jueves, 29 de octubre de 2020

Papas con chorizos

 




¿Será que ya se acabó la estimulina? He visto a mucho analista maravillado últimamente. ¿Pero cómo puede ser, no hacen más que cerrar negocios y la bolsa no solo no baja sino que incluso sube? Lo achacaban a la estimulina. Una hormona que segrega el Estado cuando está estresado. Pero, claro, ya saben lo que pasa con los hormonas, que las glándulas que las segregan más antes que después se agotan si las exprimes más de la cuenta. Y así es que, como hace días que la bolsa baja, los mismos analistas que se maravillaban han empezado a dar muestras de culo prieto. Podría ser, ya, ésta, la vuelta de tuerca definitiva. ¿Definitiva de qué? Bueno, habrá que esperar para ver. 

Es lo de siempre, tómale el pulso al capital y sabrás cual es la salud del sistema. Porque el capital es al sistema lo que la sangre al cuerpo. Necesita ser bombeado hasta los lugares más recónditos so pena de necrosis. Y eso es justo lo que algunos temen, que las necrosis habituales se gangrenen e invadan con sus gérmenes el torrente capitalino. En fin, como ya señaló Tucídides, los resortes de la Historia son oscuros. Así todo hay cosas suficientemente claras como para que nos paremos a considerarlas. 

Venía siendo dogma de fe que el papel clave de los bancos centrales era mantener la inflación en límites aceptables. Si la inflación bajaba el banco inyectaba dinero en el sistema, la gente notaba que sus bolsillos se abultaban y empezaba a gastar. Entonces la inflación subía y el banco, automáticamente cerraba el grifo con lo que los bolsillos se adelgazaban y se compraba menos y la inflación caía. Esto, más o menos, era lo que nos explicaban para convencernos de la ineludible necesidad de los bancos centrales. Pues bien, llevamos ya demasiados años sin que nadie nos dé explicaciones de por qué a pesar de que los bancos centrales inyectan e inyectan dinero en el sistema sin mesura, la inflación no solo no sube sino que incluso tiende a bajar. ¿Qué le sucedió a aquel dogma? Es como si ahora nos viniesen con el cuento de la concepción de la Virgen, en realidad, no fue inmaculada.  

Claro, toda esa teoría del sube y baja, o mete y saca, estaba basada en la idea de que la producción de bienes y servicios tiene un tope. Si las compras de la gente se acerca a ese tope los bienes empiezan a escasear y, entonces, sube la inflación. Sería muy lógico si todas las premisas empleadas en el razonamiento fuesen realmente premisas. Pero, ¿y si resulta que la producción de bienes y servicios no tiene tope? Entonces, compra y compra y compra hasta que los bienes de consumo te asfixian y las estanterías de los supermercados y demás retailers siguen estando abarrotadas. 

En fin, estoy esperando con verdadera ansiedad a que venga el Papa a explicarme porque ya no hace falta que la Virgen lo siga siendo. Quizá, digo yo, la cosa venga de tanto guiso con chorizos.  

Por cierto que menudo careto tiene el Papa en la foto. Se ve que no quiso decir patata.  

  

2 comentarios:

  1. Pues es verdad lo del careto del Papa,oyes,como diría un castizo.Este Papa no me convenze mucho.Como decía,creo,Churchill.no hay nada peor que un joven conservador o un viejo comunista.

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    1. Eso me parece, que un viejo comunista es casi un imposible metafísico.

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