Por más que lo intento no lo logro. Quiero decir el adquirir un cierto interés por las cosas de los animales irracionales más allá de su condición de fuente de aminoácidos esenciales y de material indispensable para la experimentación biomédica. Tiendo a pensar, con un indudable punto de paranoia, que tiene que haber algún tipo de trastorno severo en mi cerebro para que una cosa que embelesa de tal modo a la práctica totalidad de la humanidad a mí no solo me deja frío sino que me produce más bien aversión. Pero bueno, así son las cosas y con esta cruz tengo que vivir.
Aunque, por otro lado, tiendo a rebelarme contra la idea de que todo el trastorno al respecto está de mi lado. También, pienso a veces que hay algo enfermizo en esa insistencia con la que, por tierra, mar y aire, se nos quiere convencer de algo así como de una especie de redención a través del amor y la comunión con los animales. Es como si el hijo de Dios esta vez se hubiese encarnado en algo con cuatro patas y una instintiva propensión a husmear ojetes... una forma, al parecer, de trascenderse mucho más en consonancia con la idiosincrasia popular que no el dichoso Calvario de tan nefasto recuerdo.
El caso es que mire para donde mire tengo que tragar. No digo ya cuando voy por la calle, que no veo más que actos de fe que son auténticas provocaciones al sentido común y la ordenada convivencia. Y, sin embargo, a nadie parece importarle. Que las ciudades rebosen de las inmundicias caninas es el canon que tenemos que pagar por tal de alcanzar las nuevas formas de trascendencia. Así, da la impresión de que ha llegado el momento de cualificar a las personas por el tipo de perro que lleva al lado. Todo lo demás es accesorio.
Pero lo que sobre todo me resulta estragante son los medios de comunicación. Rebosan de información sobre las monadas que hacen los animales. Por no hablar de las hazañas de los cruzados de la nueva causa que te dejan patidifuso. Si enchufas la televisión un rato por las tardes no veras más que amor cósmico de ese tipo. Ayer era todo un instituto para la preservación de la vida salvaje que se había puesto como meta la salvación de una nutria marina que había sido malherida por el ataque de un tiburón. La única conclusión que pude sacar del asunto es que con lo que había costado el empeño, por supuesto reussi, muy bien se pudiera haber mantenido una residencia para cien ancianos durante un año o puesto en servicio diez mil hectáreas de cultivos de regadío. ¿Pero, y el amor cósmico? ¡Ah! Eso no tiene precio.
En fin, solo pido a los dioses omnipotentes que tengan a bien no agravarme la enfermedad porque de lo contrario voy a necesitar pastillas.
domingo, 30 de abril de 2017
sábado, 29 de abril de 2017
El primer cerebro
El Papa no calla. Ahora ha dicho que pide un "no" "alto y claro" a la violencia en nombre de Dios, por su puesto con mayúscula aunque solo sea porque vive de Él, también con mayúscula.
Vivir de Dios, como de cualquier cosa de la que se vive, exige prudencia a la hora de ponerse a filosofar sobre ella. Y no por nada sino por la insidiosa variable que el estómago indefectiblemente introduce en el correcto razonar sobre las cosas que le afectan. Al que vive de Dios es muy difícil que el estómago le permita dilucidar al respecto lo que tiene de creencia y lo que tiene de hecho. Para un Papa, que Dios existe va de soi o apaga y vámonos. Porque sería demoledor para él recurrir al método cartesiano. ¿Por qué existe? ¿En qué me baso? ¿Y que voy a hacer ahora con el baldaquino de Bernini si me pongo a dudar? No, la sola veleidad de cuestionárselo es blasfemia y se paga con la muerte, so pena de desmoronar todo el tinglado.
La cosa viene así desde el principio de los tiempos: lo que no se puede defender con la razón, si vives de ello, lo tienes que defender con la violencia. Y esa es la única razón por la que las religiones no paran de matar mientras están en el centro de la organización social. Y el Papa éste puede muy bien ir por el mundo blasonando de pacifista porque representa a una religión que ya no representa nada, valga la redundancia, más allá del espectáculo surrealista que dan con sus baldaquinos y brocados de oro. Como cualquiera que utiliza su riqueza patrimonial para apabullar a los pobres de espíritu que decía el fundador.
Por tanto eso que sostiene el Papa es lo más parecido a un oximorón. Creer y ser pacífico, lo siento, pero no cuadran las cuentas. Porque para ser pacífico es condición sine qua non saber cuestionar tus argumentos a la vista de los del contrario. Es decir, utilizar lo que nos hace tan especiales a los humanos, la capacidad de razonar. Razonando con el contrario siempre se llega a una situación de ganancia para todos. Y esa es la cuestión, que como dijo Nosequién, religión que razona, religión muerta. En definitiva, cambiando un poco la letra de aquella irreverente canción estudiantil podríamos decir: aunque el Papa es infalible con la boca, con el estómago siempre se equivoca. Y es que no en vano algunos llaman al estómago el primer cerebro.
viernes, 28 de abril de 2017
Gimnasia mental
Me mandó Pedro el otro día el enlace de una entrevista que le hace Pablo Iglesias a Antonio Escohotado. Lo primero que se me ha ocurrido pensar después de verla ha sido que qué infinita paciencia la de Escohotado para aguantar una hora a semejante baúl repleto de tópicos gastados revestidos de erudición exquisita. Pero, después, una vez reposado el hastío, he considerado que ese vídeo no tiene precio como pieza pedagógica.
Supongamos que en todos los colegios fuese obligatoria la práctica de una hora diaria de gimnasia mental. Nada de libros ni de nombres rimbombates, simplemente se agarra un tema cualquiera de actualidad y se empieza a darle vueltas, confrontando las diversas experiencias y opiniones, para ver en que queda tras el meneo. Algo que, por supuesto, para cumplir su función tendría que ser llevado a cabo bajo la estricta observancia del discurso del método cartesiano -el papel del moderador- porque, de lo contrario, tendríamos discusiones de patio o taberna... o de célula comunista.
El caso es que supongamos que en esa clase de gimnasia se pasa el vídeo de marras y luego se analiza. La primera conclusión sin duda sería la de confirmar la certeza shopenhaueriana de que no hay nada más fatigoso en este mundo que conversar con un necio. Un necio, para que nos entendamos, es alguien que tiene preparada la respuesta antes de haber escuchado el argumento del otro. Lo siguiente es soltar esa respuesta como si fuese un tiro certero, sin dejar que transcurra un cuarto de segundo desde que el otro terminó su exposición. Entonces, Escohotado, medio deconcertado, va y dice, ya, pero no es eso... y se revuelve en la butaca y se mesa los cabellos porque Iglesias ya esta disparando otro de sus tópicos exquisitos con la aparente convicción de que está desarmando las razones de su oponente. Y, efectivamente, debemos suponer que la inmensa mayoría de la audiencia de fieles a la causa que les observa sale convencida de que ¡menuda paliza dialéctica ha recibido ese simpático viejo reaccionario!
En fin, digo lo de las clases de gimnasia mental porque no se me ocurre otra manera de poner freno a la que considero es la más peligrosa arma de destrucción masiva, es decir, el uso de los tópicos que, encima, si se sueltan con rapidez y vienen revestidos de erudición exquisita, arrasan con todo. Al respecto tendrían que escuchar estos días a los crecidos gurús del Frente Nacional. El único arma que les queda a sus oponentes es la mala educación de cortarles a medio discurso porque la seguridad con la que sueltan sus disparates es seguro que cala hasta el fondo en las mentes de los que abominan de la agonía. O sea, la inmensa legión de los borregos. Y eso que, a D. G., han quitado a Melanchón de en medio, porque si hubiésemos tenido una confrontación entre iguales que pretenden ser diferentes, melanchonianos contra lepenistas, es más que probable que en cuatro días estábamos todos pasando hambre. Así que por esta vez parece que se han salvado las mascotas, pero que no se fíen.
Supongamos que en todos los colegios fuese obligatoria la práctica de una hora diaria de gimnasia mental. Nada de libros ni de nombres rimbombates, simplemente se agarra un tema cualquiera de actualidad y se empieza a darle vueltas, confrontando las diversas experiencias y opiniones, para ver en que queda tras el meneo. Algo que, por supuesto, para cumplir su función tendría que ser llevado a cabo bajo la estricta observancia del discurso del método cartesiano -el papel del moderador- porque, de lo contrario, tendríamos discusiones de patio o taberna... o de célula comunista.
El caso es que supongamos que en esa clase de gimnasia se pasa el vídeo de marras y luego se analiza. La primera conclusión sin duda sería la de confirmar la certeza shopenhaueriana de que no hay nada más fatigoso en este mundo que conversar con un necio. Un necio, para que nos entendamos, es alguien que tiene preparada la respuesta antes de haber escuchado el argumento del otro. Lo siguiente es soltar esa respuesta como si fuese un tiro certero, sin dejar que transcurra un cuarto de segundo desde que el otro terminó su exposición. Entonces, Escohotado, medio deconcertado, va y dice, ya, pero no es eso... y se revuelve en la butaca y se mesa los cabellos porque Iglesias ya esta disparando otro de sus tópicos exquisitos con la aparente convicción de que está desarmando las razones de su oponente. Y, efectivamente, debemos suponer que la inmensa mayoría de la audiencia de fieles a la causa que les observa sale convencida de que ¡menuda paliza dialéctica ha recibido ese simpático viejo reaccionario!
En fin, digo lo de las clases de gimnasia mental porque no se me ocurre otra manera de poner freno a la que considero es la más peligrosa arma de destrucción masiva, es decir, el uso de los tópicos que, encima, si se sueltan con rapidez y vienen revestidos de erudición exquisita, arrasan con todo. Al respecto tendrían que escuchar estos días a los crecidos gurús del Frente Nacional. El único arma que les queda a sus oponentes es la mala educación de cortarles a medio discurso porque la seguridad con la que sueltan sus disparates es seguro que cala hasta el fondo en las mentes de los que abominan de la agonía. O sea, la inmensa legión de los borregos. Y eso que, a D. G., han quitado a Melanchón de en medio, porque si hubiésemos tenido una confrontación entre iguales que pretenden ser diferentes, melanchonianos contra lepenistas, es más que probable que en cuatro días estábamos todos pasando hambre. Así que por esta vez parece que se han salvado las mascotas, pero que no se fíen.
jueves, 27 de abril de 2017
Caca
El programa de debate que dirige Élisabeth Quin en la cadena ARTE está considerado lo más de lo más en su especie por parte de nuestros vecinos del norte. Claro que si lo comparas con los debates de las cadenas anglosajonas yo diría que es una caca, pero así y todo lo suelo mirar a ratos, más que nada porque del cuidadoso análisis de las cacas se pueden sacar muchas conclusiones acerca de quien las produce.
Ayer trataban sobre las diferentes recetas que tienen los candidatos para combatir el chômage, que es como allí le dicen al paro. El de Macrón sostenía hacer lo mismo que hacen en los países a los que les va bien. El lepenista era tonto sin paliativos -quería obligar a los franceses a comprar muebles hechos en Francia-, pero le salvaba el mal trato que le daban todos los demás sin excepción. Luego la sindicalista de turno experta en tópicos decimonónicos. Sí, toda esa caca olía mal, tenía mal color y su consistencia tendía más que a lo líquido a lo gaseoso. Sin duda, si debaten así, quitándose la palabra unos a otros y, sobre todo, no dejando hablar al que dice tonterías, es que la cosa es grave.
Efectivamente, casta o trama, tengo que dar la razón, al menos en parte, a esos de Podemos. Concretamente, en el prestigioso -entre comillas- programa del que les hablo, me da la impresión de que una gente con méritos muy limitados se ha hecho con el poder y le mantiene a golpe de clientelismo. Hay un núcleo duro que lleva años acudiendo día sí y día no a darse la razón unos a otros. ¡Y a cobrarrr! Una idea de quienes son la podría dar el comienzo de la biografía en la Wiquipédia de la mentada presentadora, Señora Quin: Elle a été adoptée, et a adopté une Cambodgienne. Como ven, grandes méritos.
Por supuesto, la carcoma feminista es bandera de enganche. Y para remachar la consistencia del compromiso la pestilencia animalista. En definitiva, no prescinden de una sola de las casposas artimañas que sirven para atraer la simpatía de los peores.
En fin, espero que gane Macrón y que eso ayude a Francia, y a nosotros de rebote, a darse cuenta de que lo de Élisabeth es una jodida impostura, madre de todas las decadencias.
Ayer trataban sobre las diferentes recetas que tienen los candidatos para combatir el chômage, que es como allí le dicen al paro. El de Macrón sostenía hacer lo mismo que hacen en los países a los que les va bien. El lepenista era tonto sin paliativos -quería obligar a los franceses a comprar muebles hechos en Francia-, pero le salvaba el mal trato que le daban todos los demás sin excepción. Luego la sindicalista de turno experta en tópicos decimonónicos. Sí, toda esa caca olía mal, tenía mal color y su consistencia tendía más que a lo líquido a lo gaseoso. Sin duda, si debaten así, quitándose la palabra unos a otros y, sobre todo, no dejando hablar al que dice tonterías, es que la cosa es grave.
Efectivamente, casta o trama, tengo que dar la razón, al menos en parte, a esos de Podemos. Concretamente, en el prestigioso -entre comillas- programa del que les hablo, me da la impresión de que una gente con méritos muy limitados se ha hecho con el poder y le mantiene a golpe de clientelismo. Hay un núcleo duro que lleva años acudiendo día sí y día no a darse la razón unos a otros. ¡Y a cobrarrr! Una idea de quienes son la podría dar el comienzo de la biografía en la Wiquipédia de la mentada presentadora, Señora Quin: Elle a été adoptée, et a adopté une Cambodgienne. Como ven, grandes méritos.
Por supuesto, la carcoma feminista es bandera de enganche. Y para remachar la consistencia del compromiso la pestilencia animalista. En definitiva, no prescinden de una sola de las casposas artimañas que sirven para atraer la simpatía de los peores.
