martes, 13 de octubre de 2020

Por bulerías

Ahora va y dice la televisión alemana que son los parásitos intestinales los que protegen contra el Covid. Y yo que me descojono. Esta chusma mediática que ya no sabe en qué dar con tal de tener enganchada a la gente. Bueno, yo de estas cosas hablo por hablar porque la única información que tengo son los titulares de los vídeos que colocan las televisiones públicas en YouTube. Ni por asomo se me ocurriría abrir uno de esos vídeos. Veo que algo que es público y echo a correr como alma que lleva el diablo. Porque para mí lo público es sinónimo de hez. Es lo que recoge a todo lo que es incapaz de luchar, de valerse por si mismo. Nunca aportó lo público al mundo más que inmundicia y depravación. Y me da igual que me venga cualquiera con la milonga de las meriendas gratis a la orilla del Tiberiades. Le diré que muy bien, que le aproveche, y me apartaré todo lo que pueda de él para que no me contamine su ruindad. 

Como algún vecino ha tenido la amabilidad de ponerse a tirar de la cadena, y cosas así, a las tres de la mañana, he perdido el ritmo del sueño y he optado por levantarme. Total, que me he hecho una tortilla francesa y me la he tomado acompañada de un café con leche, Completamente reconfortado ya, me he sentado en la ikea reclinable, he colocado el laptop sobre mi lap y me he aprestado a navegar. Como por un regalo de los dioses lo primero sobre lo que ha caído mi vista ha sido una fiesta gitana por bulerías en Morón de la Frontera en homenaje a Diego de Gastor. Bueno, España también es esto, he pensado, y se me han disipado las pesadumbres acumuladas por los aciagos acontecimientos en curso. Claro, allí estaba reunida la aristocracia de la gitanería. Una aristocracia ligada al dominio de un arte ancestral. No se reúne esa gente para matar el rato, ni mucho menos. Se reúnen para para perfeccionarse como personas. Se reparten el protagonismo escrupulosamente y todos son jaleados en su momento de gloria. Niños, padres, abuelos, bisabuelos y hasta puede que tatarabuelos. La jerarquía no se nota pero está ahí, porque se da el caso de que todos saben distinguir. 

Así las cosas, uno no se extraña en absoluto de que en España haya tanta gentuza, Porque es necesario que tanta excelencia tenga su contrapeso so pena de descarrilar. Supongo que en todo los sitios será más o menos igual, pero apuesto que España es más igual que todos. Aquí, como decía aquel título de película, los extremeños se tocan. A la chusma le vienen repitiendo desde tiempos ancestrales y desde todos los púlpitos que nadie es más que nadie y por eso es que se atreve a tutear a la excelencia con absoluta impudicia. Precisamente, se lo tuvo que recordar Don Quijote a Sancho para bajarle los humos: nadie es más que nadie, amigo Sancho, si no ha hecho más que nadie, le dijo. Pero ya me dirán, a ver quién es el chusma que se atreve con El Quijote. 

Así que, si hacen caso a los alemanes, ya saben lo que tienen que hacer para poder prescindir del barbijo, que dicen los argentinos: agarrar la solitaria. Bueno, puede que con las lombrices baste. En cualquier caso, no pienso enterarme. 

1 comentario:

  1. Tengo un companero de trabajo alemán ,que ya antes de la pandemia rechazaba cualquier contacto.Está bién así,pues es feo de cuerpo y de careto.Siempre andaba abriendo las puertas con el codo y nunca daba la mano a nadie.Ahora a impuesto-Yo no lo respeto-que la gente vaya al servicio con mascarilla..yo me escojono con la idea de la gente sentada en el water cagando y con la mascarilla puesta.No deja de tener un punto de Marqués de SAde o de película de Pasolinni.

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