sábado, 15 de abril de 2017

Poniendo el rabo

"Juan Carlos Cabrera, concejal delegado de Seguridad, Movilidad y Fiestas Mayores en el Ayuntamiento de Sevilla, mostró su repulsa hacia quienes provocaron las avalanchas en la Semana Santa sembrando el pánico y tildó a los detenidos de «basura, escoria humana, vándalos, golfos, gamberros, sinvergüenzas y desalmados» y deseó que todo el peso de la Ley caiga sobre ellos. «Éstos no van a acabar con nuestra Semana Santa, seguiremos defendiendo lo que es nuestro porque no sólo están en juego las hermandades, sino la vida de personas»"

Por lo visto en las procesiones de Sevilla se han producido estampidas que han dejado más de cien heridos entre la chusma asistente. Lo más seguro es que alguna señora ha empezado a gritar al tomar conciencia de que algún golfo le estaba "poniendo el rabo". La gente se ha asustado entonces y se ha puesto a hacer running en el lugar y a la hora menos apropiados. Claro, hasta en Sevilla, con toda la devoción y demás mandangas tipo "de lo que es nuestro", la gente anda mosqueada con lo de los yihadistas que atacan donde menos se les espera, aunque se sabe que tienen predilección por donde la chusma se amontona. Debiera saberlo el concejal ese experto en calificativos descalificadores y decir a su gente que lo de facilitar las condiciones para poner el rabo impunemente también tiene sus inconvenientes. 

Claro, ya sé que es todo cuestión de PIB. La famosa religiosidad de la Semana Santa subió no se cuantos enteros desde que las autoridades se dieron cuenta de que era una máquina de atraer turistas. En realidad cualquier cosa les atrae con tal de que haya aglomeraciones por medio. Como le dicen a Maria sus alumnas gitanillas si algo "se lleva", los pantalones rotos por ejemplo, pues hay que llevarlos con orgullo. Si millones de personas van a experimentar esa cosa que le dicen devoción, pues yo también quiero, qué caray. Y voy allí y devociono por un tubo entre fino y fino o cañita y cañita y, si se tercia, pongo el rabo sin que se entere mi señora. 

No, la verdad, ahora en serio, no creo yo que haya mejor manera de medir el desarrollo humano y cultural de una persona o sociedad que el gusto por las aglomeraciones. Lo de San Fermin, sin ir más lejos, tiene todos los ingredientes del anclaje en la adolescencia, Heminway incluido. La promiscuidad, el ruido, la embriaguez colectiva, todos los ingrediendes, en fin, del nihilismo redentor de desesperados. No muy diferente de lo de los yihadistas, pero en pijo. En resumidas cuentas, dime a dónde vas y te diré cómo te encuentras y otras cuantas cosas más sobre ti. Eso es todo.  

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