco que le es inherente no deja de ser una persona relevante con una experiencia única y una innegable capacidad para capitalizarla. En fin, el caso es que no estemos tan enfermos todavía como para no reconocer que en su día opinamos muy a la ligera sobre asuntos de los que no teníamos los suficientes criterios. No es que hoy los tengamos, pero, por lo menos, podemos centrarnos sobre un dato, como el que les he trascrito, y mostrar con fundamento una cierta admiración. 

miércoles, 19 de diciembre de 2018

The baby is born

Que corran las apuestas. La mía es clara, 155 y despliegue de la Legión. Algo así como cirugía radical seguida de quimioterapia. Exactamente la terapia que el reconocido fascista Tony Blair aplicó en Irlanda del Norte hace cuatro días como quien dice. ¡Y miren con qué resultados! Ahí están ahora los irlandeses vivitos y coleando y, según toda evidencia, siendo los dueños de la llave que abre o cierra las puertas del brexit.

Tío, sólo se trata del uso de la fuerza por quién tiene la legitimidad para usarla: el Estado. El Estado, así, sin necesidad de calificativos. Porque si resulta que es el Estado dicho democrático el que la aplica, mejor que mejor, pero no lo duden, si al democrático le ponen pegas no dudará en trasmutar a lo que haga falta para poder aplicarla sin ambages. Porque lo que en ningún caso van a permitir los poderes reales del Estado, los fácticos que le dicen, es dejar que el cáncer se lo lleve todo por delante sin ni siquiera haber intentado atajarlo por todos los medios a su alcance. 

Les he comentado acerca del fascista Tony Blair porque me parecía que, así, de entrada, era muy fuerte hacerlo del no menos fascista Felipe González. Porque, sí, González fue el que mandó a las Fuerzas de Seguridad del Estado que cruzasen la frontera para ir a balacear a los pistoleros de ETA allí donde les encontrasen. Y mano de santo, tío, se les acabó el chollo. Todo fue dar boleta a cuatro etarras en territorio francés para que los franceses tomasen conciencia de lo que se les venía encima si continuaban haciendo el pendejo. De aquella balacera para acá todo fue ya declive para el nacionalismo vasco. 

Por más que la estupidez colectiva haya dado en pensar que Disney es la fuerza de la razón, la aplastante evidencia es que el mundo siempre ha funcionado y funcionará según el modelo Serengueti de los documentales de sobremesa. En definitiva, la fuerza es y siempre será la cúspide de la jerarquía. Y ese es el gran problema, que se interpretan los documentales del Serengueti en clave Disney en vez de hacerlo, como se debiera, en clave Proyecto Manhattan. 

Para cuándo vamos a dejar el explicar a los niños en la escuela que el momento más trascendental de la historia de la humanidad fue cuando un científico dijo: "The baby is born". La bomba atómica había nacido en un desierto de Nuevo Mejico y sus parteros lo fueron de un mundo sin guerras. Regalaré a mi nieto, que ya va siendo hombre, la biografía de Feynman, uno de los parteros, para que entienda todo esto con claridad. Es la fuerza lo que lo determina todo. Empezando por la paz. 

En fin, viva el fascismo si ello acaba de una vez por todas con Disney. Es decir, un clavo que saque otro clavo, como siempre fue. 

martes, 18 de diciembre de 2018

Accountability

Una política, teniente de alcalde o así, sale por la noche a pasear con su perro por la playa. En Valencia. Y cosa de perros, y de dueños de perros, acaba en el hospital con graves lesiones por todo el cuerpo. Tampoco hay que exagerar, es un accidente. Como también lo es que un psicópata se cargue a la que él consideraba su media naranja. De hecho, de este tipo de accidentes, de los de la media naranja, sabemos hasta la saciedad, vía medios, que en lo que va de año ha habido unos cincuenta en toda España. ¿Sabemos acaso algo de tipo estadístico acerca de los desaguisados que hacen los perros? Cuando mi amiga María fue al hospital con ocho mordeduras en una pierna, la enfermera de urgencias le dijo que ese tipo de lesiones era el pan nuestro de cada día. De hecho, servidor se abstiene muy mucho de ir a pasear por los maravillosos parques que tiene esta ciudad. Están llenos de perrazos sueltos y sus correspondientes cagadas. Pero mucho peor, todavía, sus dueños, que no es raro que te amenacen de muerte si haces algún gesto que se pudiera interpretar como menosprecio de sus adoradas posesiones. La cosa, desde luego, va de psicópatas y, por tal, no me estoy refiriendo a los que tenemos aprehensión, ni mucho menos, sino a los que se ve a todas luces que disfrutan imponiendo su ley en el territorio. Eso sí, con mucho sentimiento. 

Bueno, pues yo, como se suele decir hipócritamente, no me alegro nunca de la desgracia ajena, pero en este caso de la teniente de alcalde de la muy noble y leal Valencia pienso que no hay mal que por bien no venga y, quizá, pudiera servir como toque de atención a los políticos respecto a su accountability en lo que a seguridad e higiene pública hace. 

Accountability, sí, esa es la palabra clave. Porque se escriben al cabo del día miles de artículos, ensayos y demás, asegurando que la democracia se está yendo al garete. Y, desde luego, hay múltiples evidencias que sustentan esas tesis. Desórdenes públicos everywere, everytime. Pues bien, ¿saben a qué es debido al cien por cien semejante desbarajuste? Se lo diré: a que los políticos han dado en creerse que su única responsabilidad es organizar eventos para tener a la gente entretenida y, por su parte, la gente está convencida de que su única obligación es exigirle a los políticos que no cejen ni un segundo en esforzarse por organizar eventos para que nadie se aburra. ¡Aquí hemos venido a disfrutar y el que diga lo contrario es un facha! 