En fin, espero que gane Macrón y que eso ayude a Francia, y a nosotros de rebote, a darse cuenta de que lo de Élisabeth es una jodida impostura, madre de todas las decadencias.
miércoles, 26 de abril de 2017
See beyond
Les cuento esto porque I24News, uno de los canales que más frecuento, tiene como coletilla see beyond. Y see beyond siempre me ha parecido la clave para todo en esta vida. Porque si no ves más que lo que tienes delante de las narices estás copado. Y si pretendes ver más es muy peligroso que lo hagas sin haberte sometido antes a un cuidadoso y muy trabajoso aprendizaje. De hecho, de continuo nos enfrentamos a visionarios que nos cuentan su interesada y por lo general muy bella interpretación de lo que hay más allá de lo que se ve. Vendedores de paraísos de toda laya que si te descuidas te meten en un infierno del que te costará salir.
Por eso lo de see beyond no solo me parece un buen slogan sino, también, una advertencia imprescindible que debe animarte a volver a la escuela un día tras otro sin que nunca puedas llegar a concluir que ya aprendiste lo bastante al respecto. Porque sí, a la hora de la verdad tienes que tomar una determinación basándote en hechos que parecen objetivos, pero, si has aprendido lo suficiente, tendrás siempre en cuenta que esa objetividad es por lo general interesada y, por tanto, de poco fiar. Ayer se lo escuché explicar a Obama cuando se refería al soporte que dio al reflotamiento de la industria automovilística con fondos del Estado. Cuando los asuntos llegan a mi despacho, decía, es porque nadie es capaz de verlos claros. Así que cuando tomo una decisión lo hago a sabiendas de que las probabilidades de errar y acertar están muy aproximadas. Ser consciente de eso es a lo más que podemos aspirar en la mayoría de las decisiones importantes que tomamos en la vida, lo cual, créanme, no es poco, ya que atempera las expectativas y, de paso, las frustraciones.
Así que see beyond: lo literal y lo simbólico, lo consciente y lo inconsciente, el precio y el valor... en fin, ustedes mismos. A mi, de momento, me entretiene ese canal llevado por gentes que se curtieron desde la infancia buscando los tres pies al gato de los textos sagrados. Y es que lo sagrado se las trae. Y si no que se lo digan a esos dos que están tomando el sol en una isla paradisiaca... supongo que después de haber echado un polvo.
martes, 25 de abril de 2017
Olor a boñiga
Un cuarentaitantos por ciento ha votado en Francia por el olor a boñiga. Todavía hay por ahí ingenuos que pretenden distinguir entre Melanchón y Le Pen, pero créanme si les digo que son una y la misma cosa. La misma mierda para ser más precisos. La vuelta al pueblo y a los viejos sindicatos gremiales. Y también, por supuesto, a las ejecuciones sumarias de los que osen destacar por libre.
Estamos en las de siempre. Por usar la vieja metáfora, es la serpiente que ya asoma la cabeza por la cascara del huevo. Estamos a tiempo de matarla, pero es que hay tanta gente que adora a los animales. Sobre todo cuando son pequeñitos. Entonces no son capaces de distinguirlos de los bebés. ¿Cómo matarlos entonces?
En cualquier caso, soy optimista. La serpiente no creo que pase de asomar la cabeza. Su vida se reducirá a eso, a estar ahí amenazante y generando anticuerpos en ese porcentaje de población que adora los rascacielos y los animales a la bourguignon. Además, ya puestos, la podemos dejar salir del huevo para criarla en granjas. Los entendidos dicen que frita en rodajas no se distingue mucho de la buena merluza.
En definitiva, y siguiendo con la metáfora, Le Pen, Melanchón y demás artistas de la simplificación, no son otra cosa que parte del soma con el que se tiene adormilados a los épsilons, es decir, a los que por lo que sea, pocas luces o vagancia, son incapaces de adaptarse a los incesantes cambios que son la historia de la humanidad. Bien es verdad que a veces las cañas se tornan lanzas y el soma, cocaína, y, entonces, se arma la de San Quintin. Pero, tranquilos, porque para que pase eso tienen que confluir determinadas circunstancias adversas que por el momento no asoman por el horizonte.
Estamos en las de siempre. Por usar la vieja metáfora, es la serpiente que ya asoma la cabeza por la cascara del huevo. Estamos a tiempo de matarla, pero es que hay tanta gente que adora a los animales. Sobre todo cuando son pequeñitos. Entonces no son capaces de distinguirlos de los bebés. ¿Cómo matarlos entonces?
En cualquier caso, soy optimista. La serpiente no creo que pase de asomar la cabeza. Su vida se reducirá a eso, a estar ahí amenazante y generando anticuerpos en ese porcentaje de población que adora los rascacielos y los animales a la bourguignon. Además, ya puestos, la podemos dejar salir del huevo para criarla en granjas. Los entendidos dicen que frita en rodajas no se distingue mucho de la buena merluza.
En definitiva, y siguiendo con la metáfora, Le Pen, Melanchón y demás artistas de la simplificación, no son otra cosa que parte del soma con el que se tiene adormilados a los épsilons, es decir, a los que por lo que sea, pocas luces o vagancia, son incapaces de adaptarse a los incesantes cambios que son la historia de la humanidad. Bien es verdad que a veces las cañas se tornan lanzas y el soma, cocaína, y, entonces, se arma la de San Quintin. Pero, tranquilos, porque para que pase eso tienen que confluir determinadas circunstancias adversas que por el momento no asoman por el horizonte.
domingo, 23 de abril de 2017
Me aburro
Un tipo que ha sido presidente de la comunidad más importante de España ha estado robando, siempre presuntamente, bien sure, durante años y ahora van y lo descubren y todos se llenan de indignación y ni uno por casualidad se pregunta: ¿cómo pudo ser?, ¿qué fue lo que andaban haciendo los políticos de la oposición que no se dieron cuenta?, ¿lo mismo que las numerosas instituciones de control de las cuentas públicas? ¿Quién es el más culpable de que todo esto haya pasado, en definitiva?
Anyway, el tipo en cuestión ya está en las manos de la justicia y los trenes, cada vez más rápidos, llegan a su hora, y las estantería de los supermercados están llenas de productos cada vez mejores. Evidentemente, hoy por hoy, el sistema funciona y en vez de gritar como posesos para que Cronos no oiga los llantos de Zeus, que es para lo que siempre se grita, quizá lo más conveniente sería pactar con Cronos que deje de devorar a sus hijos, es decir, que nos haga olvidar su existencia y volver a la edad dorada donde no existían las palabras tuyo y mío, pero, sobre todo, la expresión "me aburro".
Porque ese es el asunto, que todo el mal proviene de que Cronos nos persigue sin cesar para comernos. Y si nos ponemos a llorar nos localiza y ya estamos perdidos. En fin, vamos ver como nos lo montamos hoy para hurtarnos otro día a su insaciable glotonería. Que la cosa de escapar no deja de tener su arte, no se crean.
Anyway, el tipo en cuestión ya está en las manos de la justicia y los trenes, cada vez más rápidos, llegan a su hora, y las estantería de los supermercados están llenas de productos cada vez mejores. Evidentemente, hoy por hoy, el sistema funciona y en vez de gritar como posesos para que Cronos no oiga los llantos de Zeus, que es para lo que siempre se grita, quizá lo más conveniente sería pactar con Cronos que deje de devorar a sus hijos, es decir, que nos haga olvidar su existencia y volver a la edad dorada donde no existían las palabras tuyo y mío, pero, sobre todo, la expresión "me aburro".
Porque ese es el asunto, que todo el mal proviene de que Cronos nos persigue sin cesar para comernos. Y si nos ponemos a llorar nos localiza y ya estamos perdidos. En fin, vamos ver como nos lo montamos hoy para hurtarnos otro día a su insaciable glotonería. Que la cosa de escapar no deja de tener su arte, no se crean.
viernes, 21 de abril de 2017
Pecata minuta
Hace poco entré en tratos con un contratista para que me hiciese unas reformas en la casa que acabo de comprar. Pues bien, una vez hechas las presentaciones de rigor lo primero que me dijo fue: los pagos cómo los quiere hacer. O sea, la norma. El cliente elige si quiere o no pagar los impuestos debidos. Porque formas de eludirlos, por lo menos en una gran parte, las hay a montones. Y es complicado resistirse a la tentación después de haberse desayunado con la lectura de los periódicos. Cuando esa gente devuelva todo lo que ha robado, yo empezaré a pagar lo que es justo.
Hay que tener en cuenta que para un analfabeto funcional el grosor de las letras de la cabecera lo es todo. La primera página es el mundo para ellos y, si en ella sobresale que han pillado con las manos en la masa a un gerifalte, no hay más que hablar al respecto: el mundo está podrido, lo mío pecata minuta. Por decirlo alambicadamente sería el pensamiento sinedótico tomado a beneficio de inventario. El todo por la parte o la categoría por la anécdota. Desde luego, no lo duden, al tonto listillo nunca le faltarán coartadas para su inexorable avance hacia la nada.
El caso es que lo que yo no entiendo es por qué toda esa gente tan cristiana que dirige y escribe en los periódicos no echa más a menudo mano de sus santos evangelios y trae a colación algunas de sus máximas y parábolas que pueden venir como anillo al dedo a los asuntos de los que están tratando. La corrupción, por ejemplo, con la que nos estragan sin que ni por una sola vez se les haya ocurrido mencionar aquello tan ocurrente de que el que esté libre de culpa que tire la primera piedra. ¡Porque anda que no son corruptos los petits! Claro que en las pequeñas cosas... pero dales opción a las grandes y ya verás. ¡Me van a decir a mí!
Así y todo ya no somos lo que éramos. Hasta en esto de la corrupción hemos venido perdiendo fuelle de unos años a esta parte. Y así estamos, que pillan a un choricillo de tres al cuarto y todos los medios, ¡ale!, como si estuviesen denunciando al mismísimo Duque de Lerma. Tontos del culo que se pirrian por un ático en Marbella o una puta en Bangkok. Como dirían las gitanillas del Cristo, ¡ah!, pero es que eso se lleva. Y por lo que se lleva yo mato.
Bueno, puestos a razonar, no veo yo mal que trinquen a los que se les va mano. Pero ¡ojo con el puritanismo! Porque es la propia naturaleza la que nos indica que es de la corrupción de donde brota la vida que es de lo que va esto. Y al final, la peor corrupción, la que mata definitivamente, es el achacar todo el mérito a la pureza. Como un rayo de sol que pasa por un cristal sin romperle ni mancharle, como decían los curas.
Hay que tener en cuenta que para un analfabeto funcional el grosor de las letras de la cabecera lo es todo. La primera página es el mundo para ellos y, si en ella sobresale que han pillado con las manos en la masa a un gerifalte, no hay más que hablar al respecto: el mundo está podrido, lo mío pecata minuta. Por decirlo alambicadamente sería el pensamiento sinedótico tomado a beneficio de inventario. El todo por la parte o la categoría por la anécdota. Desde luego, no lo duden, al tonto listillo nunca le faltarán coartadas para su inexorable avance hacia la nada.
El caso es que lo que yo no entiendo es por qué toda esa gente tan cristiana que dirige y escribe en los periódicos no echa más a menudo mano de sus santos evangelios y trae a colación algunas de sus máximas y parábolas que pueden venir como anillo al dedo a los asuntos de los que están tratando. La corrupción, por ejemplo, con la que nos estragan sin que ni por una sola vez se les haya ocurrido mencionar aquello tan ocurrente de que el que esté libre de culpa que tire la primera piedra. ¡Porque anda que no son corruptos los petits! Claro que en las pequeñas cosas... pero dales opción a las grandes y ya verás. ¡Me van a decir a mí!
Así y todo ya no somos lo que éramos. Hasta en esto de la corrupción hemos venido perdiendo fuelle de unos años a esta parte. Y así estamos, que pillan a un choricillo de tres al cuarto y todos los medios, ¡ale!, como si estuviesen denunciando al mismísimo Duque de Lerma. Tontos del culo que se pirrian por un ático en Marbella o una puta en Bangkok. Como dirían las gitanillas del Cristo, ¡ah!, pero es que eso se lleva. Y por lo que se lleva yo mato.
Bueno, puestos a razonar, no veo yo mal que trinquen a los que se les va mano. Pero ¡ojo con el puritanismo! Porque es la propia naturaleza la que nos indica que es de la corrupción de donde brota la vida que es de lo que va esto. Y al final, la peor corrupción, la que mata definitivamente, es el achacar todo el mérito a la pureza. Como un rayo de sol que pasa por un cristal sin romperle ni mancharle, como decían los curas.
miércoles, 19 de abril de 2017
Crossfitirititando de frío
Ayer, la dosis de cada día consistió en que la Sra. May decidió, mientras hacía crossfit, convocar elecciones. Por lo visto la buena señora se ha agenciado al experto más experto en dirigir esta forma de hacer ejercicio que tiene de particular que es la última moda y punto. El caso es, cuentan los cronistas, que, a la que tiene un rato libre, sale disparada a practicar, no sabemos si por el crossfit en sí o por el experto más experto, que también pudiera ser. Pero, bueno, a lo que vamos, que convocó elecciones y nosotros tuvimos nuestra dosis diaria de intoxicación informativa... tontos que somos. O aburridos que estamos.
Pero como todo sirve para el convento, ayer, mientras iba ingiriendo la preceptiva dosis, mi cerebro no paraba de fabular asociaciones entre lo que veía y escuchaba y mi bagaje cultural que todavía responde, no sé por cuanto tiempo. Esos alrededores del Palacio de Westminster donde las principales cadenas de televisión tenían montados sus chiringuitos sobre un césped que se salía de verde a causa del glorious day primaveral. Los pertinentes encuadres, el porte de los entrevistados, el dominio de la lengua de todos, y otras cuantas cosas más, todo contribuía a dar la sensación de estar observando un mundo superior.
