domingo, 2 de diciembre de 2018

Adentro y afuera

He leído hoy dos que me han parecido grandes artículos de Espada y Aramburu. Y ahora me gustaría hacer un refrito con ellos y que se me entendiese lo que quiero decir. Es muy simple: el ser humano vive en dos planos, uno hacia afuera y otro hacia adentro. Y para que las cosas vayan de la mejor manera posible hay que no sólo permitir sino también instigar la desmesura hacia adentro y, por contra, practicar con denuedo la contención hacia afuera. La desmesura hacia adentro es lo que mejor nos puede ayudar a conocernos a nosotros mismos; la contención hacia afuera es lo que nos garantiza una convivencia fructífera. 

Claro, en la vida , como en botica, hay de todo. Y todos tenemos algo de todo, pero no cabe duda de que los modelos de equilibrio son raros porque, por el querer de la madre naturaleza, la mayoría tiende a más, incluso mucho más, de unas cosas que de otras. Así, el poeta es alguien que tiende a desmadrarse hacia dentro, mientras que el mesías lo hace hacia afuera. Poetas y mesías, todos, supongo, tenemos algo de ambos dos, pero algunos se decantan a lo bestia por lo uno o lo otro y entonces es cuando trascienden para, por lo general, bien de la humanidad los unos y mal o muy mal los otros. Porque poetas los hay mejores o peores, pero ¿qué daño te pueden hacer personas que intentan mostrarse tal cual son lo más desprovistos posible de las capas de pintura que les fue aplicando la educación? Son los espejos en los que a nada que te relajes verás aspectos de ti que te habían pasado desapercibidos. Pero mesías, ¡uy!, no hay uno bueno y los peores de todos los que se disfrazan de poetas para convencer. Son esos que se califican de sociales, que lo saben todo de los demás para poder enterrar bajo siete losas lo que no les gusta de sí mismos. 

Resumiendo, que ojo al parche, porque poetas siempre los hubo y habrá, pero, no nos engañemos, siempre con cuentagotas y para consumo de minorías elitistas. Mesías disfrazados de poetas, por contra, a porrillo, para consumo de las masas iletradas. Con ellos empiezan todos los retrocesos y catástrofes. Son los que mandan quemar la Biblioteca de Alejandría porque allí está lo que delata su impostura. Como esos periodistas que arrasan con sus prédicas por radio o televisión por el simple procedimiento de negarse a sí mismos con un verbo florido cargado de vehemencia. Esa es en definitiva la dialéctica del mundo: minorías elitistas recreándose hacia dentro contra la masa chusmática vertiéndose en trompa por aquello de arrasar con todo lo que no se le alcanza. La madre naturaleza así lo quiere y sólo nos queda aceptarlo. Bueno, eso me parece a mí.   

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