Y claro que sí, por supuesto que hay fachas. Los que piensan que no todo tiene por qué ser disfrute. Y se esfuerzan. Y luego, como sostienen los disfrutadores, la brecha entre los esforzados y los que no se esfuerzan crece exponencialmente. La cosa es muy cantosa entonces y los motivos para pasar de la queja a la protesta son más que justificados. Y ¡viva la Pepa! La política se va a la playa a pasear a su perro. A dar ejemplo. 

Es evidente hasta para un ciego que vivimos una época de oportunidades como nunca se soñó que la pudiera haber. Pero también es cierto que no te apropias de esas oportunidades con el sólo gesto de estirar el brazo y cerrar el puño. No, exige algo más. La voluntad de poder. Como les contaba el otro día hay que estar preparado para posponer la gratificación. Y ahí sí que, amigo Sancho, con la Iglesia hemos topado. Sí ahora va a resultar que el personal se va a responsabilizar de su propia vida, ¿qué coño carajo hacemos aquí los políticos? ¿Organizar eventos para quedarse compuestos y sin novia? No, sería terrible. 

En fin, perdonen el mitin, pero es que todo esto es de risa. ¡Como si alguna vez en el mundo fuera a dejar de haber ricos y pobres? O fachas y progresistas. O mejor aún, responsables e irresponsables. 

Sí, desde luego, accountability. Esa es la palabra clave. 

domingo, 16 de diciembre de 2018

Mi vecino

Me hace mucha gracia que cabezas de reconocida solvencia pensante se pongan a echar pestes de las redes sociales. Ahí, me parece, meten la pata hasta el corvejón, como se solía decir. Quizá pienso así porque esto que estoy haciendo ahora también es manifestarme a través de una red social. Digo la mía y la cuelgo aquí a la entera disposición del respetable. Su difusión, por supuesto, es infinitesimal, pero lo infinitesimal, como es sabido, se integra para dar lugar a cantidades que pueden llegar a ser astronómicas. Que es en lo que estamos. 

Por eso es que los verdaderos poderosos del mundo son hoy día los dueños de esas redes sociales. Por así decirlo son los reyes del cálculo infinitesimal. Aquí en España, por poner un ejemplo, está ese tal Marín, que vive precisamente aquí al lado, y que es el dueño de Forocoches. Pues bien, si los listillos de turno, los Arcadi y demás, hubiesen estado atentos a lo que dice Marín hubiesen sabido de antemano todo este asunto de VOX. Porque estaba cantado en Forocoches. 

Forocoches, para el que no lo sepa, es la mayor red social en castellano. En ella entran y opinan gente de todo pelaje. Y el Sr. Marín, como es lógico, hace estudios sociológicos de toda esa información. No sólo de las opiniones predominantes del momento, si no, más importante, las tendencias de esa opinión. Y ya nos lo advirtió, que si hace dos años Podemos se lo llevaba de calle entre los miles de jóvenes opinantes en ese foro, de hace dos años para acá se había ido produciendo un slide hacia VOX de proporciones sorprendentes. Al final los hechos lo confirmaron. 

Lo de las redes sociales viene a suponer a la opinión lo que la escritura supuso a la historia. No es lo mismo la trasmisión oral de un acontecimiento que su plasmación en un escrito que queda para la eternidad. Lo mismo pasa con la opinión cuando pasa de la barra del bar a una red social. Entonces deja la posibilidad de evaluarla en conjunción con otros millones de opiniones. Y lo más interesante de todo esto es que esa evaluación, a día de hoy, es el mayor negocio del mundo. Y no por nada, sino porque se ha convertido en la mayor maquinaria que nunca el mundo conociera de predicción del futuro. 

En fin, ya ven, aquí al lado, mi vecino, tan calladito y, por contra, tan poderoso.

sábado, 15 de diciembre de 2018

Postergar la gratificación


El armario de la Reina, una declaración de intenciones


Se ve que uno no capisca. Va de soi que una reina tiene que cuidar la imagen porque, en mayor medida que la de cualquier otra persona, es la de su país. Por lo demás, sus intenciones, supongo, dependerán mayormente de sus actos. Porque una reina acude como protagonista a un montón de actos al cabo del año en los que poner a prueba su formación. Claro que, comprendo, los medios de comunicación trabajan en gran medida para el inframundo. Y por eso no van a darle importancia a todo lo relacionado con los méritos académicos de la susodicha. Eso la distanciaría de las masas abominables que todo lo pueden, incluso decapitar a sus reyes. Pelillos a la mar.

Pero, seamos serios, no todo es inframundo. El Rey tuvo una preceptora de excepción y hoy le hacen una entrevista que viene, curiosamente, justo detrás de lo de los vestidos de la Reina. Dice la que fuera preceptora: 

"La respuesta la tiene la neurología. Está en nuestros propios cerebros y en la conciencia humana. El cerebro es algo maravilloso y complejo, donde tenemos esa corteza prefrontal tardía que es la parte que nos enseña frente al lugar del cerebro más profundo y donde se consolidan la memoria, el sentido espacial, etc. Y en esa corteza radica, de alguna manera, la racionalidad. Que consiste en buena medida en la capacidad de decidir. Y en la postergación de la gratificación. En lo que antes llamábamos fuerza de voluntad. Que no es algo etéreo, sino que es el resultado de educar al cerebro. Y la evolución, posiblemente, ha hecho que la mente nos dé la perspectiva de lo que puede pasar si simplemente te dejas llevar por la pasión inmediata, la ira, la egoísta supervivencia, etc."

