Sostenía el otro día Fareed Zakaria que no conviene ser excesivamente cenizo respecto al mundo en curso. Y aportaba una serie de datos para apoyar su teoría de que cuando las cosas se ponen chungas la gente que parece dormida empieza a despertar. La América que reacciona contra el trumpismo -nunca hubo un presidente menos valorado a los dos meses de mandato-, la Inglaterra que sale a la calle contra el brexit, la Francia que le va a dar la victoria a Macron sobre Le Pen, la Holanda que ha derrotado a los populistas, como Austria, y unos cuantos ejemplos más.
Por otra parte, me contaba ayer una de mis hijas, que vive en Londres, el tostón que están padeciendo a causa de brexit. Estén donde estén y con quién estén siempre surge alguien, el más tonto de la clase por lo general, defendiendo el separarse. Ya, le dije, he vivido en Cataluña y sé lo que es el proselitismo de los perdedores. No cejan aún a sabiendas de que acabarán bebiendo agua de borrajas. El caso para ellos es trasladar a los demás su propio malestar existencial. Por eso, le dije a mi hija, a esa pobre gente, si no le hubiesen dado el alibi de la independencia o el irse, se hubiese visto forzada a encontrar otro igual de quimérico, porque lo que no pueden de ninguna de las maneras es vivir sin un instrumento que les permita trasladar su íntimo malestar a los demás. Es su única posibilidad de aliviarse.
Y en eso consiste todo el fastidio del mundo, en la necesidad imperiosa que tienen los perdedores de aliviar su malestar. Y por eso es que lo del brexit y la independencia de Cataluña no es que no nos deba preocupar sino todo lo contrario: son dos formas relativamente inofensivas de canalizar las frustraciones de los más tontos que, ya saben, adoran coleccionarlas.
Así que, amigos, descarten todo pesimismo al respecto. Muchas cosas accesorias es obvio que están en un rabioso proceso de cambio y eso perturba gravemente a los menos dotados. Pero el común de la gente se adapta y aprovecha las nuevas oportunidades. Y el mundo, según todas las gráficas, es mucho mejor de lo que era. Lo que no quita para que la inepcia de los menos vaya a tener una gran capacidad para emponzoñar el bienestar de los más... lo cual, tampoco es cosa de mucho detestar si se tiene en cuenta que no hay nada como vernos reflejados en el espejo del fracaso y el mal para impulsarnos hacia el esfuerzo necesario para ser mejores.
En fin, ya les digo, donde vean a alguien suspirando por regresar a la tierra primigenia sepan que están ante un fracasado que intentará aliviarse por el sencillo procedimiento de tirarse a la yugular de todos los que pasaban por allí.
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