lunes, 21 de enero de 2019

Contratos

 Siendo muy joven me divorcié. Y como no podría ser de otra manera, luego, a lo largo de la vida, he pensado bastante en aquel trance devastador. Sí, porque no fue fácil ni mucho menos incruento. Y el caso es que yo admiraba bastante a mi mujer y tenía una confianza absoluta en ella, pero había algo que me hacía profundamente infeliz y no era otra cosa que la cantidad de compromisos a los que el matrimonio me obligaba. Bueno, agua pasada no mueve molino, pero es inevitable que todo esto del Brexit, con sus interminables quebraderos de cabeza, me traiga recuerdos de todas aquellas amargas lecciones que necesité recibir para saber un poco de la vida. 

Porque esto del Brexit no va ni de lejos de que las partes en discordia se odien, no, es simplemente una cuestión de diferentes concepciones sobre lo que debe ser el compromiso. Por qué, se preguntan los británicos, hay que tener firmados papeles hasta para estipular a que hora tiene que ir al baño cada uno, como en los contratos que Sheldon le hace firmar a Leonard para asegurar la convivencia. ¡The Big Bang Theory,  qué gran Biblia!

Esa es la cuestión, que sobran papeles firmados. No entiendo que las personas tengan que someterse a los rituales del matrimonio para vivir juntos y procrear. Porque, además, es que la realidad demuestra hasta la saciedad que esas ataduras simbólicas, llegado el momento del hastío, no sirven para nada. Es solo el convencimiento de que se está saliendo ganando el que perpetua la validez de los contratos. Sean éstos tácitos o ante notario.   

En fin, qué gran lección colectiva es todo esto del Brexit. Y todo por no saber hasta qué punto hay que comprometerse. Porque nos tiramos de cabeza al compromiso con demasiada frecuencia pensando que nos va a favorecer de por vida. ¡Sancta simplicitas! Lo suyo es conformarse con meter el pie entre la puerta y el quicio, como hacen los vendedores de enciclopedias a domicilio, para evitar que la otra parte te descarte. Y luego ir viendo. Y tener siempre trazado el plano de la retirada la víspera de cualquier batalla. Como recomendara el estratega sombrío. Que ese sí que sabía. 

Resumiendo, que hay que leer los contratos y tomarse un tiempo antes de firmarlos. Así, estoy seguro, no se firmarían ni la mitad. Y viviríamos mejor. 

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