Me fijo y subrayo lo de postergación de la gratificación. ¡Qué gran hallazgo! Es justo el dedo en la llaga de esta sociedad infantilizada. Es un puro problema de física: la descarga de energía, o serotonina, que toda gratificación supone es imposible, o de ínfima calidad, frustrante en definitiva, si previamente no te has tomado el tiempo suficiente para cargar las pilas. Desde luego que no hay mayor mentira, ni más destructiva, en este mundo que vivimos, que la de tener a la mayoría convencida de que las descargas de serotonina es algo que se puede comprar en las tiendas. Se intenta por todos los medios -la omnipresente publicidad- convencer al personal de que la satisfacción de un deseo es exactamente lo mismo que la satisfacción de una necesidad. De hecho, debemos admitir que en semejante confusión estriba el éxito de la economía de mercado. Si no llenas el cuarto del niño de juguetes le tendrás todo el día dando pataletas, pero también, pondrás en peligro el crecimiento del PIB, es decir, el fundamento de nuestro estado del bienestar. 

Pues sí, como les decía ayer se necesita mucha precisión en el cálculo multivariable para encontrar la salida más rentable a este conundrum que es la vida. Supongo que encontrar un cierto equilibrio entre la calidad y la cantidad de los deseos que queremos satisfacer podría facilitar la resolución del problema. Pero, ¡ay!, ¿quiénes son los que están dispuestos a escoger calidad a cambio de postergar la gratificación? Muy complicado, desde luego. Sobre todo si no estás dispuesto a pegar dos tortas al niño que llevas dentro.  

viernes, 14 de diciembre de 2018

Cálculo multivariable

En las matemáticas todo es apasionante. Da igual al nivel al que les hinques el diente. Aunque supongo que a alturas estratosféricas será más o menos como estar a régimen ininterrumpido de tripis. O sea, alucinando en colores como se suele decir. El caso es que estaba estos días viendo vídeos sobre las funciones multivariables. El asunto trata, ni más ni menos, de  encontrar una salida, la más eficiente, a un problema que acumula variables. En realidad todos los problemas de la vida cotidiana son multivariables. Los personales y no digo ya los que afectan a la sociedad en su conjunto. Cada variable es una función de las otras variables, cosa que significa que es inútil pensar que si una cosa se mueve todas las que están a su alrededor se van a quedar quietas. Por así decirlo, el cálculo multivariable es la esencia de la buena gestión de cualquiera cosa de que se trate. 

No voy a entrar en consideraciones respecto de la gente común que cuando se pone a opinar de cualquier cosa que sea de inmediato les pillas sus carencias. "Lo que hay que hacer", suelen comenzar sus locuciones con la típica seguridad de quien lo ignora todo. Aunque el refranero popular no carece de defensas al respecto de esa ignorancia: desnudar a un santo para vestir otro, dice. Que así es como funcionan por lo general las vidas de la que se conoce como gente sencilla. 

Pero lo que me resulta curioso y en cierta medida irritante es que personas que, como se suele decir, conducen los destinos de las sociedades lo ignoren todo al respecto de ese cálculo multivariable que les digo. Toda es gente metida a redentora que se autocalifican como de letras. ¿Qué quiere decir hoy día ser de letras? Se refieren acaso a ser una especie de Claudio cifuentes, "Cifu para los amigos". Palabrería sin sustancia en definitiva. Hoy día, quizá nunca lo fuera, no se puede ser de letras sin ser de números. Porque, si no ando equivocado son los números, precisamente, los que ejercitan el sentido común. El menos común de los sentidos, como asegura el chiste, con todo el sentido del mundo. 

 En fin, perdonen que me vaya por los cerros, pero es que esto de ir descubriendo hasta que punto los números están imbricados en la toma de las decisiones correctas para los problemas comunes me tiene bastante maravillado.

jueves, 13 de diciembre de 2018

Arte vivo



Como ya no invierto en bolsa han dejado de interesarme las breaking news. Mis intereses se centran ahora, precisamente en las unbreaking. Es decir, las cosas que están ahí, permaneciendo indelebles con el paso del tiempo, precisamente porque son importantes. Así es que cae la tarde y me coloco frente al plasma. Busco youtube y en youtube Khan Academy. Resulta que de un tiempo para acá la Khan tiene un patrocinador especial en la Fundación Carlos Slim, ya saben, ese millonetis mejicano. Así es que, ahora, ya no sólo dan las clases en inglés, también las dan en castellano. Una maravilla de castellano, por cierto, que tal parece que fuera Octavio Paz el que las imparte. Pero es que no sólo es eso. Porque, desde que llegó allí Cortés, sabemos que los mejicanos tienen una especial habilidad para el lenguaje de las imágenes. 

Lo que quiero decir es que al final de cualquier clase quedas fascinado no sólo por el contenido en sí de lo expuesto sino que, también, por la prosodia del exponente y, no menos, por la belleza de las figuras que se han formado en el encerado a lo largo de la exposición. 

En fin, qué suerte que tenemos por vivir en esta época y por compartir lengua con tanta gente sobresaliente. Nunca nos debiéramos de cansar de dar gracias por ello. Y todo lo demás, socialistos incluidos, pelillos a la mar. 

miércoles, 12 de diciembre de 2018

Socialistillos

El domingo pasado agarré la bicicleta y me lancé a los caminos. Había muchos coches aparcados en mitad de la nada y cada sí, cada no, sonaba un tiro en la lejanía. Supongo que los cazadores a todo lo largo de la provincia se podrían contar por miles. Pues nada, muchachos y muchachas, también con eso quieren acabar los socialistos... y las socialistas, por supuesto. Desde luego que, qué falta de visión de la jugada o. simplemente, qué no estar en este mundo. 

Matar a los animales, ¡pero por dios bendito, si ayer mismo me zampé las siete sardinillas que venían, como su propio nombre indica, amontonadas en una lata! ¿Es eso matar? Imagínense si, ahora, cada vez que cocino una pechuga de pollo -las de pavo no me van- voy a tener que experimentar un agudo sentimiento de culpa. Pero es que, además, en dónde vamos a tener que poner la raya de lo vivo comestible. Porque las plantas, al decir de algunos naturalistas, también tienen sentimientos. Por cierto que el otro día iba yo por una de esas calles solitarias y unas chicas de mediana edad, unos metros delante, comentaban con alborozo acerca de una filia que se está poniendo muy de moda que es, ni más ni menos, excitarse hasta la masturbación viendo árboles. Les dije al sobrepasarlas que, sencillamente, no me lo creía. 

De niño me apasionaba la pesca de la trucha. Con los amigos comentaba y nunca acababa acerca de tal afición. El río era como el paraíso donde ponía a prueba mis más sofisticadas habilidades. Luego, ya, me hice urbano y empezó a dejar de interesarme. Pero aquella remota sensación de felicidad casi absoluta ha permanecido conmigo a todo lo largo de la vida. Y justo por eso puedo entender perfectamente que los cazadores estén hasta los mismísimos de todo lo que huela a socialisto y socialista. Un hombre abrumado por la cotidianidad espera ilusionado el domingo. Llegado el momento, no espera el alba para levantarse. Acude al lugar de encuentro. El orujo, los perros, los todo terreno, las frases cortas, las escopetas al hombro, comienza la acción. Será una jornada trepidante. Justo el alimento espiritual para el resto de la semana. ¡Y qué le vamos a hacer si todo el mundo no está preparado para pasear con El País debajo del brazo por El Retiro los domingos por la mañana?

Luego, claro, está lo puramente crematístico. El dueño del coto, los bares y restaurantes de la región, las casas de putas... todo un entramado económico que contribuye con fuerza a lo que hoy llaman sostenibilidad del territorio. Pero es que, luego, existe otro detalle de no menor importancia que hay que haber tragado mucha catequesis para no entender: tener un arma en casa da seguridad. Sobre todo si vives en un pueblo perdido en medio de la nada. ¿Sabrá un socialista de los de El País por El Retiro los domingos por la mañana en cuántas casas de nuestros pueblos hay o no hay un arma? Y anda que no es disuasoria de mil conflictos la conciencia de que puede haberla. 

En fin, siempre será igual: al que no está bien sólo le consuela fastidiar a los demás. Ser socialista, para que nos entendamos. Y perdonen que insista, pero es que el demonio tiene muchos disfraces y todos hechos de bienaventuranzas.  

martes, 11 de diciembre de 2018

La devastación



De las Metamorfosis de Ovidio lo que más recuerdo es cuando Faetón se puso a conducir el carro del Sol y no supo controlarlo. Ahora que tanto se habla de calentamiento global y demás premoniciones apocalípticas me llama la atención que nadie haya traído a colación ese texto. Claro, yo era bastante más joven cuando lo leí y, además, fumaba porros. Así todo, con mi frialdad de hoy, creo que un escalofrío me recorrería el espinazo si lo volviese a leer. En la vida hay cataclismos y cataclismos y a algunos se les ve venir de lejos.  

O es que alguno con dos dedos de frente podría pensar que la de la foto de arriba no iba a acabar en la de la foto de abajo. Y es que cualquiera no puede conducir cualquier carro. ¡Con esos pelos! Y esas tetas como dos carretas... perdón, pero me es imposible obviarlas. ¡Estas putas hormonas...!

Me parece que es Hendel el que tiene un tema que se llama Faetón. Me gustaba interpretarle con la travesera. Recuero que, incluso, alguna vez, me acompañaba una de mis hijas al piano. ¡Qué tiempos aquellos! No creo que ellas se acuerden. Anyway, lo que estoy pensando ahora es que es una pena que la humanidad viva en la ignorancia de nuestros mitos constitutivos. Por supuesto que el de Prometeo no tiene parangón. Seguimos empeñados en robar fuego a los dioses como si no hubiese que pagar precio alguno por ello. Y a los hechos hay que remitirse: cada vez son más pesadas las cadenas que arrastramos. Pero es que lo de Faetón no le va a la zaga. Niñatos mimados a los mandos de las naves por todos los sitios. Esto que llaman democracia: jóvenes, guapos y atractivos ¿para qué se necesita más? Cuantos más estudios se tengan más líos se arma uno en la cabeza. Un deportivo, y más por estas autopistas, lo sabe conducir cualquiera. Luego, como reza la leyenda que hay en una cruz a la orilla de una carretera que frecuento: "dios a veces es injusto". Un Faetoncillo gilipollas estrelló su moto en aquella recta infinita. Lo que no puede ser no puede ser y, donde no hay entendimiento, el hábito califica. 

En fin, esas devastaciones anunciadas... 

lunes, 10 de diciembre de 2018

Culos nada más



"Era el señor del castillo/ de vida muy disoluta,/ un cabrón de horca y cuchillo,/ un verdadero hijo puta." 

