martes, 11 de diciembre de 2018

La devastación



De las Metamorfosis de Ovidio lo que más recuerdo es cuando Faetón se puso a conducir el carro del Sol y no supo controlarlo. Ahora que tanto se habla de calentamiento global y demás premoniciones apocalípticas me llama la atención que nadie haya traído a colación ese texto. Claro, yo era bastante más joven cuando lo leí y, además, fumaba porros. Así todo, con mi frialdad de hoy, creo que un escalofrío me recorrería el espinazo si lo volviese a leer. En la vida hay cataclismos y cataclismos y a algunos se les ve venir de lejos.  

O es que alguno con dos dedos de frente podría pensar que la de la foto de arriba no iba a acabar en la de la foto de abajo. Y es que cualquiera no puede conducir cualquier carro. ¡Con esos pelos! Y esas tetas como dos carretas... perdón, pero me es imposible obviarlas. ¡Estas putas hormonas...!

Me parece que es Hendel el que tiene un tema que se llama Faetón. Me gustaba interpretarle con la travesera. Recuero que, incluso, alguna vez, me acompañaba una de mis hijas al piano. ¡Qué tiempos aquellos! No creo que ellas se acuerden. Anyway, lo que estoy pensando ahora es que es una pena que la humanidad viva en la ignorancia de nuestros mitos constitutivos. Por supuesto que el de Prometeo no tiene parangón. Seguimos empeñados en robar fuego a los dioses como si no hubiese que pagar precio alguno por ello. Y a los hechos hay que remitirse: cada vez son más pesadas las cadenas que arrastramos. Pero es que lo de Faetón no le va a la zaga. Niñatos mimados a los mandos de las naves por todos los sitios. Esto que llaman democracia: jóvenes, guapos y atractivos ¿para qué se necesita más? Cuantos más estudios se tengan más líos se arma uno en la cabeza. Un deportivo, y más por estas autopistas, lo sabe conducir cualquiera. Luego, como reza la leyenda que hay en una cruz a la orilla de una carretera que frecuento: "dios a veces es injusto". Un Faetoncillo gilipollas estrelló su moto en aquella recta infinita. Lo que no puede ser no puede ser y, donde no hay entendimiento, el hábito califica. 

En fin, esas devastaciones anunciadas... 

No hay comentarios:

Publicar un comentario