Me mandó Pedro el otro día el enlace de una entrevista que le hace Pablo Iglesias a Antonio Escohotado. Lo primero que se me ha ocurrido pensar después de verla ha sido que qué infinita paciencia la de Escohotado para aguantar una hora a semejante baúl repleto de tópicos gastados revestidos de erudición exquisita. Pero, después, una vez reposado el hastío, he considerado que ese vídeo no tiene precio como pieza pedagógica.
Supongamos que en todos los colegios fuese obligatoria la práctica de una hora diaria de gimnasia mental. Nada de libros ni de nombres rimbombates, simplemente se agarra un tema cualquiera de actualidad y se empieza a darle vueltas, confrontando las diversas experiencias y opiniones, para ver en que queda tras el meneo. Algo que, por supuesto, para cumplir su función tendría que ser llevado a cabo bajo la estricta observancia del discurso del método cartesiano -el papel del moderador- porque, de lo contrario, tendríamos discusiones de patio o taberna... o de célula comunista.
El caso es que supongamos que en esa clase de gimnasia se pasa el vídeo de marras y luego se analiza. La primera conclusión sin duda sería la de confirmar la certeza shopenhaueriana de que no hay nada más fatigoso en este mundo que conversar con un necio. Un necio, para que nos entendamos, es alguien que tiene preparada la respuesta antes de haber escuchado el argumento del otro. Lo siguiente es soltar esa respuesta como si fuese un tiro certero, sin dejar que transcurra un cuarto de segundo desde que el otro terminó su exposición. Entonces, Escohotado, medio deconcertado, va y dice, ya, pero no es eso... y se revuelve en la butaca y se mesa los cabellos porque Iglesias ya esta disparando otro de sus tópicos exquisitos con la aparente convicción de que está desarmando las razones de su oponente. Y, efectivamente, debemos suponer que la inmensa mayoría de la audiencia de fieles a la causa que les observa sale convencida de que ¡menuda paliza dialéctica ha recibido ese simpático viejo reaccionario!
En fin, digo lo de las clases de gimnasia mental porque no se me ocurre otra manera de poner freno a la que considero es la más peligrosa arma de destrucción masiva, es decir, el uso de los tópicos que, encima, si se sueltan con rapidez y vienen revestidos de erudición exquisita, arrasan con todo. Al respecto tendrían que escuchar estos días a los crecidos gurús del Frente Nacional. El único arma que les queda a sus oponentes es la mala educación de cortarles a medio discurso porque la seguridad con la que sueltan sus disparates es seguro que cala hasta el fondo en las mentes de los que abominan de la agonía. O sea, la inmensa legión de los borregos. Y eso que, a D. G., han quitado a Melanchón de en medio, porque si hubiésemos tenido una confrontación entre iguales que pretenden ser diferentes, melanchonianos contra lepenistas, es más que probable que en cuatro días estábamos todos pasando hambre. Así que por esta vez parece que se han salvado las mascotas, pero que no se fíen.
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