Paseo por Palencia y observo. Y me acuerdo de lo que el otro día dijo Sisa, el Cantante Galáctico: hay que volver a llamar a los gitanos, gitanos, y a los maricones, maricones. Porque lo primero que tiene que pasar para que puedas encontrar un sentido a lo que observas es que las palabras con las que lo vas a interpretar tengan un significado apuntalado por largos años de razón compartida.
Viene esto a colación de que ayer, parte por matar el tiempo, parte por suministrarme de primeras necesidades, me acerqué al Carrefour que en francés, por si no lo saben, quiere decir encrucijada. Por así decirlo, el único representante de la raza VOX allí parecía ser yo. El resto, parte minoritaria andina y parte del león gitana. Unos y otros, obviamente, acompañados por sus niños. Con una diferencia fundamental, los andinos, de no ser por sus cortas piernas y anchos tórax que los siglos de puna les labraron, serían indistinguibles de los aborígenes: unidades familiares de cuatro individuos a lo sumo. Los gitanos, por contra, iban por tribus desparramando sus carnes opulentas y sus churumbeles por todo el recinto como si estuviesen discapacitados para percibir lo que les es ajeno. El follón que meten, lo que obstruyen, la de mierdas que consumen, la de basuras que producen y tiran por doquier. Me estuve fijando en un grupo de unos veinte: no creo que ninguno de los adultos llegase a los veinticinco años ni bajase de los cien kilos. Eso sí, impecablemente vestidos todos y todos, también, con la cabeza esculpida. Clase media alta para que nos entendamos. Me puse a elucubrar y llegué a la conclusión de que muchos de aquellos churumbeles tenían que haber nacido rondando sus padres los quince o diez y seis años. Ese es, sin duda, parte importante del futuro de la patria. Y a nadie parece importarle. O preocuparle.
Si leyese esto que estoy escribiendo un El País adicto, no tardaría ni un instante en tildarme de xenófobo, homófobo, y todo lo que hiciese falta para consolidar su conciencia de superioridad moral. Pero de nada le iba a servir porque cuando despertase los gitanos con churumbeles allí iban a estar anclados en su tenebroso pasado: la tribu castradora que impide evolucionar y, lo que es mucho peor, que todo lo invade.
Sí, estoy totalmente de acuerdo con el Cantante Galáctico. E incluso iría mucho más allá: no sólo hay que llamar gitanos a los gitanos sino que también hay que estar continuamente recordándoles que por el camino que se obstinan en ir no van allegar a ninguna otra parte que no sea la de ser una etnia estigmatizada. Así, mi regalo de navidad para ellos sería decirles: tíos, dejar de amontonaros, dejar de comer mierdas, casaros un poco más tarde, ir un poco más y con más respeto a la escuela... en fin, dejar de querer ser singulares en manada porque el concepto en sí es una pura contradicción.
Y colorín colorado... me voy a Santander que es la novia del mar.
eso pasa aquí,o pasaba .con los Sirios y los gitanos albaneses y Rumanos.La mayoría de los Sirios,educados ,bién vestidos ,todos con nivel de Ingles alto-muy alto.A lls pobres los sacaron o los sacamos con horma de su antanho bién organizadoi país.Los otros,los gitanos albaneses y Rumanos..ya los has descrito tú mismo arriba..un abrazo
ResponderEliminarPor cierto,dale oir favor , en estas épocas senhaladas ,un Toque a nuestro querido SAnti,anda hace tiempo algo deprimido
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