sábado, 15 de diciembre de 2018

Postergar la gratificación


El armario de la Reina, una declaración de intenciones


Se ve que uno no capisca. Va de soi que una reina tiene que cuidar la imagen porque, en mayor medida que la de cualquier otra persona, es la de su país. Por lo demás, sus intenciones, supongo, dependerán mayormente de sus actos. Porque una reina acude como protagonista a un montón de actos al cabo del año en los que poner a prueba su formación. Claro que, comprendo, los medios de comunicación trabajan en gran medida para el inframundo. Y por eso no van a darle importancia a todo lo relacionado con los méritos académicos de la susodicha. Eso la distanciaría de las masas abominables que todo lo pueden, incluso decapitar a sus reyes. Pelillos a la mar.

Pero, seamos serios, no todo es inframundo. El Rey tuvo una preceptora de excepción y hoy le hacen una entrevista que viene, curiosamente, justo detrás de lo de los vestidos de la Reina. Dice la que fuera preceptora: 

"La respuesta la tiene la neurología. Está en nuestros propios cerebros y en la conciencia humana. El cerebro es algo maravilloso y complejo, donde tenemos esa corteza prefrontal tardía que es la parte que nos enseña frente al lugar del cerebro más profundo y donde se consolidan la memoria, el sentido espacial, etc. Y en esa corteza radica, de alguna manera, la racionalidad. Que consiste en buena medida en la capacidad de decidir. Y en la postergación de la gratificación. En lo que antes llamábamos fuerza de voluntad. Que no es algo etéreo, sino que es el resultado de educar al cerebro. Y la evolución, posiblemente, ha hecho que la mente nos dé la perspectiva de lo que puede pasar si simplemente te dejas llevar por la pasión inmediata, la ira, la egoísta supervivencia, etc."

Me fijo y subrayo lo de postergación de la gratificación. ¡Qué gran hallazgo! Es justo el dedo en la llaga de esta sociedad infantilizada. Es un puro problema de física: la descarga de energía, o serotonina, que toda gratificación supone es imposible, o de ínfima calidad, frustrante en definitiva, si previamente no te has tomado el tiempo suficiente para cargar las pilas. Desde luego que no hay mayor mentira, ni más destructiva, en este mundo que vivimos, que la de tener a la mayoría convencida de que las descargas de serotonina es algo que se puede comprar en las tiendas. Se intenta por todos los medios -la omnipresente publicidad- convencer al personal de que la satisfacción de un deseo es exactamente lo mismo que la satisfacción de una necesidad. De hecho, debemos admitir que en semejante confusión estriba el éxito de la economía de mercado. Si no llenas el cuarto del niño de juguetes le tendrás todo el día dando pataletas, pero también, pondrás en peligro el crecimiento del PIB, es decir, el fundamento de nuestro estado del bienestar. 

Pues sí, como les decía ayer se necesita mucha precisión en el cálculo multivariable para encontrar la salida más rentable a este conundrum que es la vida. Supongo que encontrar un cierto equilibrio entre la calidad y la cantidad de los deseos que queremos satisfacer podría facilitar la resolución del problema. Pero, ¡ay!, ¿quiénes son los que están dispuestos a escoger calidad a cambio de postergar la gratificación? Muy complicado, desde luego. Sobre todo si no estás dispuesto a pegar dos tortas al niño que llevas dentro.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario