"Un menor es maltratado en España en el ámbito familiar cada 84 minutos"
Bueno, esto está mal, muy mal, pero que peor no puede estar y alguien tiene que tener la culpa y, sobre todo, ahí hay un nicho de empleo para socialdemócratas convencidos. Me parto.
El caso es que una vez leí un libro de un tal Immanuel Kant que tenía por título "Sobre la paz perpetua" o cosa por el estilo. Creo recordar que la cosa iba de que por fin la razón triunfa sobre las emociones y sanseacabaron los problemas. Cada cual, en adelante, a cultivar su jardín. Luego, pensando, llegué a la conclusión de que quizá nunca se haya escrito un libro tan falso. Lo suyo, para ser honestos, hubiese sido disertar sobre "La derrota perpetua". Porque de eso es de lo que se trata, de la derrota perpetua de la razón a manos de los sentimientos y sus hijas naturales, las emociones. Y no te digo nada, ahora, con esto del animalismo rampante que llega a asegurar por bocas tan notables como la de Houellebeq que los humanos no llegamos a alcanzar ni de lejos la grandeza moral de los perros. ¡Chúpate esa!
Tomemos como ejemplo el titular de periódico con el que he abierto este post. ¡Pobres niños de España! Cada 84 minutos uno es vapuleado por sus padres. Y allí al lado, por descontado, hay un político socialdemócrata tomando nota. ¡Dios, lo que sería esto sin ellos! Seguramente en vez de cada 84 sería cada 83. ¡Oye, por el bienestar de los niños lo que haga falta! Es el sentir dominante y no hay más que opinar.
Tampoco es que yo quiera exagerar, porque algo habrá tenido que ver cierto triunfo de la razón para que el mundo haya mejorado tanto, pero eso no quita para que me dé cuenta de que para el gran público constatar esa mejora es fuente de desolación. Imagínense que a las masas enchusmatizadas les da de repente por ponerse a estudiar estadística... sí, un imposible metafísico, desde luego, pero vamos a hacer ese ejercicio de ficción; entonces, qué pasaría si cayesen en la cuenta de dónde venimos y con quién nos comparamos. Y, lo que sería peor, de la insignificancia significativa de las cifras en la que se sustenta su consuelo. No, querida, los hombres no están acabando con las mujeres: de 15, o así, millones de parejas que hay en España el año pasado la tragedia sólo alcanzó a 48 de ellas. Y sí, por supuesto que mal rollo en las relaciones de pareja lo hay a mansalva, pero eso forma parte del enriquecimiento de la experiencia que conduce al sosiego y disfrute de los años tardíos. Así que, ¡ojo!, porque llamar a eso violencia delata al socialdemócrata al acecho de subvenciones.
En resumidas cuentas, no me creo, ni siquiera estando ciego de grifa, que los niños estén maltratados en este país. Más bien tiendo a pensar que pasa lo contrario, que les malcrían de tanta atención como les prestan. Y por supuesto que habrá casos detestables que hay que atajar. Pero de ahí a ese ideal socialdemócrata de la armonía familiar perpetua hay un abismo. Si en la familia no hay una cierta guerra continua, al final te salen unos niños que no sirven para otra cosa que pasarse la vida viendo injusticias por doquier. Y quejándose, por supuesto. Y votando socialdemócrata por demás.
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