Y ellas siguen insistiendo:




"Lo que más me ha chocado es estar en una comida de trabajo donde yo era la única mujer y todos los hombres estaban haciendo evaluación de los culos de las mujeres." 

Pero después:


Este es el hombre. 

Vivimos en un mundo de chiste en el que se montan partidos políticos, medios de comunicación, instituciones que se dicen benévolas y un sinfín más de chiringuitos, cuya única misión en este mundo es negar la realidad y construir otra basada en, por decir algo, las aventuras de Alicia. 

Los culos de las mujeres, sí, como los de los hombres, ¿quién va a ser el poderosísimo señor de los truenos y tinieblas que consiga sacárnoslos de las cabezas siquiera por un minuto, a ellos y a ellas? Tuviera éxito el intento y se acabaría el mundo... porque ¿qué sentido habría de tener entonces el seguir viviendo? La verdad, no me veo saliendo a la calle y dejando pasar a una sóla mujer a la que no evalúe su polo posterior. No me exige el menor esfuerzo, desde luego; es algo absolutamente instintivo, o sea, que escapa de todo punto a mis posibilidades de contención... por más que lo intentase, que los dioses no lo quieran, porque no quiero ni pensar en los tremendos costes de salud que habría de tener semejante violentación de la naturaleza. 

En fin, una de dos, o volvemos a la cordura de los instintos más básicos o la especie se extinguirá... de puro aburrimiento, desde luego. 

domingo, 9 de diciembre de 2018

Las transformaciones de Lorenz




Todavía no ha llegado el invierno y ya tenemos ahí a Perséfone asomando su naricilla respingona -perdón por la cursilada-. Es de esperar que todavía vengan día aciagos y se la chamusquen. Y tendrá que regresar a los infiernos en busca de cirugía reparadora. Después, con los primeros atisbos de primavera resurgirá y, por fin, se habrán cumplido los ciclos de la naturaleza conforme a derecho. 

Mi convencimiento es total al respecto. Modificas el cauce de un río por los motivos de rentabilidad que sean y no tardará en volver por donde solía que no es otra que la obra de millones de años de erosión. Y así todo por muchas ilusiones que los ingenuos se hagan con los superpoderes de la ingeniería, ya sea la civil, ya sea la financiera, ya sea, la más inútil de todas, sin la menor duda, la social. 

La ingeniería social  es, como digo, inútil, pero sobre todo perversa. Había antaño un dicho que hogaño ha desaparecido, supongo que por impolíticamente correcto, que afirmaba que una cosa gustaba más que a un tonto un lapicero. Pues no, no afinaba mucho el tropo; lo que en realidad les rechifla a los zoquetes es la ingeniería social. 

Yo comprendo que a ese tullido argentino que va en silla de ruedas se le perdone todo lo que dice porque parte el corazón pensar lo injusta que fue la madre naturaleza con él. Pero hay otros, como el coletas y así, a los que yo les partiría directamente la boca. Aunque claro, me temo que en la naturaleza nada pasa en vano y quizá si el coletas pretende lo que pretende sea porque tiene más tullido el espíritu que el argentino las piernas. En fin, que me entran ganas de rezar por ambos dos. 

Sí, en fin, rezar o lo que sea, pero algo tendríamos que hacer con toda esta caterva de tontos metidos a ingenieros sociales que nos asola. Gente toda ella discapacitada para la comprensión de las leyes generales de la física. Y no digo ya de la cuántica. Lo ignoran todo de las transformaciones de Lorenz, perdonen la pedantería. Y así nos quieren meter en jardines de los que una vez entrados sólo se puede salir a hostias. Ya me dirán ustedes a dónde nos quieren llevar con toda esa mierda de ¡fuera hormonas! y al que se niegue le castro. Ingenieros que lo ignoran todo de la resistencia de materiales. Realmente de chiste. Por eso, por lo visto, a ese maligno de Holywood que se tiraba a todas las aspirantes a estrellas, ahora, los tribunales de justicia le están exonerando de toda culpa. Es el río que se empeña en volver a su cauce. 

¡Ay, la naturaleza! Y la respingona naricilla de Perséfone que acabará necesitando cirugía reparadora. Y qué le vamos a hacer si frente a los elementos no somos nada. Y menos con coleta. Y ya no digo si los dioses te condenaron a la silla de ruedas. 

sábado, 8 de diciembre de 2018

Zombis

Escribía ayer acerca del afán fiscalizador de esta sociedad que nos quiere ovejas para que todo vaya como la seda. Y utilizaba a Don Quijote como la antítesis del sometimiento. Hoy, al volver al tajo, veo que Nacho ha dejado un comentario que corrige y redondea mi argumento. "Esto se parece la fuga de Logan", dice. Ni más ni menos ha querido decir que si quieres conectar con el mundo en el que vives tienes que renovar y poner al día tu sistema simbólico. Actualizar tu mitología, para mejor entendernos. Porque resulta que Don Quijote, sí, es irrepetible por su riqueza simbólica, pero, díganme, ¿cuánta de toda esa gente treinta y cuarentañera que anda por ahí dando la vara lo ha leído? Sin embargo, la fuga de Logan es lugar común para la inmensa mayoría de ellos. 