Y esa es la cuestión, que algunos se lo creen. O nos lo creemos. Esa realidad magnificada que está en la esencia de cualquier representación exitosa. Un asunto de trucos. Ya los clásicos construían sus tragedias a golpe de reyes y dioses. Así, sin darse cuenta, la gente se tragaba su propia condición. Al poco de abandonar las gradas del teatro caían en la cuenta de que ellos también querían matar a su padre y casarse con su madre. Que en la cosa de los deseos nadie es más que nadie.
Pues bien, nadie tan herederos de aquellos trucos del clasicismo como los ingleses. Ya Shakespeare calcó a Plutarco para sus más sonados dramas y comedias. Ni siquiera a Píramo y Tisbe respetó. Y siguen en la linea. No hay más que ver la parrilla de presentación de la BBC. O escuchar la melodía de los interludios de Skay News. Una grandeza desmesurada. A todas luces imperial. Y esa es la gran trampa, que un wishful thinking repetido al infinito cala en las mentalidades rancias como si fuese realidad. Y surgen entonces tipos como el borracho Farage dispuestos a lo que sea por mantener la ilusión. Incluso a arrojarse por el precipicio si hace falta.
Eso es lo que me parece a mí, que Inglaterra es un gran país, pero ni de lejos lo que gusta aparentar. Ahí tienen por ejemplo a Alemania, un país que se sale y, sin embargo, sólo se muestra al mundo a través de DW, la austeridad y el rigor hechos televisión. Es ley de vida, el que mucho tiene procura disimilarlo y, el que mucho perdió, también, solo que haciendo el ridículo por lo general. Al respecto, en la entrevistas que hacían ayer por las calles de Londres, le tocó el turno a una señora entrada en años y con aspecto muy britishs: "¿Que dice usted que otra vez hay elecciones? No, no puede ser. Yo no quiero saber nada. Esto es la decadencia absoluta."
Pero como todo sirve para el convento, ayer, mientras iba ingiriendo la preceptiva dosis, mi cerebro no paraba de fabular asociaciones entre lo que veía y escuchaba y mi bagaje cultural que todavía responde, no sé por cuanto tiempo. Esos alrededores del Palacio de Westminster donde las principales cadenas de televisión tenían montados sus chiringuitos sobre un césped que se salía de verde a causa del glorious day primaveral. Los pertinentes encuadres, el porte de los entrevistados, el dominio de la lengua de todos, y otras cuantas cosas más, todo contribuía a dar la sensación de estar observando un mundo superior.
Y esa es la cuestión, que algunos se lo creen. O nos lo creemos. Esa realidad magnificada que está en la esencia de cualquier representación exitosa. Un asunto de trucos. Ya los clásicos construían sus tragedias a golpe de reyes y dioses. Así, sin darse cuenta, la gente se tragaba su propia condición. Al poco de abandonar las gradas del teatro caían en la cuenta de que ellos también querían matar a su padre y casarse con su madre. Que en la cosa de los deseos nadie es más que nadie.
Pues bien, nadie tan herederos de aquellos trucos del clasicismo como los ingleses. Ya Shakespeare calcó a Plutarco para sus más sonados dramas y comedias. Ni siquiera a Píramo y Tisbe respetó. Y siguen en la linea. No hay más que ver la parrilla de presentación de la BBC. O escuchar la melodía de los interludios de Skay News. Una grandeza desmesurada. A todas luces imperial. Y esa es la gran trampa, que un wishful thinking repetido al infinito cala en las mentalidades rancias como si fuese realidad. Y surgen entonces tipos como el borracho Farage dispuestos a lo que sea por mantener la ilusión. Incluso a arrojarse por el precipicio si hace falta.
Eso es lo que me parece a mí, que Inglaterra es un gran país, pero ni de lejos lo que gusta aparentar. Ahí tienen por ejemplo a Alemania, un país que se sale y, sin embargo, sólo se muestra al mundo a través de DW, la austeridad y el rigor hechos televisión. Es ley de vida, el que mucho tiene procura disimilarlo y, el que mucho perdió, también, solo que haciendo el ridículo por lo general. Al respecto, en la entrevistas que hacían ayer por las calles de Londres, le tocó el turno a una señora entrada en años y con aspecto muy britishs: "¿Que dice usted que otra vez hay elecciones? No, no puede ser. Yo no quiero saber nada. Esto es la decadencia absoluta."
martes, 18 de abril de 2017
Destino trágico
"Democracia: una recapitulación", es el título del artículo que publica hoy Fernando Savater en EL PAÍS. Me pregunto cuánto más de huérfanos seríamos tantos y tantos españoles de mi generación si no hubiésemos tenido el privilegio de contar con la paciente ayuda de tipos como éste para transitar por el resbaladizo camino del correcto razonar. Bueno, yo al menos así lo vengo pensando desde tiempo inmemorial, de cuando leí sus "Criaturas del aire" que me dejó patidifuso al comprobar las enormes limitaciones de mi comprensión lectora. Por entonces leía y leía y a penas me enteraba de nada porque nadie me había mostrado el método para aprender a leer. En realidad lo sabía, pero me había faltado la mayéutica socrática para darme cuenta de que lo sabía. Yo había estudiado anatomía, fisiología e histología antes de empezar a estudiar patología. La cosa no podía ser más sencilla: para conocer hay que empezar por el principio del conocimiento. Para pensar, por el principio del pensamiento. Así, si no empiezas por La Iliada y La Odisea, y la Teogonia de Hesiodo, difícilmente vas a poder caminar erguido el resto del camino.
En resumidas cuentas, les recomiendo leer ese artículo sobre la democracia. Un sistema político, sostiene, que no es para hacernos felices sino para hacernos personas desde el único sitio desde donde se puede ser: la libertad individual, ese trabajoso empeño en el que tan fácil es tirar la toalla aun a costa de convertirse en zombi. Y ese es el gran problema de la democracia, que ser ciudadano no sale gratis sino todo lo contrario: hay que mantenerse en un estado permanente de lucha. En una permanente agonía para que nos entendamos. Un destino trágico, dice el autor. En el momento que te abandonas, de inmediato salta alguien que te quiere pastorear. Es el mito colectivista que nunca dejó ni dejará de seducir a cuantos están en sus horas bajas.
Esa es la cuestión, que no hay mayor enemigo de la democracia que quien está deprimido: todo es es una mierda, todos son iguales, todos son corruptos... uno está cansado de escuchar tales opiniones por la calle, o en los de la mesa de al lado si te sientas en una terraza. Gente que es la primera que lo huele porque debajo del culo lo tiene.
En fin, uno tiene sus dudas y piensa que quizá si se tomasen ciertas medidas desaparecerían del horizonte las eternas amenazas: Iglesias (qué nombre tan sugestivo), Le Pen, Melanchon... pero, después, piensa un poco más y se da cuenta de que sin peligros uno no aprende a defenderse así que mejor que todo siga como está y solo pedir a los dioses que nos dejen mantener el juego de permanente afinamiento con el recurso de nuestro esfuerzo. Dice el autor:
"Durante la historia moderna, perdura un combate —una dialéctica, se decía antes— entre las libertades sin control y el control antilibertario. Las oscilaciones políticas entre derecha e izquierda (ambas afinadoras permanentes de la democracia) responden a mi modo de ver a esa dialéctica. Y se han corregido mutuamente durante muchos cambios de gobierno."
Libertades sin control y control antilibertario, esa lucha permanente en la que en contra de lo que se sostiene no es tan fácil distinguir a unos de otros porque a cada uno de los lados hay libertades que se quieren defender o controlar... no, me temo que no es sencillo etiquetar. Basta con que en cada caso se mantengan diferentes puntos de vista y se debata sobre ello y, en cualquier caso, exista un permanente estado de vigilancia que permita sujetar la mano que se quiere extralimitar.
En definitiva, el único sistema conocido que te permite constituirte como individuo, ser pensante, libre e igual y, sobre todo, máquina de equivocarse y volver a levantarse. Por eso los valientes toman partido por él.
En resumidas cuentas, les recomiendo leer ese artículo sobre la democracia. Un sistema político, sostiene, que no es para hacernos felices sino para hacernos personas desde el único sitio desde donde se puede ser: la libertad individual, ese trabajoso empeño en el que tan fácil es tirar la toalla aun a costa de convertirse en zombi. Y ese es el gran problema de la democracia, que ser ciudadano no sale gratis sino todo lo contrario: hay que mantenerse en un estado permanente de lucha. En una permanente agonía para que nos entendamos. Un destino trágico, dice el autor. En el momento que te abandonas, de inmediato salta alguien que te quiere pastorear. Es el mito colectivista que nunca dejó ni dejará de seducir a cuantos están en sus horas bajas.
Esa es la cuestión, que no hay mayor enemigo de la democracia que quien está deprimido: todo es es una mierda, todos son iguales, todos son corruptos... uno está cansado de escuchar tales opiniones por la calle, o en los de la mesa de al lado si te sientas en una terraza. Gente que es la primera que lo huele porque debajo del culo lo tiene.
En fin, uno tiene sus dudas y piensa que quizá si se tomasen ciertas medidas desaparecerían del horizonte las eternas amenazas: Iglesias (qué nombre tan sugestivo), Le Pen, Melanchon... pero, después, piensa un poco más y se da cuenta de que sin peligros uno no aprende a defenderse así que mejor que todo siga como está y solo pedir a los dioses que nos dejen mantener el juego de permanente afinamiento con el recurso de nuestro esfuerzo. Dice el autor:
"Durante la historia moderna, perdura un combate —una dialéctica, se decía antes— entre las libertades sin control y el control antilibertario. Las oscilaciones políticas entre derecha e izquierda (ambas afinadoras permanentes de la democracia) responden a mi modo de ver a esa dialéctica. Y se han corregido mutuamente durante muchos cambios de gobierno."
Libertades sin control y control antilibertario, esa lucha permanente en la que en contra de lo que se sostiene no es tan fácil distinguir a unos de otros porque a cada uno de los lados hay libertades que se quieren defender o controlar... no, me temo que no es sencillo etiquetar. Basta con que en cada caso se mantengan diferentes puntos de vista y se debata sobre ello y, en cualquier caso, exista un permanente estado de vigilancia que permita sujetar la mano que se quiere extralimitar.
En definitiva, el único sistema conocido que te permite constituirte como individuo, ser pensante, libre e igual y, sobre todo, máquina de equivocarse y volver a levantarse. Por eso los valientes toman partido por él.
lunes, 17 de abril de 2017
El arte de chinchar
Uno tiene la sensación de que todo el juego político ha quedado reducido al arte de chinchar. Como ya ni a los más tontos de la izquierda, lo que ya es decir, se les ocurre que se pueda nacionalizar la banca ni los medios de producción, el margen de maniobra que les queda para financiar sus delirios populistas es prácticamente nulo. Así que ya lo único que les queda para diferenciarse ante el respetable es chinchar al adversario por medio del manoseo de los símbolos. Al final, claro está, todo queda en puro alarde de la nada, pero por el camino nos han dado el soberano tostón y ellos han enaltecido su ego de consumados idiotas.
La bandera republicana, los toros, el feminismo, la violencia de genero, el supermercado está repleto de oferta entre la que escoger. Aunque si te sientes con fuerza te puedes quedar con todo y ya nunca más estarás aburrido. Siempre sabrás a qué plaza acudir a la mani de turno. Son los trabajadores por un mundo mejor, verdaderos atletas de la integridad moral.
Por el otro lado tenemos a otros que, si cabe, todavía son más necios, porque, para más inri, encima suelen tener estudios superiores. Verbi gratia, nuestra ministra de defensa. Una mujer que ha sido capaz de sacar las oposiciones de abogado del estado y ahora va y, desde sus altas responsabilidades, ordena poner todas las banderas del ejercito en berne porque le sale de sus santísimos ovarios. Dice que es porque Jesucristo está en la cruz. Es decir, una creencia. Como que los toros sufren o los animales tienen sentimientos o los hombres son más malos que las mujeres o la República fue el paradigma de todas las alegrías. No, miren ustedes, esa mujer no cree en nada, pero sabe a ciencia cierta que poniendo la bandera a media hasta, lo que no cuesta un duro, va a chinchar de mala manera a los de la monserga contraria.
De sobra es sabido desde Aristóteles, y mucho antes, que lo que define a un idiota es su incapacidad para distinguir las creencias de las razones. Para ellos tiene la misma verosimilitud la Virgen de Garabandal que la Identidad de Euler. Piensan que se resuelven más problemas por medio de la intercesión de esa virgen que por la aplicación de esa identidad. Al final, en su delirio, achacan las ventajas relativas respecto de nuestros antepasados de las que disfrutamos al, como dicen, pensamiento progresista, es decir, un constructo ideológico que pretende convencernos de que, sin la menor duda, son los de abajo los que "tiran del carro". Y vete tú a convencerles de que no es así, de que sólo entre Newton y Leibniz tiraron mil veces más que todos los obreros del mundo juntos. Pero claro, el asunto estriba en que con Euler, Newton o Leibniz tú no puedes chinchar al personal porque en un porcentaje abrumador no tiene ni idea de quienes son esos señores.
Por lo demás, para arte de chinchar, pero a lo grande, el de Corea del Norte. Recuerda mucho a aquel chiste de La Codorniz en el que se veía a un tipo subido a un árbol con un pedrusco entre las manos y a los pies de árbol una pareja en posición altamente amorosa. Al pie de la viñeta ponía: se la tirará o no se la tirará. Bueno, ahora el coreano encaramado tiene entre las manos una bomba atómica. El suspense es máximo. Aunque sepamos de sobra que sólo es arte de chinchar.
