El programa de debate que dirige Élisabeth Quin en la cadena ARTE está considerado lo más de lo más en su especie por parte de nuestros vecinos del norte. Claro que si lo comparas con los debates de las cadenas anglosajonas yo diría que es una caca, pero así y todo lo suelo mirar a ratos, más que nada porque del cuidadoso análisis de las cacas se pueden sacar muchas conclusiones acerca de quien las produce.
Ayer trataban sobre las diferentes recetas que tienen los candidatos para combatir el chômage, que es como allí le dicen al paro. El de Macrón sostenía hacer lo mismo que hacen en los países a los que les va bien. El lepenista era tonto sin paliativos -quería obligar a los franceses a comprar muebles hechos en Francia-, pero le salvaba el mal trato que le daban todos los demás sin excepción. Luego la sindicalista de turno experta en tópicos decimonónicos. Sí, toda esa caca olía mal, tenía mal color y su consistencia tendía más que a lo líquido a lo gaseoso. Sin duda, si debaten así, quitándose la palabra unos a otros y, sobre todo, no dejando hablar al que dice tonterías, es que la cosa es grave.
Efectivamente, casta o trama, tengo que dar la razón, al menos en parte, a esos de Podemos. Concretamente, en el prestigioso -entre comillas- programa del que les hablo, me da la impresión de que una gente con méritos muy limitados se ha hecho con el poder y le mantiene a golpe de clientelismo. Hay un núcleo duro que lleva años acudiendo día sí y día no a darse la razón unos a otros. ¡Y a cobrarrr! Una idea de quienes son la podría dar el comienzo de la biografía en la Wiquipédia de la mentada presentadora, Señora Quin: Elle a été adoptée, et a adopté une Cambodgienne. Como ven, grandes méritos.
Por supuesto, la carcoma feminista es bandera de enganche. Y para remachar la consistencia del compromiso la pestilencia animalista. En definitiva, no prescinden de una sola de las casposas artimañas que sirven para atraer la simpatía de los peores.
En fin, espero que gane Macrón y que eso ayude a Francia, y a nosotros de rebote, a darse cuenta de que lo de Élisabeth es una jodida impostura, madre de todas las decadencias.
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