He leído que Houellebecq ha publicado una nueva novela. Y que por lo visto en ella dice cosas tirando a laudatorias de Franco. De cómo desarrolló la industria turística y lo que ello supuso para el bienestar de los españoles. Bueno, tarde o temprano tenían que surgir voces de peso llamando a las cosas por su nombre. De hecho, esta nueva ola de paganismo que se extiende por todo occidente ya se venía anunciando con el poderoso movimiento intelectual de los nouveaux reac. Cada vez más gente se venía dando cuenta del efecto demoledor sobre el intelecto de esa ideología salida de las sacristías cristianas que es el buenismo izquierdista. Un cáncer del espíritu que ya afectaba por igual a todo el espectro político. La corrección impostada cada vez hacía vomitar a más gente.
Pongamos por caso a Sheldon Cooper. ¿Qué es lo que le ha llevado a ser el protagonista de serie televisiva más famoso del mundo en estos momentos? Su inteligencia prodigiosa unida a su nula habilidad social le lleva a ser la incorrección política en persona. Dice todo tal cual es y eso tiene una gracia descacharrante. Es lo que tiene la verdad en la ficción, que se convierte en chiste cuando la realidad encorsetada por la mentira no deja respirar. Porque esa es la realidad imperante por doquier, llamar a las cosas según conviene a los vampiros que viven de ellas. El famoso clero. Convendría volver a leer a Voltaire para saber lo que es eso. Y también, volver a desayunar champán y ostras, como hacía él, para que se nos despeje la mente.
Toda esta chusma socialdemócrata que pretende gobernarnos está carcomida por la ignorancia. No dedica ni un minuto al día a ilustrarse. Leen libros, sí, pero de los que marean la perdiz con los pequeños cambios que hay que hacer para que nada cambie. Y así van haciendo cada vez más profundo el pozo de su ensimismamiento. Claro, a cualquiera con dos dedos de frente se le alcanza que nadie con capacidad para adentrarse en las Feynman Lectures se le pudiese ocurrir dedicarse a la política como profesión. Por eso es que estos mindundis en el poder ignoran las leyes fundamentales de la física, o sea, de la naturaleza de las cosas. De lo contrario sabrían que toda acción es seguida de inmediato por una reacción de igual o superior potencia. Y de ahí, y no de otra causa, surgen por doquier todos estos partidos políticos con la vitola de extremistas. Al parecer, nadie en lo que se conoce como stabliment quiere darse cuenta de que es el propio stabliment el que ha adquirido unas características de estupidez extrema.
Bueno, a mi modesto entender las cosas se están poniendo de lo más divertidas. Ayer el dueño del Bariloche me estuvo haciendo chistes a propósito de los subnormales de San Juan de Dios. Yo le comprendía porque tenía delante la foto de nuestro Presidente de Gobierno en bañador saltando por entre las rocas de una playa de Lanzarote. ¡Menudo batacazo se va a pegar! Quizá convendría ir reservándole habitación en San Juan de Dios.
Querido Pedro,Feliz anho y tal...Ya se sabe que la izquierda siempre fué poco lustrada...un abrazo
ResponderEliminarsi esto de Houellebecq sobre Franco lo dice aquí alguno ..pobrecillo...
ResponderEliminarAsí corre el mundo, querido Nacho, teniendo al Sagrado Corazón de Jesús de tu parte no hace falta para nada gastar tiempo y esfuerzos en lustrarse. Lo de Houellebecq, ya veremos. Creo que no lo voy a leer porque me da la impresión de que ya dio de sí todo lo que tenía que dar. Se repite. Un abrazo.
ResponderEliminara mí,lo de los pantanos...y Lopez -rodó..que quieres que te diga,me encantaba.Y comerse unas pipas calientes en el cine Vitoria viendo sesión doble..pues era algo equivalente ahora-lo imagino,no lo sé-a tener el último celular de alta gama...
ResponderEliminarÉramos jóvenes y vivíamos. Por cierto, el cine Vitoria era una al principio de la calle Panaderos, junto al Campillo? Allí vi yo casi todo Hitchcock. De dos en dos. Aunque sin pipas. Bueno, en Francia lo de las pipas en el cine tendría diversos significados.
ResponderEliminarel Vitoria estaba al final de la avenida Italia,en el último edificio que separaba brutalmente Salamanca de los Pizarrales con unn descampado en donde se ponían las ferias ,lo de Manolita Chen el tren barbudo y aquellas casetas para tirar perdigonazos a las botellas de soberanoy los peluches.
Eliminarpor cierto ,creo que existe hoa todavía el Bar Claudio,justo enfrente de lo que antes era el Vitoria,y donde aún ponen una sardinas crudas y ancas de RAna que no se las salta un gitano
EliminarComo pienso ir a Salamanca dentro de poco con motivo de la venida de Santi, por marzo o así, ya echaré una ojeada a todo aquello que dices...aunque lo de Manolita Chen no creo que la pille. Aunque las ancas de rana bien valen hasta una misa.
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