domingo, 20 de enero de 2019

Galgos en Campo




Ayer por la tarde andaba matando el aburrimiento a golpe de zapping y de pronto me quedé colgado de un espectáculo fascinante. Se trataba del campeonato de España de Galgos en Campo. Bueno, yo sabía de este tipo de actividades porque en La Tata de Cuenca me lo habían explicado a propósito de un galgo negro, Faruk de la Tata, que tienen disecado en una esquina de uno de sus comedores. Según nos contaron había sido campeón de España y se había roto la nuca saltando una zanja. Por otro lado me había llamado mucho la atención un mural que hay en Baquerín de Campos en el que se ve a una pareja de galgos persiguiendo a la liebre sobre un fondo netamente castellano con iglesia incluida. Pues bien, ayer me metí en todo este ajo y mientras lo saboreaba pensaba que difícilmente podría haber un espectáculo que lo superase en valores estéticos. Claro que ya saben que para mí los paisajes castellanos representan el sumun de los trabajos de Dios sobre la Tierra. 

En un campo cabe  Nava del Rey con la torre del homenaje del castillo de La Mota en lontananza soltaban una liebre y unos segundos después salía disparada una pareja de galgos en competición por la presa. La cosa parece sencilla, pero no vean todo el ritual que rodea al proceso. Los jueces a caballo impecablemente uniformados. Los lanzadores de los galgos que ríanse de los cien metros lisos de las olimpiadas, los atavíos del público, parte de él, a caballo, los tocados de las señoras... bueno, como si fuese Ascot, pero sin horterismo britis. Y luego, los regates de la liebre, una de las manifestaciones más sorprendentes de la naturaleza de entre las encaminadas a perpetuar las especies. 

Bueno, lo tienen mal los animalistas, como lo tienen las feministas, como lo tendrán por siempre jamás todos los que quieran doblar el brazo a la biología. Adiestrar a los galgos para que cacen liebres supuso un paso de gigante en la evolución. Los padres, así, tuvieron mucho más fácil el suministro de las vitales proteínas animales a su prole. Como cazar con halcones o pescar con cormoranes, técnicas que la humanidad se empeña en conservar no vaya a ser que las cosas se tuerzan y las vayamos a volver a necesitar. Como navegar a vela y tantas otras habilidades que algunos consideran cosa de señoritos con un punto de desprecio porque la envidia les impide comprender el papel fundamental que la evolución tiene reservado a los señoritos. ¿Acaso no lo fueron Newton y Cavendish? Pero, bueno, esa es otra historia. 

Resuiendo, me imagino, que entre otros aspectos menos relevantes, entre el público expectante estarían corriendo las apuestas con profusión. ¡Ay, las apuestas! ¿Que hubiese sido el mundo sin ellas? Supongo que están ahí porque ayudan a canalizar de una forma civilizada parte de las pulsiones suicidas inherentes a la condición humana. En cualquier caso, sin ellas, olvídate de Galgos en Campo y yo qué sé cuantas cosas más que ya haría mucho que se habrían ido al garete. ¡Es todo tan enrevesado!

3 comentarios:

  1. queirod Pedro ,te dejo esto a nombre de epílogo https://elpais.com/elpais/2018/12/05/mundo_animal/1544030797_341023.html

    "a la mujer y al galgo ,a la vejez les aguardo"

    ResponderEliminar
  2. Date cuenta,Pedro,que éstas prácticas se llevan haciendo desde que empezaron las ayudas por violencia de género,hace 8 anhos.Esto no suele salir en los papeles

    ResponderEliminar
  3. Bueno, a esa vegana de la jaula, si en vez de con gallinas estuviese con una buena polla quizá cambiase de opinión. Por otro lado eso del PETA yo siempre había creído que iba de porros, pero no, va de que está mal decir coger al toro por los cuernos. Cuando el diablo se aburre...

    ResponderEliminar