jueves, 6 de diciembre de 2018

Qu´est-ce que c´est la merde

Me parto. Me topo en la Calle Mayor Principal con una conocida, de mediana edad tirando a joven, universitaria, con inquietudes sociales... la media, podríamos decir de esta Palencia que sestea. Curiosamente desconoce lo que es Forocoches y que ha sido fundada y se gestiona por un chico que vive en Palencia. Ella iba a la Biblioteca Municipal a un taller de escritura. ¡Típico! No tarda en advertirme, con inequívoco tono de alarma contenida, de "lo que está pasando". ¡Más típico todavía! Por lo demás, es encantadora y alegra el espíritu sentir su mirada dulce e inteligente cuando estás hablando con ella. 

Ni que decir tiene que lo que está pasando es lo de VOX. ¡Grandísima alarma, vive dios! Pero un observador un poco más imparcial, o sea, sin inquietudes sociales, iría por otros derroteros más objetivos. Aquí y ahora, como siempre ha sido en cualquier lugar y tiempo, mientras los unos sestean otros llegan para arar el campo. 

Uno va por las calles y si mira a los lados lo que más veces ve es letreros de "se alquila" o de "liquidación por cierre". Pero no nos alarmemos: la ciudad está más surtida de todo de lo que nunca estuvo. Miles de pequeños comerciantes urgidos por su necesidad de conciliación familiar y demás mandatos divinos fueron sustituidos por otros venidos de allende los mares que no tenían semejantes urgencias. Así, ahora, cualquier cosa que necesitas a cualquier hora y día de la semana sabes que lo encuentras en un bazar regido por chinos. Y si no son horas lectivas, sus hijos les estarán ayudando o jugando en donde pueden ser vigilados. Es otra forma de conciliación familiar sin duda más competitiva. Con los bares, empieza a pasar igual. Los chinos ya se dieron cuenta que no hay nada que más fastidie al cliente habitual que el cierre por descanso semanal. De esta forma, poco a poco, con calidad, amabilidad y constancia se van quedando con la clientela. Cafetería llena a cualquier hora en la gran avenida quiere decir cafetería atendida por chinos. 

Y lo que no es de chinos, es de las grandes cadenas de distribución. Los pequeños comerciantes autónomos de antaño, con ínfulas burguesas, han sido sustituidos por dependientes de comercio con pulsiones proletarias. En definitiva una dulce tristura que es como el poeta llamó una vez a la melancolía. Ese sentimiento de no estar mal, por un lado, pero por otro de añoranza de aquella edad de oro en la que cada cual tenía la impresión de que era dueño de su destino. 

Por tanto, ¿qu´est-c que c´est la merde? Pues nada de particular, solo que el mundo sigue su curso natural de que unos vayan y otros vengan.

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