Sí, eso es lo que fundamentalmente me está enseñando la serie The Big Bang Theory, que me conviene despertar al respecto. Sus protagonistas son personas un poco bastante frikis por la cosa de que hay que dar consistencia a la comedia, pero por lo demás son tan convencionales como lo podrían haber sido mis padres. Su sistema de valores, punto por punto, igual. Yo les veo y me estoy viendo en aquel grupo, también de frikis, que a la caída de la noche nos reuníamos en el salón del cuarto A de Fuentes Pila 10 a comentar las jugadas del día. Nuestras metonimias nos llevaban al detective Marlowe de las novelas de Chandler. Era uno de nuestros héroes más queridos. Un perdedor con clase. Y teníamos al Halcón Maltés, La Noche de la Iguana, Eva al desnudo, El hombre que mató a Liberty Wallace, en lo más alto del podio de nuestras autorreferencias. Vamos, que teníamos claro a qué nos queríamos parecer. No se nos pasaba por la cabeza que en realidad nos estábamos refiriendo al Hermes o la Diana de la mitología clásica porque es signo patognomónico -impepinable- de esas edades desconocer las profundas limitaciones culturales que se padecen. 

El caso es ese que lo que marca el cambio generacional es el paso de un sistema simbólico a otro y en la capacidad de cada cual para renovar sus referencias en concordancia con las nuevas estriba el arte de permanecer vivo. Así que, una vez más gracias Nacho por traer lo de Logan a colación. Ha sido absolutamente oportuno. Me ha ayudado a reconocerme en el abuelo Cebolleta que soy. El Quijote, ya te digo... está muy bien, claro, como lo de Hermes y Diana, pero si no te sirven para entenderte con tus hijos y nietos, pues apaga y vámonos.  Porque eres un zombi. 

viernes, 7 de diciembre de 2018

Quijote forever

Mi padre era un neurótico de libro. Vivía obsesionado con sus enfermedades y sobre todo con las pastillas para curarse. Durante sus veinte o treinta últimos años no creo que bajase un solo día de treinta o cuarenta de ellas. Se levantaba por la mañana y agarraba una caja negra donde las tenía todas -la caja de Pandora la llamaba mi madre muy acertadamente- y hacía montoncitos para desayuno, comida, merienda y cena. Y así iba tirando. Pero, neurosis aparte, tenía algunas cosas buenas, o muy buenas, que nos trasmitió sin meter ruido: lo primero de todo no meterse nunca en lo que pasa en casa ajena. La libertad individual en definitiva que era sagrada para él puede que hasta el quijotismo. Recuerdo al respecto un caso ocurrido en el pueblo a propósito de una telefonista muy mona casada con un carpintero cojo. Como si se hubiese tratado de Hefestos y Venus. Pues bien, trascendió que aquella Venus tenía algunos amantes que la proveían de riquezas varias. La gente, aburrida supongo, se lo tomó muy mal y la cosa fue a mayores. Comenzaron a hacerle un escrache que fue tomando proporciones alarmantes. Alguien se lo comentó a mi padre que ni corto ni perezoso agarró el coche lo puso, apartando a la gente a bocinazos, pegado a la puerta de la centralita telefónica. Entró allí, agarró a la Venus y se la llevó a otro pueblo donde vivía su madre. Nadie se atrevió a chistarle por haberles dejado sin juguete. Era el médico. ¡Qué tiempos aquellos!

Corren malos tiempos, me parece a mí, para lo del asunto de la libertad individual. Quizá es que nunca fueron buenos. Sobre todo desde que Constantino elevó el cristianismo a religión oficial del Imperio. Un antes y un después que no cesa porque cuando empezaron a flojear los cristianos de inmediato vinieron los comunistas, sus herederos naturales, que a efectos de meterse en vidas ajenas vienen a ser más o menos lo mismo. Y es que todos los mierdas, o sea, casi todos, corren a apuntarse a lo que sea con tal de que sirva para hacer la vida imposible a los espíritus libres. Es el sueño de cualquier desgraciado, que no existan individuos. Sólo colectividades. O sea, ya saben, vascos, catalanes... escoria en definitiva. 

Pienso en estas cosas porque leo cosas que pasan que me horrorizan. Las metoo, LGTB, etc, todos esos colectivos de gente que, por subnormales, parecen haber sido incapaces de leer El Quijote. ¡Por dios bendito y la madre del verbo divino, cómo puede un país que ha parido ese libro albergar a tanto imbécil? No hay solución, desde luego, hasta que restauremos, como quería nuestro héroe, aquella edad dorada en la que había que pasar por el trance de los misterios eleusinos antes de abrir la boca. Porque sin un mínimo conocimiento de ti mismo no puedes ser otra cosa que un peligro público número uno... que es lo que son todos esos políticos y demás gentuza que a diario se nos meten en la cama a controlar si hacemos guarradas fuera de norma. 

 En fin, Quijote forever y allá cuidados. 

jueves, 6 de diciembre de 2018

Qu´est-ce que c´est la merde

Me parto. Me topo en la Calle Mayor Principal con una conocida, de mediana edad tirando a joven, universitaria, con inquietudes sociales... la media, podríamos decir de esta Palencia que sestea. Curiosamente desconoce lo que es Forocoches y que ha sido fundada y se gestiona por un chico que vive en Palencia. Ella iba a la Biblioteca Municipal a un taller de escritura. ¡Típico! No tarda en advertirme, con inequívoco tono de alarma contenida, de "lo que está pasando". ¡Más típico todavía! Por lo demás, es encantadora y alegra el espíritu sentir su mirada dulce e inteligente cuando estás hablando con ella. 

