En fin, los periódicos, esa basura que se acoge al procedimiento de las modas para subsistir. Ahora le toca a Salman. Pues venga, leña al mono. No es muy diferente a esas historias enternecedoras de perritos con las que nos castigan a diario. Bazofia todo para la chusma acrítica. Es lo que quieren, pues se lo damos, y que se perpetúe el status quo que, bromas aparte, tampoco es que esté tan mal. Hoy día, aquí y ahora, nada impide a cualquier desgraciado iletrado poder pasar la mañana paseando al perro y luego sentarse en una terraza a tomar un aperitivo. Un plan de vida como otro cualquiera a efectos de realización, cosa subjetiva donde las haya. El caso, ya saben, es empatizar y, para eso, nada como seguir a Vicente, el que da de comer a más gente.
En resumidas cuentas, me parto con esto de Salman y Kashogui. Y con lo de los perritos, que, por cierto, ayer venía en no recuerdo donde una foto de la que es considerada como la más sanguinaria, que ya es decir, de entre todos los guardianes de los campos de concentración nazis y, ¿saben como aparecía?, pues elemental, Watson, abrazada a un cachorrito monísimo. Era la moda de entonces, oye, matar a niños judíos a patadas por las mañanas y acariciar al perrito por las tardes. Seguro que así hacía un montón de amigos.

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