La bandera republicana, los toros, el feminismo, la violencia de genero, el supermercado está repleto de oferta entre la que escoger. Aunque si te sientes con fuerza te puedes quedar con todo y ya nunca más estarás aburrido. Siempre sabrás a qué plaza acudir a la mani de turno. Son los trabajadores por un mundo mejor, verdaderos atletas de la integridad moral.
Por el otro lado tenemos a otros que, si cabe, todavía son más necios, porque, para más inri, encima suelen tener estudios superiores. Verbi gratia, nuestra ministra de defensa. Una mujer que ha sido capaz de sacar las oposiciones de abogado del estado y ahora va y, desde sus altas responsabilidades, ordena poner todas las banderas del ejercito en berne porque le sale de sus santísimos ovarios. Dice que es porque Jesucristo está en la cruz. Es decir, una creencia. Como que los toros sufren o los animales tienen sentimientos o los hombres son más malos que las mujeres o la República fue el paradigma de todas las alegrías. No, miren ustedes, esa mujer no cree en nada, pero sabe a ciencia cierta que poniendo la bandera a media hasta, lo que no cuesta un duro, va a chinchar de mala manera a los de la monserga contraria.
De sobra es sabido desde Aristóteles, y mucho antes, que lo que define a un idiota es su incapacidad para distinguir las creencias de las razones. Para ellos tiene la misma verosimilitud la Virgen de Garabandal que la Identidad de Euler. Piensan que se resuelven más problemas por medio de la intercesión de esa virgen que por la aplicación de esa identidad. Al final, en su delirio, achacan las ventajas relativas respecto de nuestros antepasados de las que disfrutamos al, como dicen, pensamiento progresista, es decir, un constructo ideológico que pretende convencernos de que, sin la menor duda, son los de abajo los que "tiran del carro". Y vete tú a convencerles de que no es así, de que sólo entre Newton y Leibniz tiraron mil veces más que todos los obreros del mundo juntos. Pero claro, el asunto estriba en que con Euler, Newton o Leibniz tú no puedes chinchar al personal porque en un porcentaje abrumador no tiene ni idea de quienes son esos señores.
Por lo demás, para arte de chinchar, pero a lo grande, el de Corea del Norte. Recuerda mucho a aquel chiste de La Codorniz en el que se veía a un tipo subido a un árbol con un pedrusco entre las manos y a los pies de árbol una pareja en posición altamente amorosa. Al pie de la viñeta ponía: se la tirará o no se la tirará. Bueno, ahora el coreano encaramado tiene entre las manos una bomba atómica. El suspense es máximo. Aunque sepamos de sobra que sólo es arte de chinchar.
domingo, 16 de abril de 2017
El filtro
Dice el titular que el Papa confiesa su vergüenza por la sangre inocente que se derrama cada día. ¡Leches! Y yo me digo, ¿no sería mejor que sentir vergüenza el invitar a Chuck Norris al Vaticano?
Siempre me ha maravillado la capacidad de algunos para identificar inocentes. Periodistas y políticos en general suelen tener un doctorado por Harvard o Yale en esa sutil distinción: ¿es inocente un guardia civil que muere en un atentado de ETA? Pues no. ¿Es inocente un hijo de guardia civil que muere en un atentado de ETA? Pues sí. Ya ven que fácil. Y claro, el que no es inocente ya saben lo que es. Son las trampas del lenguaje.
Y llegados aquí, me tengo que preguntar: ¿que pesa más en una persona, ser Papa o ser argentino posiblemente con un cierto toque peronista? Evidentemente a tenor de lo que vamos viendo, y sobre todo escuchando, lo segundo. Porque, argentinos, no sé, supongo que habrá de todo como en botica, pero peronistas, está claro, unidad de destino en lo universal, verborrea mediante.
Les explico. No se crean que lo del peronismo es un síndrome que afecta mayormente a los argentinos. Eso sería como pensar que el de Pickwick afecta sobre todo a los ingleses. Nada más falso. El que la primera descripción del síndrome se hiciera en esos países en nada resta a su universalidad. Peronistas hay hasta decir basta a todo lo largo y ancho del mundo porque tiene que ver con el deterioro casi imperceptible de una de las más delicadas estructuras del pensamiento: la que filtra antes de salir por la boca el batiburrillo de ideas que se cuecen en el cerebro.
Ese batiburrillo en el que son predominantes las ideas que ayudan a caer simpático en primera instancia al margen de las consecuencias que tengan en segunda. Efectos secundarios que le dicen. Si el filtro funcionase, claro, se hablaría la mitad, o menos, y no se daría tanto pábulo a los necios, que son la mayoría, desgraciadamente.
Así que ya saben, mírense el filtro porque ya saben lo importante que es para que el carburador funcione correctamente. Si le tienen trucado es seguro que llegarán antes, pero echando pedorretas y demás efectos secundarios que tendrán como resultado que cada vez haya menos gente esperandote en la meta.
Siempre me ha maravillado la capacidad de algunos para identificar inocentes. Periodistas y políticos en general suelen tener un doctorado por Harvard o Yale en esa sutil distinción: ¿es inocente un guardia civil que muere en un atentado de ETA? Pues no. ¿Es inocente un hijo de guardia civil que muere en un atentado de ETA? Pues sí. Ya ven que fácil. Y claro, el que no es inocente ya saben lo que es. Son las trampas del lenguaje.
Y llegados aquí, me tengo que preguntar: ¿que pesa más en una persona, ser Papa o ser argentino posiblemente con un cierto toque peronista? Evidentemente a tenor de lo que vamos viendo, y sobre todo escuchando, lo segundo. Porque, argentinos, no sé, supongo que habrá de todo como en botica, pero peronistas, está claro, unidad de destino en lo universal, verborrea mediante.
Les explico. No se crean que lo del peronismo es un síndrome que afecta mayormente a los argentinos. Eso sería como pensar que el de Pickwick afecta sobre todo a los ingleses. Nada más falso. El que la primera descripción del síndrome se hiciera en esos países en nada resta a su universalidad. Peronistas hay hasta decir basta a todo lo largo y ancho del mundo porque tiene que ver con el deterioro casi imperceptible de una de las más delicadas estructuras del pensamiento: la que filtra antes de salir por la boca el batiburrillo de ideas que se cuecen en el cerebro.
Ese batiburrillo en el que son predominantes las ideas que ayudan a caer simpático en primera instancia al margen de las consecuencias que tengan en segunda. Efectos secundarios que le dicen. Si el filtro funcionase, claro, se hablaría la mitad, o menos, y no se daría tanto pábulo a los necios, que son la mayoría, desgraciadamente.
Así que ya saben, mírense el filtro porque ya saben lo importante que es para que el carburador funcione correctamente. Si le tienen trucado es seguro que llegarán antes, pero echando pedorretas y demás efectos secundarios que tendrán como resultado que cada vez haya menos gente esperandote en la meta.
sábado, 15 de abril de 2017
Poniendo el rabo
"Juan Carlos Cabrera, concejal delegado de Seguridad, Movilidad y Fiestas Mayores en el Ayuntamiento de Sevilla, mostró su repulsa hacia quienes provocaron las avalanchas en la Semana Santa sembrando el pánico y tildó a los detenidos de «basura, escoria humana, vándalos, golfos, gamberros, sinvergüenzas y desalmados» y deseó que todo el peso de la Ley caiga sobre ellos. «Éstos no van a acabar con nuestra Semana Santa, seguiremos defendiendo lo que es nuestro porque no sólo están en juego las hermandades, sino la vida de personas»"
Por lo visto en las procesiones de Sevilla se han producido estampidas que han dejado más de cien heridos entre la chusma asistente. Lo más seguro es que alguna señora ha empezado a gritar al tomar conciencia de que algún golfo le estaba "poniendo el rabo". La gente se ha asustado entonces y se ha puesto a hacer running en el lugar y a la hora menos apropiados. Claro, hasta en Sevilla, con toda la devoción y demás mandangas tipo "de lo que es nuestro", la gente anda mosqueada con lo de los yihadistas que atacan donde menos se les espera, aunque se sabe que tienen predilección por donde la chusma se amontona. Debiera saberlo el concejal ese experto en calificativos descalificadores y decir a su gente que lo de facilitar las condiciones para poner el rabo impunemente también tiene sus inconvenientes.
Claro, ya sé que es todo cuestión de PIB. La famosa religiosidad de la Semana Santa subió no se cuantos enteros desde que las autoridades se dieron cuenta de que era una máquina de atraer turistas. En realidad cualquier cosa les atrae con tal de que haya aglomeraciones por medio. Como le dicen a Maria sus alumnas gitanillas si algo "se lleva", los pantalones rotos por ejemplo, pues hay que llevarlos con orgullo. Si millones de personas van a experimentar esa cosa que le dicen devoción, pues yo también quiero, qué caray. Y voy allí y devociono por un tubo entre fino y fino o cañita y cañita y, si se tercia, pongo el rabo sin que se entere mi señora.
No, la verdad, ahora en serio, no creo yo que haya mejor manera de medir el desarrollo humano y cultural de una persona o sociedad que el gusto por las aglomeraciones. Lo de San Fermin, sin ir más lejos, tiene todos los ingredientes del anclaje en la adolescencia, Heminway incluido. La promiscuidad, el ruido, la embriaguez colectiva, todos los ingrediendes, en fin, del nihilismo redentor de desesperados. No muy diferente de lo de los yihadistas, pero en pijo. En resumidas cuentas, dime a dónde vas y te diré cómo te encuentras y otras cuantas cosas más sobre ti. Eso es todo.
viernes, 14 de abril de 2017
Pepinazos
Lo que pasa es que, como sostenía Poirot, los fuegos artificiales son un peu monotone, ¿n´est pas? Estamos ya aburridos de ver salir los misiles de sus lanzaderas y toda esa parafernalia de videojuego, pero, luego, ¿qué? Los muertos que vemos son todos de casa y los hizo un tipo cualquiera con un camión o un fusil de supermercado. Hace unos días lanzaron 50 tomahawks y lo único que nos enseñaron después fue unos hangares con el techo ahumado, como si hubiesen pasado la noche allí unos homeless. Así, la verdad, se desilusiona uno. Porque lo que cuenta en esta vida son los resultados inmediatos. Por ejemplo, tras un pepinazo como el de ayer nos hubiese gustado ver a dos o tres mil talibanes fritos. Porque la simple sospecha de que así haya sido, lo siento, pero no funciona.
Reconozco que el haber visto tanto cine me ha averiado la máquina de interpretar la realidad. Con la televisión, todavía más. Por cierto que hace un rato escuchaba en Fox TV que un alto cargo americano ha dicho que Putin les está dando armas a los talibanes. Me cuesta creerlo, pero de todas formas si no es Putin alguien se las está dando y esa es, precisamente, la parte de la película que se le olvidó al guionista. No sé, pero me parece muy subjetivo todo esto. Acabo de ver también, esta vez en TV5, un corto titulado "Lejos de casa" sobre los días previos a la retirada de las tropas francesas de Agfanistán. Ni me creo ni me dejo de creer lo que muestra, pero todo ello trasciende infantilismo y locura. Es el destino final de quienes luchan sin tener claro el porqué. Con lo fácil que sería dar todo tipo de armas a los afganos para que se maten entre ellos. Y cuando se hayan cansado, hablamos seriamente con lo que quede. Al fin y al cabo, esa gente no ha hecho nada hasta ahora para que nos importe su suerte.
Quizá, lo que esté necesitando el mundo más que nada es que se ponga ya en funcionamiento la tan cacareada inteligencia artificial. Como no podrá estar basada en otra cosa que en la lógica pura, será la manera de que por fin podamos disfrutar de las decisiones acertadas. Por cierto, ¿sabían que Donald es un nombre escocés que significa el que gobierna el mundo? ¿Y que trump significa triunfo? Desde luego que de lejos le viene el garbanzo al pico al tipo ese.
En fin qué día éste de pasión. Me he llegado hasta La Trapa y no había un alma allí. Pero en el patio de la capilla hay un crucero en cuyo mástil hay esculpidos cuatro clavos como si estuviesen cayendo. Y encima una escalera. No he entendido de qué iba la cosa. De vuelta he pasado por el monasterio Santa Clara y tampoco se veía un alma por allí. Por lo menos en el patio tienen una estatua de Jorge Manrique. Mejor que los clavos de Cristo, desde luego, aunque se estén cayendo. Por cierto que son dos monasterios impresionantes, pero al estar rodeados de autopistas, vías de ferrocarril y polígonos industriales, como que pierden la cosa mística. No sé por qué no los trasladan a otro sitio más turístico piedra a piedra. Seguro que acababa siendo rentable. Cada vez hay más turismo de monasterio. Incluso con cilicio y todo.
Reconozco que el haber visto tanto cine me ha averiado la máquina de interpretar la realidad. Con la televisión, todavía más. Por cierto que hace un rato escuchaba en Fox TV que un alto cargo americano ha dicho que Putin les está dando armas a los talibanes. Me cuesta creerlo, pero de todas formas si no es Putin alguien se las está dando y esa es, precisamente, la parte de la película que se le olvidó al guionista. No sé, pero me parece muy subjetivo todo esto. Acabo de ver también, esta vez en TV5, un corto titulado "Lejos de casa" sobre los días previos a la retirada de las tropas francesas de Agfanistán. Ni me creo ni me dejo de creer lo que muestra, pero todo ello trasciende infantilismo y locura. Es el destino final de quienes luchan sin tener claro el porqué. Con lo fácil que sería dar todo tipo de armas a los afganos para que se maten entre ellos. Y cuando se hayan cansado, hablamos seriamente con lo que quede. Al fin y al cabo, esa gente no ha hecho nada hasta ahora para que nos importe su suerte.
Quizá, lo que esté necesitando el mundo más que nada es que se ponga ya en funcionamiento la tan cacareada inteligencia artificial. Como no podrá estar basada en otra cosa que en la lógica pura, será la manera de que por fin podamos disfrutar de las decisiones acertadas. Por cierto, ¿sabían que Donald es un nombre escocés que significa el que gobierna el mundo? ¿Y que trump significa triunfo? Desde luego que de lejos le viene el garbanzo al pico al tipo ese.
