Anoche, cuando volvía para casa tuve que desviarme porque en la Plaza de España había una concentración de chusma que tiraba petardos y gritaba "puto Barça", "puta Cataluña". Era su particular manera de celebrar que el Real Madrid había ganado la liga de furbo. No sé si habría por allí algún catalán de los de pura cepa, o sea, un chusma más, pero de haberlo habido seguro que sintió una incontenible hemorragia de satisfacción al poder añadir uno más al montón de los agravios que ya casi toca el cielo.
En realidad toda la magia del furbo consiste en eso, en exacerbar de forma controlada las bajas pasiones de la chusma. Es decir, desfogarla de todas esas pulsiones destructivas que son su principal seña de identidad. Aunque sólo sea por eso, el furbo ya es una bendición. Lo demás, pelillos a la mar.
Particularmente no siento el menor interés por ese deporte. De muy niño, cuando estaba interno en un colegio, me llevaban cada dos domingos a los Campos de Sport a ver al Racing. Yo veía allí a mi padre, que iba más que nada por verme, y de paso me aburría como mejor podía. Luego, un día, jugando con los compañeritos, me pegaron una patada que me dejó un ojo a la birulé durante medio curso. Entre esto y que al año siguiente ya estaba externo nunca más en la vida volví a ver un partido de ese deporte que, por lo visto, domina con rara habilidad mi nieto. Son las cosas de la vida y tiene que haber gente para todo... aunque casi toda esté para lo mismo.
Supongo que es la naturaleza de cada uno la que se encarga de marcar las preferencias. Si por lo que sea te ha provisto de una constitución asténica, estrecho de pecho, pero con dos dedos de frente, es normal que no te sientas atraído por el deporte de competición porque comprendes que ahí sólo podrías estar para perder. Por contra, los dos dedos de frente te impulsarán a hacer ejercicio porque pronto descubres que es la única forma sensata de combatir la astenia. Así, al final, llegas a los 75 tacos y puedes hacer sin despeinarte un paseo en bicicleta de 60 kilometros. O andar seis horas por el bosque de palique con los amigos.
En fin, pan y circo para el populus. No vamos a descubrir nada nuevo. El caso es que a los asténicos nos dejen tranquilos para poder ejercitar nuestra pasión exploradora. Nuestra ansia inextinguible por comprender el mundo... seguramente para mejor poder defendernos de los de constitución atlética... que natura donde pone de una cosa suele quitar de otra y, al final, todo lo compensa, y por eso más que nada es que vivamos en paz.
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