Me hace mucha gracia que cabezas de reconocida solvencia pensante se pongan a echar pestes de las redes sociales. Ahí, me parece, meten la pata hasta el corvejón, como se solía decir. Quizá pienso así porque esto que estoy haciendo ahora también es manifestarme a través de una red social. Digo la mía y la cuelgo aquí a la entera disposición del respetable. Su difusión, por supuesto, es infinitesimal, pero lo infinitesimal, como es sabido, se integra para dar lugar a cantidades que pueden llegar a ser astronómicas. Que es en lo que estamos.
Por eso es que los verdaderos poderosos del mundo son hoy día los dueños de esas redes sociales. Por así decirlo son los reyes del cálculo infinitesimal. Aquí en España, por poner un ejemplo, está ese tal Marín, que vive precisamente aquí al lado, y que es el dueño de Forocoches. Pues bien, si los listillos de turno, los Arcadi y demás, hubiesen estado atentos a lo que dice Marín hubiesen sabido de antemano todo este asunto de VOX. Porque estaba cantado en Forocoches.
Forocoches, para el que no lo sepa, es la mayor red social en castellano. En ella entran y opinan gente de todo pelaje. Y el Sr. Marín, como es lógico, hace estudios sociológicos de toda esa información. No sólo de las opiniones predominantes del momento, si no, más importante, las tendencias de esa opinión. Y ya nos lo advirtió, que si hace dos años Podemos se lo llevaba de calle entre los miles de jóvenes opinantes en ese foro, de hace dos años para acá se había ido produciendo un slide hacia VOX de proporciones sorprendentes. Al final los hechos lo confirmaron.
Lo de las redes sociales viene a suponer a la opinión lo que la escritura supuso a la historia. No es lo mismo la trasmisión oral de un acontecimiento que su plasmación en un escrito que queda para la eternidad. Lo mismo pasa con la opinión cuando pasa de la barra del bar a una red social. Entonces deja la posibilidad de evaluarla en conjunción con otros millones de opiniones. Y lo más interesante de todo esto es que esa evaluación, a día de hoy, es el mayor negocio del mundo. Y no por nada, sino porque se ha convertido en la mayor maquinaria que nunca el mundo conociera de predicción del futuro.
En fin, ya ven, aquí al lado, mi vecino, tan calladito y, por contra, tan poderoso.
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