Ni que decir tiene que lo que está pasando es lo de VOX. ¡Grandísima alarma, vive dios! Pero un observador un poco más imparcial, o sea, sin inquietudes sociales, iría por otros derroteros más objetivos. Aquí y ahora, como siempre ha sido en cualquier lugar y tiempo, mientras los unos sestean otros llegan para arar el campo. 

Uno va por las calles y si mira a los lados lo que más veces ve es letreros de "se alquila" o de "liquidación por cierre". Pero no nos alarmemos: la ciudad está más surtida de todo de lo que nunca estuvo. Miles de pequeños comerciantes urgidos por su necesidad de conciliación familiar y demás mandatos divinos fueron sustituidos por otros venidos de allende los mares que no tenían semejantes urgencias. Así, ahora, cualquier cosa que necesitas a cualquier hora y día de la semana sabes que lo encuentras en un bazar regido por chinos. Y si no son horas lectivas, sus hijos les estarán ayudando o jugando en donde pueden ser vigilados. Es otra forma de conciliación familiar sin duda más competitiva. Con los bares, empieza a pasar igual. Los chinos ya se dieron cuenta que no hay nada que más fastidie al cliente habitual que el cierre por descanso semanal. De esta forma, poco a poco, con calidad, amabilidad y constancia se van quedando con la clientela. Cafetería llena a cualquier hora en la gran avenida quiere decir cafetería atendida por chinos. 

Y lo que no es de chinos, es de las grandes cadenas de distribución. Los pequeños comerciantes autónomos de antaño, con ínfulas burguesas, han sido sustituidos por dependientes de comercio con pulsiones proletarias. En definitiva una dulce tristura que es como el poeta llamó una vez a la melancolía. Ese sentimiento de no estar mal, por un lado, pero por otro de añoranza de aquella edad de oro en la que cada cual tenía la impresión de que era dueño de su destino. 

Por tanto, ¿qu´est-c que c´est la merde? Pues nada de particular, solo que el mundo sigue su curso natural de que unos vayan y otros vengan.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

¡Vino para todos!

Ayer les decía a propósito del Sagrado Corazón de Jesús en Vox -¡uy, uy!- Confío que big is better. Y de su relación con los perros, por la cosa de los sentimientos. Y sí, eso creo, que el mundo siempre ha sido, es y será sentimental, porque es lo que no necesita de la muy escasa voluntad, o del esfuerzo, pero es que, juraría, estamos atravesando uno de esos momentos de la historia en los que esa sentimentalidad natural se desborda y adquiere tintes francamente asquerosos. U obscenos que diría un tertuliano. 

Todo esto es muy curioso. Veamos. Anda gran parte del cotarro mediático, con La Vanguardia a la cabeza, desgañitándose para que el mensaje de que VOX es el demonio llegue hasta los últimos confines. Cojan, agarren ese periódico y cuenten las veces que en sus artículos de opinión de hoy aparece el sintagma extrema derecha refiriéndose a ese partido. Bueno, admitamos que es una forma de hablar que no oculta desprecio y ganas de desprestigiar.Ya saben, identificar con Hitler, el amante a ultranza de los perros allá donde les hubiese... cosa que por cierto, y sigo sin entenderlo, pasa desapercibida. Muy bien, todo ello -no lo de los perros, sino lo de desprestigiar a VOX-, al margen de lo que pudiera haber de cierto, está dentro de una lógica de competir por los empleos de las administraciones públicas 

Lo sorprendente de esto es que nunca jamás habrán podido leer un artículo en ese periódico en el que tachen de extremistas a los comunistas de Podemos. Y es que, ¡hijos míos!, no es lo mismo Hitler que Stalin que al fin y al cabo no es más que una representación en cuerpo mortal, punto por punto, del Sagrado Corazón de Jesús. El asunto, desde luego cuela como si viniese impregnado en vaselina. ¡Venga, vino para todos que pago yo! Eso sí, con la intercesión de la Virgen María trasmutada en MeToo por necesidades del guión. 

Esta es una gran paradoja de la política, las relaciones humanas, ciencias sociales o cómo lo quieran llamar. La misma extralimitación, o incluso mucho peor si quieren, pasa por normal cuando viene avalada por concomitancias sagradocorazoniles. Y digo mucho peor con fundamento, porque los comunistas, por contra de los fascistas, no te dejan ni hacer negocios ni tener un pasaporte. Pero los fascistas, ¡ay!, apelan a la razón en su versión más darwinina. Nada de sermones en la montaña ni meriendas a orillas del Tiberiades. Aquí, el que que quiera peces que se moje el culo cosa que, no nos engañemos, está entre las que peor prensa tienen, han tenido y tendrán, en todo el mundo mundial. Sí, es evidente, Jesús siempre caerá más simpático que Darwin. Por la misma razón que la magia potagia siempre se impondrá a la ciencia en las mentes sencillas que son casi todas. 

 Jesús contra Darwin, esa es la dialéctica del mundo y, afinando más, hasta dónde debe llegar la filantropía... porque hay muchas formas de interpretarla y la mayoría son venenosas. ¡Vino para todos y a tí y a mí qué nos va en ello mujer! Irresponsabilidad absoluta. 

martes, 4 de diciembre de 2018

Antirrazón

Suelo volver a casa por una calle adyacente al Salón, uno de cuyos laterales está ocupado íntegramente por el paredón trasero del instituto de enseñanza media Jorge Manrique, el primero de la ciudad construido a principios del siglo pasado con muchos elementos de art decó. Pues bien, en ese paredón alguien se ha entretenido en pintar siluetas de perro en cuyo interior se puede leer la leyenda: "cuidado con el perro" y, debajo, en letra más pequeña, "tiene sentimientos". 