En fin qué día éste de pasión. Me he llegado hasta La Trapa y no había un alma allí. Pero en el patio de la capilla hay un crucero en cuyo mástil hay esculpidos cuatro clavos como si estuviesen cayendo. Y encima una escalera. No he entendido de qué iba la cosa. De vuelta he pasado por el monasterio Santa Clara y tampoco se veía un alma por allí. Por lo menos en el patio tienen una estatua de Jorge Manrique. Mejor que los clavos de Cristo, desde luego, aunque se estén cayendo. Por cierto que son dos monasterios impresionantes, pero al estar rodeados de autopistas, vías de ferrocarril y polígonos industriales, como que pierden la cosa mística. No sé por qué no los trasladan a otro sitio más turístico piedra a piedra. Seguro que acababa siendo rentable. Cada vez hay más turismo de monasterio. Incluso con cilicio y todo.
jueves, 13 de abril de 2017
Divagaciones pascuales
Se conmemoran estos días los hechos supuestamente acaecidos en el año 33 de nuestra era en el lugar del mundo que por su propia naturaleza geográfica a la fuerza tiene que ser caliente donde los haya. Porque es el rompeolas de todo lo que viene de tres continentes, es decir, que allí confluyen y se filtran las creencias y los conocimientos de lo que hasta hace relativamente poco era todo el mundo. Platón, Buda, Confucio, Krisna, Zoroastro y yo qué sé cuantos más por el estilo, allí se estrellaban unos contra otros dando como resultado de la recomposición del destrozo un constructo ideológico-mítico-místico, por decirlo de algún modo, que ha servido al mundo durante muchos siglos para ir tirando mal que bien sin necesidad de confrontarse con las realidades más desagradables de la existencia... por ejemplo, que si Dios por casualidad existiese para nada tendría tiempo para ocuparse de nuestros asuntos... que es al convencimiento a donde más o menos ha llegado este mundo de hoy en el que todos se estrellan contra todos aunque no siempre con la misma virulencia ni los mismos resultados.
El caso es que donde hubo, retuvo, y el nivel de agonía que se vive en ese carrefour del mundo vuelve a ser superlativo después de unos siglos de relativa calma. La tierra prometida para unos, la nostalgia de palacios entre naranjos para los otros, el caso es que andan todo el día en actitud desafiante a ver quien es el que saca más rápido. Es la vuelta a los orígenes más míticos: David necesitando perfeccionar su honda para enfrentarse a un Goliat cada vez más forzudo, pero también más torpe a causa de la acromegalia petrolera que le aqueja.
En resumidas cuentas, que me enchufo a I24News y me quedo enganchado como un tonto. Como es posible que un país mayormente desértico, del tamaño de una provincia española y en el que viven ocho millones de personas pueda haber llegado a tal grado de sofisticación. Es una televisión de facts, como aquel periódico que fundó Mr. Sword para durar cuatro días y dejarnos a unos cuantos con dos palmos de narices. Hablan de lo que hay y, sobre todo, lo enseñan. Un país entero dedicado a perfeccionar la honda y vender luego a la parte del mundo que les es afín sus portentosos logros. Un negocio lucrativo donde los haya porque ¿quién va ser el tonto que no esté dispuesto a pagar lo que sea con tal de tener una iron dome (cúpula de acero) que le proteja de cualquier enemigo veleidoso? Seguridad, seguridad y seguridad, ese es el gran negocio de todos los tiempos. Y I24News para hacer la publicidad de lo que vendemos. El catálogo es imponente y los clientes se lo quitan de las manos. Los judíos otra vez quedándose con toda la pasta y a los demás, los goliats acromegálicos, con el único recurso de pasar de la envidia al odio para aliviar sus frustraciones.
El caso es que el que quiere, puede, como decía mi padre, seguramente venido de familia de falsos conversos. Y las circunstancias adversas no sirven sino para espolear la imaginación de quien no ha sido castrado de raíz por un dios misericordioso... como los moros y cristianos, frijoles con arroz. No, a mí dame uno justiciero que me enseñe a pagar por mis errores, que ya me encargaré yo entonces de pensármelo dos veces antes ponerme a balandronear. En fin, que las cosas siempre suelen ser por algo y algunas, claramente, por los principios de los que se parte.
El caso es que donde hubo, retuvo, y el nivel de agonía que se vive en ese carrefour del mundo vuelve a ser superlativo después de unos siglos de relativa calma. La tierra prometida para unos, la nostalgia de palacios entre naranjos para los otros, el caso es que andan todo el día en actitud desafiante a ver quien es el que saca más rápido. Es la vuelta a los orígenes más míticos: David necesitando perfeccionar su honda para enfrentarse a un Goliat cada vez más forzudo, pero también más torpe a causa de la acromegalia petrolera que le aqueja.
En resumidas cuentas, que me enchufo a I24News y me quedo enganchado como un tonto. Como es posible que un país mayormente desértico, del tamaño de una provincia española y en el que viven ocho millones de personas pueda haber llegado a tal grado de sofisticación. Es una televisión de facts, como aquel periódico que fundó Mr. Sword para durar cuatro días y dejarnos a unos cuantos con dos palmos de narices. Hablan de lo que hay y, sobre todo, lo enseñan. Un país entero dedicado a perfeccionar la honda y vender luego a la parte del mundo que les es afín sus portentosos logros. Un negocio lucrativo donde los haya porque ¿quién va ser el tonto que no esté dispuesto a pagar lo que sea con tal de tener una iron dome (cúpula de acero) que le proteja de cualquier enemigo veleidoso? Seguridad, seguridad y seguridad, ese es el gran negocio de todos los tiempos. Y I24News para hacer la publicidad de lo que vendemos. El catálogo es imponente y los clientes se lo quitan de las manos. Los judíos otra vez quedándose con toda la pasta y a los demás, los goliats acromegálicos, con el único recurso de pasar de la envidia al odio para aliviar sus frustraciones.
El caso es que el que quiere, puede, como decía mi padre, seguramente venido de familia de falsos conversos. Y las circunstancias adversas no sirven sino para espolear la imaginación de quien no ha sido castrado de raíz por un dios misericordioso... como los moros y cristianos, frijoles con arroz. No, a mí dame uno justiciero que me enseñe a pagar por mis errores, que ya me encargaré yo entonces de pensármelo dos veces antes ponerme a balandronear. En fin, que las cosas siempre suelen ser por algo y algunas, claramente, por los principios de los que se parte.
miércoles, 12 de abril de 2017
Por mi mano
Putin se ha debido de poner algo en la cara que le hace tener un aire más siniestro todavía si cabe. Ayer le veía mientras levantaba todo tipo de sospechas sobre los grupos disidentes sirios acerca del ataque con armas químicas que ha costado tantas vidas, sobre todo de niños. Lo estaba diciendo y su rostro parecía el de una figura del museo de cera. Y no podemos tener la certeza, pero sí la más que fundada sospecha de que el ataque se ha hecho no sólo con su conocimiento sino con su más que probable asentimiento. Pero, vamos a ver, ¿en que nos fundamos cuando decimos "la más que fundada"? Pues muy sencillo, en más sospechas. Si no diríamos que tenemos pruebas fehacientes. Y no las tenemos por más que las sospechas sean al cuadrado. Y aquí es donde comienzan todos los quebraderos de cabeza de quienes creen que la justicia es una cosa demasiado seria como para tomarla por su mano, no sea que vayas a meter la pata.
Porque, como decía mi madre, antes se coge a un mentiroso que a un cojo. Pero eso lo decía porque no había conocido a Putin y su cara de cera. ¿Está mintiendo a sabiendas? Nunca lo sabremos por más que lo sospechemos a la enésima potencia. Y ahora nos debemos preguntar si ese altísimo grado de sospecha es suficiente como para enviarle una lluvia de "tomahawks". Porque al fin y al cabo eso no deja de ser la justicia por mi mano, por muy Presidente que seas de la nación más poderosa del mundo.
Hay aquí un dilema moral que tomado a la ligera no sabemos en qué clase de infiernos nos puede acabar metiendo. Y lo digo a sabiendas de la satisfacción que me procuran las películas de Chuck Norris, Charles Bronson o el "Harry el Sucio" de Clint Eastwood. Cuando el mal se va de rositas nada nos sube tanto el ánimo como ver a un llanero solitario poniendo las cosas en su sitio. Por eso es uno de los clasicos del cine que nunca se agota. Pero una cosa es el cine y otra la vida real. Porque en el caso concreto que estamos tratando el llanero solitario parece haber sacado unos jugosos dividendos con su su acción punitiva. ¿Y si luego resulta que se ha equivocado? Para él es igual, ya ha cobrado y reinvertido. Y el posible marrón subsecuente que lo paguen los demás.
Entonces, según eso, ¿qué hacer? Bueno, parece que hay un principio fundador de la justicia que dice que es preferible que se vaya de rositas un malo que no castigar a un inocente. De ahí que los hechos en que se tiene que basar toda sentencia tienen que ser inequívocos. De lo contrario, hay que creer a Putin cuando dice que yo no he sido.
En fin, una prueba más de lo dificil que es organizar todo esto. Y nuestra propia vida, por supuesto, que con harta frecuencia nos dejamos influir por las meras sospechas como si de verdades incontrovertibles fueran. E incluso hay algunos que llevan este vicio tan lejos que son capaces de creer en la existencia de Dios a pies juntillas. Y así que les va luego.
Porque, como decía mi madre, antes se coge a un mentiroso que a un cojo. Pero eso lo decía porque no había conocido a Putin y su cara de cera. ¿Está mintiendo a sabiendas? Nunca lo sabremos por más que lo sospechemos a la enésima potencia. Y ahora nos debemos preguntar si ese altísimo grado de sospecha es suficiente como para enviarle una lluvia de "tomahawks". Porque al fin y al cabo eso no deja de ser la justicia por mi mano, por muy Presidente que seas de la nación más poderosa del mundo.
Hay aquí un dilema moral que tomado a la ligera no sabemos en qué clase de infiernos nos puede acabar metiendo. Y lo digo a sabiendas de la satisfacción que me procuran las películas de Chuck Norris, Charles Bronson o el "Harry el Sucio" de Clint Eastwood. Cuando el mal se va de rositas nada nos sube tanto el ánimo como ver a un llanero solitario poniendo las cosas en su sitio. Por eso es uno de los clasicos del cine que nunca se agota. Pero una cosa es el cine y otra la vida real. Porque en el caso concreto que estamos tratando el llanero solitario parece haber sacado unos jugosos dividendos con su su acción punitiva. ¿Y si luego resulta que se ha equivocado? Para él es igual, ya ha cobrado y reinvertido. Y el posible marrón subsecuente que lo paguen los demás.
Entonces, según eso, ¿qué hacer? Bueno, parece que hay un principio fundador de la justicia que dice que es preferible que se vaya de rositas un malo que no castigar a un inocente. De ahí que los hechos en que se tiene que basar toda sentencia tienen que ser inequívocos. De lo contrario, hay que creer a Putin cuando dice que yo no he sido.
En fin, una prueba más de lo dificil que es organizar todo esto. Y nuestra propia vida, por supuesto, que con harta frecuencia nos dejamos influir por las meras sospechas como si de verdades incontrovertibles fueran. E incluso hay algunos que llevan este vicio tan lejos que son capaces de creer en la existencia de Dios a pies juntillas. Y así que les va luego.
lunes, 10 de abril de 2017
Pántanos
Decía Juan Marsé ayer en una entrevista algo así como que el franquismo le había quitado la juventud y, en definitiva, le había jodido la vida. Hombre, pensé, a estas alturas... aunque por otra parte el ser catalán seguramente ayuda a sentirse víctima de lo que sea, que para el caso da igual. De todas formas, semejantes lamentos me ayudaron a reflexionar sobre la propia historia y también en cómo van cambiando las opiniones con la perspectiva de los años y, sobre todo, seguramente, con la manera en la que a uno le va en la feria.
Así es que estos días estaba pensando yo que aquel cabrón iba a tener una vez más razón, en este caso con lo de Gibraltar, que dijo que al final caería como una fruta madura y ahora parece que así va a ser. Algunos nos desgañitamos demasiado tratando de matar a aquel padre tan bien identificado, lo cual, pienso ahora, fue quizá la mayor bicoca que nos proporcionó, sobre todo porque con su postrera debilidad biológica nos permitió hacernos la ilusión de que nuestra lucha estaba dando sus frutos. En realidad lo que por aquel entonces nos tenía fritos a más no poder era no sólo que no fornicábamos sino el pensar que unos kilómetros más al norte lo hacían a triscapellejo. Otra ilusión más porque, en tanto no se inventó la pilula, en todos los sitios se cocían más o menos las mismas habas, y después también, o quizá incluso más aquí por aquello del acomplejado no querer ser menos que nadie.
De todas formas no quiero yo de ninguna manera dejar de reconocer las ventajas relativas que gozaban en otros países europeos respecto de nosotros. Sobre todo, claro está, en el terreno educativo que, a la postre, es el gran diferenciador entre los sistemas políticos cerrados y los abiertos. Lo que va de educar para ser súbditos a ser ciudadanos. Y ese fue nuestro gran problema que aquí nos educaban para llevar cirios en semanasanta. Y todavía colean los lodos de aquellas lluvias inclementes. Al respecto no hay más que echar un vistazo a las bancadas de nuestro Parlamento Nacional donde la influencia de la sacristía es apabullante sin que la aparición de nuevos partidos en nada haya mejorado el panorama sino todo lo contrario. Aquí da la impresión de que todo el debate ciudadano sigue girando en torno a la superioridad moral de los que van a la misa adecuada. De responsabilidades individuales a duras penas se acaba de empezar a hablar y parece que es algo que sólo debe de afectar a los de muy arriba. Los de abajo y los del medio, con tal de que porten cirios se pueden llamar Andana. Que es lo que tiene la educación para súbdito que al crear una situación personal tan cómoda se agarra al alma por varias generaciones.
