Me estoy dando de baja del mayor número posible de cosas. Entre pitos y flautas ya voy por los trescientos euros de ahorro al mes. Pero sobre todo se trata de un montón de trámites que se van ahorrar mis hijas si la palmo, cosa que, a estas edades, tampoco es que se pueda descartar que ocurra como el que no quiere la cosa cuando menos te lo esperas con un alto indice de probabilidad. ¡Je, je!
Así todo me consterna pensar hasta que punto estoy pillado por multitud de contratos de propiedad y servicios. En realidad en eso va consistiendo la vida, en mantener operativo el endemoniado entramado de ortopedias en el que tengo depositadas todas mis esperanzas de una vida sin problemas. O sea, como diría un cubano, ¡tremenda contradicción, compañero! Te encadenas cada día más para sentirte más libre. Sin duda, en mi caso concreto, todo ello tiene que ver con la falta de autoestima o la depresión recurrente. ¡Ay, si me sintiese apuntalado por mis hormonas! Entonces viviría en un chozo junto a una playa solitaria al sur de Marruecos. O cosa por estilo. Pero siempre sin papeles por medio.
En fin, perdonen el lamento, pero es que me siento tan tonto entre tanta obligación estúpida que...
Nos pasa a todos ,querido Pedro..nos ahcemos viejos,resabiados ..y egoístas..o no?
ResponderEliminarYo diría que también cínicos.
Eliminareso por supuesto..
ResponderEliminarPor eso no hay libro que más guste a estas edades que El Elogio de la Estulticia.
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