Los dichosos sentimientos. Un tema más viejo que los pedos. Creo que fue Pascal el que dijo esa macanada de que el corazón tiene razones que la razón no entiende. Y al populacho le encantó, claro está, y se quedó con la copla. Llamar razones a los sentimientos está mal para quien va de sabio. Y Pascal desde luego lo era. Pero no infalible. Los sentimientos, o las emociones, que con tanta ligereza se asocian al corazón, son la antirrazón. Y el origen de todos los males. En realidad, si bien lo miramos, el progreso de la humanidad, o la civilización si quieren, no es otra cosa que el triunfo de la razón sobre las emociones que no son otra cosa que el dejarse arrastrar por los sentimientos.

El caso es que la razón lo tiene difícil con el asunto de los sentimientos, y las emociones como consecuencia, porque todos los sacerdotes de todas las religiones que han sido desde que el mundo es mundo se han acogido siempre a la defensa a ultranza de los sentimientos, esa no por necesaria menos peligrosa fragilidad humana, para mejor asegurarse el control de las conciencias. Aquí mismo, miro por la ventana y ¿qué veo? Pues un sagrado corazón gigante en la cima de un otero. El segundo más grande, dicen, después del que hay en Río de Janeiro. Bueno, por lo visto también en esto de los sagrados corazones big is better. En definitiva, el discurso de todos los curas de todos los credos siempre ha sido así de simple: corazón igual a amor, compasión, magnanimidad; cabeza igual a frialdad, cálculo, poder y, sobre todo, que cada palo aguante su vela. Fácil de entender cuál es la víscera que lleva todas las de perder visto desde una perspectiva de púlpito. 

Les traigo a colación estas banalidades porque al decir de gente de probado fundamento estamos viviendo tiempos en los que las emociones se lo llevan de calle todo. Hay quien dice que influye en que así sea esa moda de la información a base de breaking news. Cada sí y cada no los medios interrumpen su programación para contarte que alguien se ha tirado desde un séptimo piso. O cosa por el estilo. Así, a la gente de poca sustancia, casi toda por cierto, acaba por darle la impresión de que el mundo es un disparate. Lo siguiente, ponerse a tono. O sea, hacer el gilipollas todo lo que se pueda, que es mucho. 

En fin, no voy a entrar en si los perros tienen o no tienen sentimientos porque me importa un bledo. Lo mismo que si dios existe o no existe. Eso son debates para una de dos, ignorantes o sinvergüenzas. De lo que sí estoy seguro al cien por cien es que no tienen capacidad de raciocinio. Nunca, por poner un ejemplo, se les podría alcanzar cuáles son las asquerosas consecuencias de su afición a marcar el territorio. Sobre todo cuando son miles los que le marcan en el área de una manzana. Y así hasta cien. En fin.    

lunes, 3 de diciembre de 2018

Miau

¡Vaya, esto sí que es un terremoto! Mi madre hubiese dicho: como en "Miau". Se imaginan la de miles de andaluces que perdieron ayer su bien remunerado empleo que creían seguro de por vida. Porque todo lo demás, pelillos a la mar. Esto es muchísimo peor que cuando se acabó lo de Franco, porque entonces no había preparada una manada al acecho para hacerse con los puestos vacantes. Miren por ejemplo a Revilluca, lo poco que le costó pasarse de lo uno a lo otro sin más esfuerzo que el de ir a lo de Ribalaygua a comprarse otra chaqueta. Pero, ahora, en Andazulía, socialista va a significar apestado y a los caídos les va a costar levantarse. Una nueva invasión de zombies se avecina. E intentarán morder a todo lo que se mueva. 

Es más de lo mismo de lo que pasa en "de Cataluña vengo de servir al Rey". Allí por lo visto, los pata negra se unieron para echar a los advenidizos. Recuerdo, al respecto de los advenidizos, una película premonitoria hecha por un patanegra cuyo argumento consistía en la perdida de casta de los jabalíes al aparearse con cerdas que pastaban mansamente entre las encinas. Simbología para catetos, en definitiva. Tras los indeseados apareamientos llegaron los de Ciudadanos y miles de empleos de por vida se vieron amenazados. Y ahora, ya, ante la inexorable realidad de que Ciudadanos existe y va a ser imposible hacerlos a un lado, con lo que eso supone de reparto de puestos, pues, entonces, lo lógico, guerra a muerte entre las facciones patanegra para conseguir lo más posible de la parte del pastel que queda. 

Si toda esa gente hubiese leído a Adam Smith no se verían en las que se ven. Sabrían que también la política es un mercado. Y que el mercado controlado por empresas en régimen de monopolio es la ruina. De ahí la ruina de Andazulía y de "de Cataluña vengo de servir al Rey". Aunque en un sitio la ruina sea más económica que moral y en el otro más moral que económica. No sé qué será peor. 

En resumidas cuentas, que nada como la caída de esos dos monopolios políticos para poder afirmar con fundamento que el mundo avanza. Las empresas que conocemos como partidos políticos cada vez tendrán que ajustar y mejorar más sus plantillas para ser competitivas. No tienen otra si pretenden sobrevivir. De lo contrario, como Ribalaygua, que pasó a ser historia. Seguro que Revilluca compra ahora sus chaquetas en Inditex y tan pichi. 

Sí, señores, ayer extirpamos un tumor maligno y ahora nos queda la quimioterapia... para esos zombies que van a quedar por ahí intentando morder a todo bicho viviente.