Así es que me cuesta entender lo que sostiene Marsé al que, por sus obras manifiestas, suponía una mayor capacidad para el distanciamiento de la propia historia. Porque, ¡leches!, estar todavía a estas alturas con lo de Franco... bueno, al menos hizo pantanos. Eso hay que reconocérselo por mucho que fastidie. Por cierto que la primera discusión violenta que escuche en mi vida fue en el tren de Liérganes entre dos obreros: uno sostenía que lo correcto era pántano y el otro pantano. A D. G. llegó a tiempo el revisor con su uniforme que si no seguro que hubiesen llegado a las manos. Y es que no era para menos.
Así es que estos días estaba pensando yo que aquel cabrón iba a tener una vez más razón, en este caso con lo de Gibraltar, que dijo que al final caería como una fruta madura y ahora parece que así va a ser. Algunos nos desgañitamos demasiado tratando de matar a aquel padre tan bien identificado, lo cual, pienso ahora, fue quizá la mayor bicoca que nos proporcionó, sobre todo porque con su postrera debilidad biológica nos permitió hacernos la ilusión de que nuestra lucha estaba dando sus frutos. En realidad lo que por aquel entonces nos tenía fritos a más no poder era no sólo que no fornicábamos sino el pensar que unos kilómetros más al norte lo hacían a triscapellejo. Otra ilusión más porque, en tanto no se inventó la pilula, en todos los sitios se cocían más o menos las mismas habas, y después también, o quizá incluso más aquí por aquello del acomplejado no querer ser menos que nadie.
De todas formas no quiero yo de ninguna manera dejar de reconocer las ventajas relativas que gozaban en otros países europeos respecto de nosotros. Sobre todo, claro está, en el terreno educativo que, a la postre, es el gran diferenciador entre los sistemas políticos cerrados y los abiertos. Lo que va de educar para ser súbditos a ser ciudadanos. Y ese fue nuestro gran problema que aquí nos educaban para llevar cirios en semanasanta. Y todavía colean los lodos de aquellas lluvias inclementes. Al respecto no hay más que echar un vistazo a las bancadas de nuestro Parlamento Nacional donde la influencia de la sacristía es apabullante sin que la aparición de nuevos partidos en nada haya mejorado el panorama sino todo lo contrario. Aquí da la impresión de que todo el debate ciudadano sigue girando en torno a la superioridad moral de los que van a la misa adecuada. De responsabilidades individuales a duras penas se acaba de empezar a hablar y parece que es algo que sólo debe de afectar a los de muy arriba. Los de abajo y los del medio, con tal de que porten cirios se pueden llamar Andana. Que es lo que tiene la educación para súbdito que al crear una situación personal tan cómoda se agarra al alma por varias generaciones.
Así es que me cuesta entender lo que sostiene Marsé al que, por sus obras manifiestas, suponía una mayor capacidad para el distanciamiento de la propia historia. Porque, ¡leches!, estar todavía a estas alturas con lo de Franco... bueno, al menos hizo pantanos. Eso hay que reconocérselo por mucho que fastidie. Por cierto que la primera discusión violenta que escuche en mi vida fue en el tren de Liérganes entre dos obreros: uno sostenía que lo correcto era pántano y el otro pantano. A D. G. llegó a tiempo el revisor con su uniforme que si no seguro que hubiesen llegado a las manos. Y es que no era para menos.
La Gracia
Uno no sabe que pensar de todo este ruido mediático alrededor de lo que eufemísticamente se está llamando "entrega de las armas" por parte de la afamada y muy patriótica banda de asesinos vascos. Es muy fácil hacerse famoso matando, sobre todo si es por la espalda. Y ahora van y como que nos conceden un armisticio pidiendo de paso que se olvide todo, suelten a los presos, se vaya la policía, etc.etc., pero quedándose ellos, por supuesto, con toda la pasta que les reportó medio siglo de extorsión continuada. Entrega de armas, ya te digo, como si no supiésemos todos que las venden en el supermercado de la esquina y que el que ha asesinado una vez, sobre todo por la espalda, tiene todas las probabilidades a su favor de morir asesino por muchas veces que vaya al cura a pedir la absolución.
Lógicamente, como no soy de piedra, toda esa gente me produce una repugnancia digamos que infinita y, por eso, por el País Vasco cuando menos me vean, mejor. Porque es que todavía no sé si hay por allí muchos o pocos que no sean de la catadura de los asesinos por más que no se atrevan a apretar el gatillo. Desde luego, lo que tenemos hasta ahora es el hecho incontrovertible de que nadie de allí ha pedido perdón por el soporte tácito que en su día, y a día de hoy también, dieron y dan a esa gentuza. Ya saben, lo de la famosa metáfora del árbol y las nueces que el parecer sigue vigente en la mayor parte del territorio.
Todo esto lo sé y también lo resiento y por ello comprendo el rebote de las víctimas y sus aledaños ante la sola sospecha de que la gentuza de marras se pueda ir todavía un poco más de rositas por un gesto tan irrelevante en lo práctico como lo de la entrega de armas. Y hasta aquí es a dónde llega mi ser sentimental... con todas sus limitaciones.
Pero resulta que también quiero ser un ser racional que se relaciona con racionales y echa mano para ello de lo que al respecto en cada cosa de lo que se está tratando dejaron dicho en su día las consideradas por todos como mejores cabezas de la historia. Verbi gratia, Nietzsche:
"A medida que su poder se acrecienta, una comunidad deja de conceder tanta importancia a las infracciones de los individuos, pues ya no le parecen tan peligrosas y tan subversivas para la existencia del conjunto social como antes: el malhechor ya no es exilado y "proscrito", la cólera ya no puede descargarse sobre él con tanto desenfreno como antes -sino que a partir de ahora el malhechor es defendido cuidadosamente contra esa cólera, y se le protege, especialmente, contra los principalmente perjudicados. El compromiso con la cólera de los principalmente afectados por la fechoría; el esfuerzo por localizar el caso y evitar una efervescencia y trastorno más amplio e incluso general; los intentos de encontrar equivalentes y solventar todo el asunto (la compositio); sobre todo la voluntad, que aparece cada vez más decidida, de considerar que todo delito es pagable, y, por tanto, la voluntad de aislar, por lo menos hasta cierto grado, al delincuente de su delito -estos son los rasgos que se han impuesto cada vez más claramente en el desarrollo del derecho penal. Si el poder y la conciencia individual aumentan en una comunidad, entonces el derecho penal se suaviza siempre; desde el momento en que aparecen un debilitamiento o un profundo peligro para ella, enseguida reaparecen las formas más rigurosas de la penalidad. El "acreedor" se ha vuelto humanizado siempre en la misma proporción que se ha enriquecido; al final, incluso, la medida de su riqueza viene dada por la cantidad de perjuicios que puede soportar sin padecer por ello. No sería impensable una sociedad que hubiese alcanzado una conciencia de poder tal que pudiese permitirse el lujo supremo de dejar impune a quien le ha dañado. ((¿Qué me importan en suma mis parásitos?, podría decirse entonces, ¡qué vivan y prosperen!; soy todavía lo bastante fuerte para no inquietarme por ello.))... La justicia que comenzó declarando que "todo es pagable, todo tiene que ser pagado", acaba, como toda cosa excelente en esta tierra, destruyéndose a si misma. Esta autodestrucción de la justicia, sabido es con qué hermoso nombre se la denomina: gracia; ésta continua siendo, como ya se entiende de por sí, el privilegio de los más poderosos, mejor aún, su "más allá" de la justicia."
Bueno, no es que yo vaya a adoptar una posición inequívoca respeto al asunto que les había traído a colación, pero albergo el casi convencimiento de que la magnanimidad con el derrotado no es sólo la mejor forma de humillarle sino también de arrasarle para siempre. Así, al menos, lo practicaba el Gran Alejandro y, también, lo recomienda encarecidamente Sun Tzu en su Arte de la Guerra. Escritos y ejemplos, en cualquier caso, para pararse a pensar antes de ponerse a sentenciar según el dictado de los sentimientos.
Lógicamente, como no soy de piedra, toda esa gente me produce una repugnancia digamos que infinita y, por eso, por el País Vasco cuando menos me vean, mejor. Porque es que todavía no sé si hay por allí muchos o pocos que no sean de la catadura de los asesinos por más que no se atrevan a apretar el gatillo. Desde luego, lo que tenemos hasta ahora es el hecho incontrovertible de que nadie de allí ha pedido perdón por el soporte tácito que en su día, y a día de hoy también, dieron y dan a esa gentuza. Ya saben, lo de la famosa metáfora del árbol y las nueces que el parecer sigue vigente en la mayor parte del territorio.
Todo esto lo sé y también lo resiento y por ello comprendo el rebote de las víctimas y sus aledaños ante la sola sospecha de que la gentuza de marras se pueda ir todavía un poco más de rositas por un gesto tan irrelevante en lo práctico como lo de la entrega de armas. Y hasta aquí es a dónde llega mi ser sentimental... con todas sus limitaciones.
Pero resulta que también quiero ser un ser racional que se relaciona con racionales y echa mano para ello de lo que al respecto en cada cosa de lo que se está tratando dejaron dicho en su día las consideradas por todos como mejores cabezas de la historia. Verbi gratia, Nietzsche:
"A medida que su poder se acrecienta, una comunidad deja de conceder tanta importancia a las infracciones de los individuos, pues ya no le parecen tan peligrosas y tan subversivas para la existencia del conjunto social como antes: el malhechor ya no es exilado y "proscrito", la cólera ya no puede descargarse sobre él con tanto desenfreno como antes -sino que a partir de ahora el malhechor es defendido cuidadosamente contra esa cólera, y se le protege, especialmente, contra los principalmente perjudicados. El compromiso con la cólera de los principalmente afectados por la fechoría; el esfuerzo por localizar el caso y evitar una efervescencia y trastorno más amplio e incluso general; los intentos de encontrar equivalentes y solventar todo el asunto (la compositio); sobre todo la voluntad, que aparece cada vez más decidida, de considerar que todo delito es pagable, y, por tanto, la voluntad de aislar, por lo menos hasta cierto grado, al delincuente de su delito -estos son los rasgos que se han impuesto cada vez más claramente en el desarrollo del derecho penal. Si el poder y la conciencia individual aumentan en una comunidad, entonces el derecho penal se suaviza siempre; desde el momento en que aparecen un debilitamiento o un profundo peligro para ella, enseguida reaparecen las formas más rigurosas de la penalidad. El "acreedor" se ha vuelto humanizado siempre en la misma proporción que se ha enriquecido; al final, incluso, la medida de su riqueza viene dada por la cantidad de perjuicios que puede soportar sin padecer por ello. No sería impensable una sociedad que hubiese alcanzado una conciencia de poder tal que pudiese permitirse el lujo supremo de dejar impune a quien le ha dañado. ((¿Qué me importan en suma mis parásitos?, podría decirse entonces, ¡qué vivan y prosperen!; soy todavía lo bastante fuerte para no inquietarme por ello.))... La justicia que comenzó declarando que "todo es pagable, todo tiene que ser pagado", acaba, como toda cosa excelente en esta tierra, destruyéndose a si misma. Esta autodestrucción de la justicia, sabido es con qué hermoso nombre se la denomina: gracia; ésta continua siendo, como ya se entiende de por sí, el privilegio de los más poderosos, mejor aún, su "más allá" de la justicia."
Bueno, no es que yo vaya a adoptar una posición inequívoca respeto al asunto que les había traído a colación, pero albergo el casi convencimiento de que la magnanimidad con el derrotado no es sólo la mejor forma de humillarle sino también de arrasarle para siempre. Así, al menos, lo practicaba el Gran Alejandro y, también, lo recomienda encarecidamente Sun Tzu en su Arte de la Guerra. Escritos y ejemplos, en cualquier caso, para pararse a pensar antes de ponerse a sentenciar según el dictado de los sentimientos.
sábado, 8 de abril de 2017
Incienso forever
Bob Dilan escribió un verso que decía que los tiempos están cambiando y le dieron el premio Nobel de literatura como para certificar semejante obviedad que por lo demás es perenne. ¿O es que hubo algún tiempo en el que no cambiasen? Aunque, para ser más justo el premio, quizá Dilan debiera haber añadido "en lo accesorio". ¿O es que en lo fundamental el ser humano ha cambiado algo? Uno lee en Heródoto las anécdotas terroríficas protagonizadas por Cambises y luego ve en el telediario las hazañas de Putin y Asad y no puede sino pensar que estamos en las mismas. Las vidas ajenas solo tienen valor para ellos si las yugulan con un plus de crueldad. Es el valor terapéutico del ejemplo. Que el personal sepa a lo que se expone. Es la condición sine qua non del poder para que las cosas del querer no se le vayan de las manos.
Así las cosas, conviene no perder la perspectiva cuando leemos en los periódicos que para ahorrar energía lo más apropiado va a ser provocar una mutación genética en el ser humano que le permita ver en la oscuridad. Cualquier cosa, en fin, en vez de animarle a usar la cabeza para que se mueva en bicicleta en vez de en coche o tome el sol junto a su casa en vez de tener que ir a tomarlo a Bora Bora. Y mil ejemplos más que con sólo pensar un poco se podrían poner por obra. Ya, me dirán, pero entonces, ¿qué pasa con la autoestima? ¿Qué sería de un puto chusma sin su coche o de un nini sin su rottweiler? Mejor así, caes en la cuenta, y que nos muten todo lo que quieran porque vivir entre gente sin autoestima es el puro infierno.
Recuerdo que allá, por los años cincuenta del siglo pasado, con motivo de haber cometido yo unas travesuras intrascendentes, me trasladaron a un colegio de estrictos gobernantes. La disciplina imperante allí consistía sobre todo en, como se decía por aquel entonces, comer las hostias a puñaos. Así era que en llegando estas fechas semanasantales, para atemperarnos la naciente líbido, nos metían por el cuerpo ocho o diez horas diarias de iglesia de las cuales más de la mitad eran en posición genuflexa. Pues ni por esas, los escasos minutos que nos daban de recreo solo sabíamos hablar de pajas y cosas por el estilo. El eterno masculino, que no vamos a ser menos que la féminas.
Pues bien, por mucho que parezca lo contrario, si lo observamos con detenimiento, la cuestión penitencial de la Semana Santa poco ha cambiado y en cualquier caso, a mi juicio, a mucho peor. Desde luego a mí si me dan a escoger entre aquellas horas de iglesia con sermones y alzamientos o agarrar el coche con toda la familia y demás balumba y tirarme a la carretera para ir a una playa de la costa, ni lo dudo: dame iglesia y llámame lo que quieras. Disciplina por disciplina, prefiero mil veces aquellos colocones de aburrimiento e incienso que toda la mala leche de los atascos en familia.
Ya digo, todo cambia, incluso se ha llegado a dar el mismo premio a Bob Dilan y a Thomas Mann, ¡casi ná! Claro que si te fijas en lo que va de Cambises a Putin... poco o nada. O es que comerse a un soldado de cada diez a la semana es muy diferente a gasear niños. En lo esencial estamos donde estábamos y dame incienso y quítame casa en la costa.
Así las cosas, conviene no perder la perspectiva cuando leemos en los periódicos que para ahorrar energía lo más apropiado va a ser provocar una mutación genética en el ser humano que le permita ver en la oscuridad. Cualquier cosa, en fin, en vez de animarle a usar la cabeza para que se mueva en bicicleta en vez de en coche o tome el sol junto a su casa en vez de tener que ir a tomarlo a Bora Bora. Y mil ejemplos más que con sólo pensar un poco se podrían poner por obra. Ya, me dirán, pero entonces, ¿qué pasa con la autoestima? ¿Qué sería de un puto chusma sin su coche o de un nini sin su rottweiler? Mejor así, caes en la cuenta, y que nos muten todo lo que quieran porque vivir entre gente sin autoestima es el puro infierno.
Recuerdo que allá, por los años cincuenta del siglo pasado, con motivo de haber cometido yo unas travesuras intrascendentes, me trasladaron a un colegio de estrictos gobernantes. La disciplina imperante allí consistía sobre todo en, como se decía por aquel entonces, comer las hostias a puñaos. Así era que en llegando estas fechas semanasantales, para atemperarnos la naciente líbido, nos metían por el cuerpo ocho o diez horas diarias de iglesia de las cuales más de la mitad eran en posición genuflexa. Pues ni por esas, los escasos minutos que nos daban de recreo solo sabíamos hablar de pajas y cosas por el estilo. El eterno masculino, que no vamos a ser menos que la féminas.
Pues bien, por mucho que parezca lo contrario, si lo observamos con detenimiento, la cuestión penitencial de la Semana Santa poco ha cambiado y en cualquier caso, a mi juicio, a mucho peor. Desde luego a mí si me dan a escoger entre aquellas horas de iglesia con sermones y alzamientos o agarrar el coche con toda la familia y demás balumba y tirarme a la carretera para ir a una playa de la costa, ni lo dudo: dame iglesia y llámame lo que quieras. Disciplina por disciplina, prefiero mil veces aquellos colocones de aburrimiento e incienso que toda la mala leche de los atascos en familia.
Ya digo, todo cambia, incluso se ha llegado a dar el mismo premio a Bob Dilan y a Thomas Mann, ¡casi ná! Claro que si te fijas en lo que va de Cambises a Putin... poco o nada. O es que comerse a un soldado de cada diez a la semana es muy diferente a gasear niños. En lo esencial estamos donde estábamos y dame incienso y quítame casa en la costa.
viernes, 7 de abril de 2017
¡Que corran las apuestas!
Que yo sepa, ni Elon Musk, ni Bill Gates, ni Jeff Bezos, ni Mark Zuckerberg, ni ni siquiera Richard Branson que no le hace ascos a nada, son socios de Mar a Lago. Y es que hay dos Américas, una que respira y otra que está muerta. Y ese es el gran problema, que la muerta se ha puesto al frente de la patria y a la viva no parece importarle.
Lo de Mar a Lago por lo que he podido enterarme es el club de los venidos a más, mayormente empresarios del ladrillo. Todos hemos visto eso en nuestro pueblo, ciudad o nación. Gente que se pirria por el lujo porque cree que eso les iguala a los que envidian, los ricos de nacimiento. A los ricos de nacimiento, claro está, que se encargan de hacer realidad el mito de la tercera generación: abuelo bodeguero, padre millonario e hijo pordiosero. La mala digestión del éxito financiero tan propia de los iletrados. No de todos, evidentemente, que siempre hay excepciones y todos las conocemos. Pero la cosa, por lo general, funciona así: el padre millonario le dice al profesor de piano de su hijo que no le apriete mucho porque de mayor se podrá comprar todos los discos que quiera.
El dichoso lujo como compensación de carencias inconfesables. Y nadie, o casi nadie, se libra. Por eso para criticarlo es condición sine qua non vivir muy por debajo de las propias posibilidades. De lo contrario, solo sería una manifestación de envidia so capa de buen gusto. Pero, dicho lo dicho, lo que no se puede negar es que el lujo como terapia de las carencias de autoestima rechina a más no poder. Y no para otra cosa se inventó la palabra hortera que para significar ese rechine del que veut peter plus haut que le cul.
En fin, en esas estamos y no creo que la cosa nos tenga que sorprender. Cualquiera que se haya dedicado a observar mínimamente la realidad socio-política-económica-armamentística del entorno sabrá de sobra que en su pueblo, ciudad o nación, los que realmente vienen mandando desde tiempo inmemorial son los empresarios del ladrillo. Ellos han sido y son los que quitan y ponen alcaldes y presidentes. Y es que se gana muchísimo dinero dedicándose a traficar con el bien más preciado para la inmensa mayoría: la vivienda. El personal por lo general pone tanto eros en la posesión de ese bien que queda exhausto para cualquier tipo de razonamiento sensato. Como cuando se enamora para que me entiendan. Y así, claro, a cualquiera que negocia en esas condiciones se le puede engañar, y se le engaña, sin conmiseración, porque no se entera.
Y eso es todo, que por fin la realidad que siempre fue entre cortinajes se ha hecho ahora manifiesta a plena luz del día. Es el triunfo sin paliativos del horterismo. Ahora solo nos queda esperar para ver hasta dónde y cuándo lo podremos soportar. ¡Qué corran las apuestas!
Lo de Mar a Lago por lo que he podido enterarme es el club de los venidos a más, mayormente empresarios del ladrillo. Todos hemos visto eso en nuestro pueblo, ciudad o nación. Gente que se pirria por el lujo porque cree que eso les iguala a los que envidian, los ricos de nacimiento. A los ricos de nacimiento, claro está, que se encargan de hacer realidad el mito de la tercera generación: abuelo bodeguero, padre millonario e hijo pordiosero. La mala digestión del éxito financiero tan propia de los iletrados. No de todos, evidentemente, que siempre hay excepciones y todos las conocemos. Pero la cosa, por lo general, funciona así: el padre millonario le dice al profesor de piano de su hijo que no le apriete mucho porque de mayor se podrá comprar todos los discos que quiera.
El dichoso lujo como compensación de carencias inconfesables. Y nadie, o casi nadie, se libra. Por eso para criticarlo es condición sine qua non vivir muy por debajo de las propias posibilidades. De lo contrario, solo sería una manifestación de envidia so capa de buen gusto. Pero, dicho lo dicho, lo que no se puede negar es que el lujo como terapia de las carencias de autoestima rechina a más no poder. Y no para otra cosa se inventó la palabra hortera que para significar ese rechine del que veut peter plus haut que le cul.
En fin, en esas estamos y no creo que la cosa nos tenga que sorprender. Cualquiera que se haya dedicado a observar mínimamente la realidad socio-política-económica-armamentística del entorno sabrá de sobra que en su pueblo, ciudad o nación, los que realmente vienen mandando desde tiempo inmemorial son los empresarios del ladrillo. Ellos han sido y son los que quitan y ponen alcaldes y presidentes. Y es que se gana muchísimo dinero dedicándose a traficar con el bien más preciado para la inmensa mayoría: la vivienda. El personal por lo general pone tanto eros en la posesión de ese bien que queda exhausto para cualquier tipo de razonamiento sensato. Como cuando se enamora para que me entiendan. Y así, claro, a cualquiera que negocia en esas condiciones se le puede engañar, y se le engaña, sin conmiseración, porque no se entera.
Y eso es todo, que por fin la realidad que siempre fue entre cortinajes se ha hecho ahora manifiesta a plena luz del día. Es el triunfo sin paliativos del horterismo. Ahora solo nos queda esperar para ver hasta dónde y cuándo lo podremos soportar. ¡Qué corran las apuestas!
jueves, 6 de abril de 2017
Take for granted
Los seres humanos venimos de fábrica con unos cuantos talones de Aquiles. Unos tienen más que otros, bien sure, pero todos, absolutamente todos, padecemos de unos cuantos de carácter tan insidioso que ni siquiera somos conscientes de su existencia. Me referiré aquí a uno de entre los más perversos que los ingleses, tan de actualidad, llaman take for granted y nosotros, más modestos sin duda, dar por hecho.
Digamos que éste es el talón por excelencia de los niños mimados o favorecidos por la fortuna. Los que vienen al mundo regalados ni siquiera son conscientes de que todo aquello de lo que disfrutan son meros privilegios, es decir, concesiones de la perversa Fortuna que, como bien es sabido, nunca tarda en pedir compensaciones. No por otra cosa es que la suerte de la fea, la guapa la desea.
Así fue que Aquiles, el más favorecido por los dioses, estaba furioso porque Agamenón le había birlado a Briseida, una nadería para él que solo amaba a Patroclo, ya ven, lo quería todo, ciego de ambición y por tal ajeno a que Paris, que en realidad era Hermes, el dios artero, no paraba de observarle para encontrarle el talón donde clavar una flecha mortal. Y a tomar todo por el saco: Briseida, Patroclo, los tirabuzones dorados, los pies alados y demás dones del cielo.
Observen el dibujo que exhiben las manifestantes en su camiseta. La Sr. May nos ha engañado, viene a querer decir. No amiguitas, ella es Hermes y por tanto artera hasta las cachas. El problema es que vosotras y yo y tantos otros ingenuos damos por hecho que todo lo que tenemos es lo normal y aún nos parece poco y nos agarramos un rebote si por casualidad nos arrebatan cualquier Briseida de tres al cuarto. Pues no, no es lo normal tener tanto, que solo tendríamos que mirar un poco alrededor para darnos cuenta. Tenemos lo que tenemos porque alguien antes se partió los cuernos para conseguirlo. Y nuestra obligación sería partir los nuestros para conservarlo. Pero no somos conscientes porque la Sra. May, el Hermes de turno ya digo, se encarga de dorarnos la píldora para tenernos distraídos y poder clavarnos la flecha cuando mejor le convenga. Es nuestra culpa el vivir con la guardia baja.
Ayer leía un artículo de Richard Dawkins en el que pedía la formación de un Partido Europeo. Así, sin otra ideología que la de preservar y mejorar la Unión Europea, sin duda lo mejor que nos ha pasado a todos los vivimos dentro de ella. Y, sin embargo, por lo general tan poco conscientes de ello. En fin, ahora mismo, tan pronto acabe con esto, voy a escribir a la Consejería de Educación de la Comunidad para advertirles de que en la fachada de la Escuela de Idiomas de esta capital están todas las banderas menos la europea. Que lo sepan. Y también que hay gente a la que no le parece adecuado. Es un grano de arena, pero así se hacen las playas.
miércoles, 5 de abril de 2017
Perdedores
Sostenía el otro día Fareed Zakaria que no conviene ser excesivamente cenizo respecto al mundo en curso. Y aportaba una serie de datos para apoyar su teoría de que cuando las cosas se ponen chungas la gente que parece dormida empieza a despertar. La América que reacciona contra el trumpismo -nunca hubo un presidente menos valorado a los dos meses de mandato-, la Inglaterra que sale a la calle contra el brexit, la Francia que le va a dar la victoria a Macron sobre Le Pen, la Holanda que ha derrotado a los populistas, como Austria, y unos cuantos ejemplos más.
Por otra parte, me contaba ayer una de mis hijas, que vive en Londres, el tostón que están padeciendo a causa de brexit. Estén donde estén y con quién estén siempre surge alguien, el más tonto de la clase por lo general, defendiendo el separarse. Ya, le dije, he vivido en Cataluña y sé lo que es el proselitismo de los perdedores. No cejan aún a sabiendas de que acabarán bebiendo agua de borrajas. El caso para ellos es trasladar a los demás su propio malestar existencial. Por eso, le dije a mi hija, a esa pobre gente, si no le hubiesen dado el alibi de la independencia o el irse, se hubiese visto forzada a encontrar otro igual de quimérico, porque lo que no pueden de ninguna de las maneras es vivir sin un instrumento que les permita trasladar su íntimo malestar a los demás. Es su única posibilidad de aliviarse.
Y en eso consiste todo el fastidio del mundo, en la necesidad imperiosa que tienen los perdedores de aliviar su malestar. Y por eso es que lo del brexit y la independencia de Cataluña no es que no nos deba preocupar sino todo lo contrario: son dos formas relativamente inofensivas de canalizar las frustraciones de los más tontos que, ya saben, adoran coleccionarlas.
Así que, amigos, descarten todo pesimismo al respecto. Muchas cosas accesorias es obvio que están en un rabioso proceso de cambio y eso perturba gravemente a los menos dotados. Pero el común de la gente se adapta y aprovecha las nuevas oportunidades. Y el mundo, según todas las gráficas, es mucho mejor de lo que era. Lo que no quita para que la inepcia de los menos vaya a tener una gran capacidad para emponzoñar el bienestar de los más... lo cual, tampoco es cosa de mucho detestar si se tiene en cuenta que no hay nada como vernos reflejados en el espejo del fracaso y el mal para impulsarnos hacia el esfuerzo necesario para ser mejores.
En fin, ya les digo, donde vean a alguien suspirando por regresar a la tierra primigenia sepan que están ante un fracasado que intentará aliviarse por el sencillo procedimiento de tirarse a la yugular de todos los que pasaban por allí.
Por otra parte, me contaba ayer una de mis hijas, que vive en Londres, el tostón que están padeciendo a causa de brexit. Estén donde estén y con quién estén siempre surge alguien, el más tonto de la clase por lo general, defendiendo el separarse. Ya, le dije, he vivido en Cataluña y sé lo que es el proselitismo de los perdedores. No cejan aún a sabiendas de que acabarán bebiendo agua de borrajas. El caso para ellos es trasladar a los demás su propio malestar existencial. Por eso, le dije a mi hija, a esa pobre gente, si no le hubiesen dado el alibi de la independencia o el irse, se hubiese visto forzada a encontrar otro igual de quimérico, porque lo que no pueden de ninguna de las maneras es vivir sin un instrumento que les permita trasladar su íntimo malestar a los demás. Es su única posibilidad de aliviarse.
Y en eso consiste todo el fastidio del mundo, en la necesidad imperiosa que tienen los perdedores de aliviar su malestar. Y por eso es que lo del brexit y la independencia de Cataluña no es que no nos deba preocupar sino todo lo contrario: son dos formas relativamente inofensivas de canalizar las frustraciones de los más tontos que, ya saben, adoran coleccionarlas.
Así que, amigos, descarten todo pesimismo al respecto. Muchas cosas accesorias es obvio que están en un rabioso proceso de cambio y eso perturba gravemente a los menos dotados. Pero el común de la gente se adapta y aprovecha las nuevas oportunidades. Y el mundo, según todas las gráficas, es mucho mejor de lo que era. Lo que no quita para que la inepcia de los menos vaya a tener una gran capacidad para emponzoñar el bienestar de los más... lo cual, tampoco es cosa de mucho detestar si se tiene en cuenta que no hay nada como vernos reflejados en el espejo del fracaso y el mal para impulsarnos hacia el esfuerzo necesario para ser mejores.
En fin, ya les digo, donde vean a alguien suspirando por regresar a la tierra primigenia sepan que están ante un fracasado que intentará aliviarse por el sencillo procedimiento de tirarse a la yugular de todos los que pasaban por allí.
martes, 4 de abril de 2017
El pelo de la dehesa.
Que Paula Echevarría y David Bustamante se iban a separar en breve se lo anuncie hace un año o así. Solo había que ver las fotografía que se hicieron con su niña, o niño, con motivo de un aniversario, para darse cuenta de que tal despliegue de cursilería de ninguna manera puede conducir a nada duradero. De Paula no tengo ni idea de quién es ni de dónde viene, solo sé que es una influencer, una cosa que debe tener que ver con haber sido agraciada por la naturaleza con unos especiales encantos que la pobre gente ordinaria quisiera imitar. De David sé que es un chico de mucho mérito. Nacido para ser albañil, supo aprovechar las oportunidades de la vida para poner en valor sus dotes líricas. Hay que tener en cuenta que la mayoría de los que las poseen más o menos semejantes nunca suelen pasar de cantantes de romería o de hotel de Benidorm. Ha sido, sin duda, una persona lista y trabajadora.
Pero ahí está el quid de la cuestión, que todo el encanto natural del mundo añadido al tesón ejemplar para desarrollar unas dotes mediocres no bastan a ocultar el pelo de la dehesa. El asunto sé que les sonará odiosamente clasista, pero qué le vamos a hacer si la realidad es obstinada. El aprendizaje de la discreción es arduo donde les haya y si bien algunos vienen al respecto favorecidos de cuna, de poco les ha de valer si no cultivan de por sí su parcela intelectual. Exhibir el éxito alcanzado supongo que debe ser una tentación irresistible cuando no se está muy seguro de si mismo. Apetece que sea la solución ideal para una autoestima herida de nacimiento. Pero nada más lejos. Sabido es que la fama es un licor que cuanto más se bebe más sed da. Al final todo se reduce a una borrachera de egolatría que viene a ser el ridículo absoluto: las fotos de David y Paula, con su niño, o niña, haciendo una obscena exhibición de felicidad. ¡Ya te digo!, pero mira que hay que ser iletrado para exhibir felicidad, la más engañosa de todas las sensaciones.
En fin, lo siento por esos chicos y lamento que no hayan tenido mejores consejeros. Alguien que les hubiese explicado que una cosa es la fama y otra el prestigio. Conocida esa diferencia, seguramente David, que sin duda es un chico listo, hubiese robado unas cuantas horas al gimnasio para dedicárselas a la academia. Aunque no conviene engañarse, cuando la herida de la dehesa es profunda ni con la Academia de Platón se restaña.
Pero ahí está el quid de la cuestión, que todo el encanto natural del mundo añadido al tesón ejemplar para desarrollar unas dotes mediocres no bastan a ocultar el pelo de la dehesa. El asunto sé que les sonará odiosamente clasista, pero qué le vamos a hacer si la realidad es obstinada. El aprendizaje de la discreción es arduo donde les haya y si bien algunos vienen al respecto favorecidos de cuna, de poco les ha de valer si no cultivan de por sí su parcela intelectual. Exhibir el éxito alcanzado supongo que debe ser una tentación irresistible cuando no se está muy seguro de si mismo. Apetece que sea la solución ideal para una autoestima herida de nacimiento. Pero nada más lejos. Sabido es que la fama es un licor que cuanto más se bebe más sed da. Al final todo se reduce a una borrachera de egolatría que viene a ser el ridículo absoluto: las fotos de David y Paula, con su niño, o niña, haciendo una obscena exhibición de felicidad. ¡Ya te digo!, pero mira que hay que ser iletrado para exhibir felicidad, la más engañosa de todas las sensaciones.
En fin, lo siento por esos chicos y lamento que no hayan tenido mejores consejeros. Alguien que les hubiese explicado que una cosa es la fama y otra el prestigio. Conocida esa diferencia, seguramente David, que sin duda es un chico listo, hubiese robado unas cuantas horas al gimnasio para dedicárselas a la academia. Aunque no conviene engañarse, cuando la herida de la dehesa es profunda ni con la Academia de Platón se restaña.
lunes, 3 de abril de 2017
Senectutem
El otro día escribía un artículo Savater a propósito del desconsuelo que no le abandona ni mengua desde que hace dos años murió su mujer. Me llamó algo la atención tal exhibición de intimidad en, precisamente, un filósofo. Suponía yo que alguien que nos ha dado tantas muestras de buen razonar no se tendría que dejar llevar de ese modo por los sentimientos. Aunque, por otra parte, se trata de un filósofo que nunca ocultó su admiración por Nietzsche y su correspondiente preponderancia de lo dionisíaco en ese necesario equilibrio con lo apolíneo. En fin, lo que sea, que para el caso lo que cuenta es ese casi incomprensible desparrame sentimental que parece más propio de comadre de Casares de las Hurdes o por el estilo. Me cuesta mucho creérmelo y tiendo más a pensar en algún tipo de patología ligada a la senectud.
Lo digo porque reconozco en mí con naturalidad algunos de las síntomas que él describía con tono de pesadumbre. Decía que se le han quitado las ganas de ver películas, ver la tele, leer, etc.. Ya digo, completamente natural, porque es prácticamente imposible que a estas edades esas cosas te aporten algo que no sea el muy primario placer de la confirmación del propio pensamiento. Y para eso, como dice Julio Torri, solo hay que levantar la mirada del libro y observar el mundo alrededor. Si uno no ha aprendido ya a leer en el paisaje circundante es que ha desperdiciado la vida lamentablemente.
Así es que me cuesta comprender ese triste lamentar del filósofo y, como soy malo, tiendo a pensar que prevención a destiempo malicia arguye. Quién sabe, acaso ya tiene echado el ojo a alguna piba por ahí, que con su prestigio es seguro que las tiene haciendo cola a su puerta. Porque es que, además, no cuadra nada con esa reivindicación de la alegría que fue siempre marca de su casa. En resumidas cuentas, esperar para ver... aunque, pase lo que pase, por muy extremo que fuera, será más de lo ya visto: una cualquiera de las infinitas actitudes que adopta el ser humano a impulsos de su incomprensible sistema neuronal.
En cualquier caso, filósofo o no, dionisíaco o apolíneo, con piba o si ella, entretener la vejez sin dar el coñazo está más allá de toda pretensión razonable. Por eso, lo suyo en tal etapa de la vida no puede ser otra cosa que un sano maridaje con el puto aburrimiento. Ya, por otra parte, lo señaló un buen día Shopenhauer, que hasta que no aceptas con naturalidad a ese molesto partener no hay forma de que se te caigan los colmillos de una vez por todas.
Lo digo porque reconozco en mí con naturalidad algunos de las síntomas que él describía con tono de pesadumbre. Decía que se le han quitado las ganas de ver películas, ver la tele, leer, etc.. Ya digo, completamente natural, porque es prácticamente imposible que a estas edades esas cosas te aporten algo que no sea el muy primario placer de la confirmación del propio pensamiento. Y para eso, como dice Julio Torri, solo hay que levantar la mirada del libro y observar el mundo alrededor. Si uno no ha aprendido ya a leer en el paisaje circundante es que ha desperdiciado la vida lamentablemente.
Así es que me cuesta comprender ese triste lamentar del filósofo y, como soy malo, tiendo a pensar que prevención a destiempo malicia arguye. Quién sabe, acaso ya tiene echado el ojo a alguna piba por ahí, que con su prestigio es seguro que las tiene haciendo cola a su puerta. Porque es que, además, no cuadra nada con esa reivindicación de la alegría que fue siempre marca de su casa. En resumidas cuentas, esperar para ver... aunque, pase lo que pase, por muy extremo que fuera, será más de lo ya visto: una cualquiera de las infinitas actitudes que adopta el ser humano a impulsos de su incomprensible sistema neuronal.
En cualquier caso, filósofo o no, dionisíaco o apolíneo, con piba o si ella, entretener la vejez sin dar el coñazo está más allá de toda pretensión razonable. Por eso, lo suyo en tal etapa de la vida no puede ser otra cosa que un sano maridaje con el puto aburrimiento. Ya, por otra parte, lo señaló un buen día Shopenhauer, que hasta que no aceptas con naturalidad a ese molesto partener no hay forma de que se te caigan los colmillos de una vez por todas.
domingo, 2 de abril de 2017
Lo non venido por passado
Ya estoy instalado en mi nueva demeure, que, espero, si los dioses tienen a bien concedérmelo, sea la última, porque, como bien decía mi padre, a estas edades ya se está en tiempo de propina. Así que, de aquí, como les iba diciendo, a Pan y Guindas. Y, por lo demás, ya sólo me queda desear que las Parcas se olviden de mi hilo al menos mientras me mantenga autónomo. Después, que corten por donde quieran y cuanto antes mejor.
Por lo demás, ya da igual que no llueva. Incluso mejor que siga la sequía porque si ahora lloviese saldría una cosecha mierdosa y los del seguro se llamarían Andana. Al menos eso es lo que escuché ayer en la tertulia que al respecto había en el restaurante de Ampudia al que acudimos con unos amigos que andan por aquí de gira. Comimos, por cierto, de lujo, y a los postres, Ana acompañó al piano al dueño del local que tiene tesitura de tenor. Cantó Catarí y Una Furtiva Lágrima, con bastantes gallos, la verdad, pero, después, se redimió bastante con María La Portuguesa autoacompañándose con la guitarra. En fin, cosas de otros tiempos.
Anduvimos por ahí todo el día de gira. De Ampudia, que no tiene desperdicio, a Fuentes, que tampoco, y de allí a Paredes que para qué hablar. Ana y Rafa estaban encantados: se forraron a ver iglesias que es una especie de adicción para ellos. María y yo les esperábamos en las plazas adyacentes que tampoco son mancas.
Por lo demás, ya da igual que no llueva. Incluso mejor que siga la sequía porque si ahora lloviese saldría una cosecha mierdosa y los del seguro se llamarían Andana. Al menos eso es lo que escuché ayer en la tertulia que al respecto había en el restaurante de Ampudia al que acudimos con unos amigos que andan por aquí de gira. Comimos, por cierto, de lujo, y a los postres, Ana acompañó al piano al dueño del local que tiene tesitura de tenor. Cantó Catarí y Una Furtiva Lágrima, con bastantes gallos, la verdad, pero, después, se redimió bastante con María La Portuguesa autoacompañándose con la guitarra. En fin, cosas de otros tiempos.
Anduvimos por ahí todo el día de gira. De Ampudia, que no tiene desperdicio, a Fuentes, que tampoco, y de allí a Paredes que para qué hablar. Ana y Rafa estaban encantados: se forraron a ver iglesias que es una especie de adicción para ellos. María y yo les esperábamos en las plazas adyacentes que tampoco son mancas.
Pues si vemos lo presente
cómo en un punto s'es ido
e acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo non venido
por passado.
Se puede leer en el monumento dedicado a Jorge Manrique en la de Paredes. Suprema sabiduría. Antídoto de turbias ansiedades.
Un día expléndido de más mirar borregos corriendo por el cielo que no los mares verdes, que no están aunque debieran, ondulándose al viento. Una verdadera pena, pero así es la vida, que ya lo dijo Felipe II, que el no había mandado sus naves a luchar contra los elementos. ¡Ay, los elementos! Su ominosa imprevisibilidad. Y menos mal que está El Ocaso para un roto.
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