Decían ayer en uno de esos curiosos debates televisivos de la cadena Fox que en EEUU no hay tantos ataques terroristas como en Europa porque el FBI tiene controlados a multitud de jóvenes musulmanes. Supongo que es una exageración, pero, en cualquier caso, ahí está el dato que, cuando menos, expresa un estado de ánimo: los musulmanes, sobre todo los jóvenes, son un peligro.
Lo que yo me pregunto es ¿por qué lo son más si por jóvenes o por musulmanes? Bien es verdad que el islam, como el cristianismo, son religiones que basan su estrategia en imponer más que en convencer. Por eso el cristianismo paró en seco su expansión en el momento que el desarrollo económico permitió a los países extender a grandes capas de población los sistemas educativos. La gente educada siempre es más reacia a dejarse imponer. Así, digamos que lo que hoy queda de toda aquella imposición no es más que parafernalia folclórica para delicia de turistas. Sin embargo el islam parece estar todavía en gran medida en la época de las cavernas. Los dirigentes de los países en los que triunfa procuran por todos los medios que la educación no incluya la libre interpretación de los textos que para eso están ellos y sus mezquitas. De ahí que ya sólo haga falta un iluminado en un púlpito y una filigresía carcomida por todo tipo de miserias morales para que tengamos un cóctel explosivo. Marguerite Yourcenar dejó todo esto niquelado en su "Opus Nigrum".
Yo, la verdad, hago memoria de mí y automáticamente me inclino a pensar que el principal peligro es la juventud. Y es que aprender a leer textos lleva tiempo y exige una cierta experiencia de la vida. Por eso raro es el joven que por propia indagación dice una al derechas. De ahí la importancia de una inteligente orientación así como la evitación de inútiles represiones que instalan en el rencor permanente. Me refiero a la sexual sobre todo que siempre ha sido el arma preferida de las iglesias por su poder devastador de la razón.
Sí, ahora les toca a los musulmanes que son los que más juventud mal formada y reprimida sexualmente mantienen. Pero hace cuatro días era los muchachotes de ETA, el exudado de una sociedad arcaica regida por sacerdotes. Y algo más atrás la Baader-Meinhof o las Brigadas Rojas, unos románticos con delirios de trascendencia. Por no hablar de todos esos chavales que agarran un fusil y se van a la escuela a matar lo que se mueve. Siempre, en definitiva, jovencitos con graves problemas de comprensión lectora. Que entienden los textos en su literalidad y siempre por el lado que mejor les saca la mugre. Porque ser joven, lo siento, es pasar la vida tratando de disimular la mugre que empapa todas las fibras del ser. Haciendo tonterías para que nos entendamos.
En fin, no creo yo que esto vaya a tener nunca solución por mucho que se invierta en enseñar a leer. Porque lo mismo que opinión es sinónimo de situación, comprensión lectora lo es de estado de ánimo. Y si estás encabronado, estado natural del joven que no liga, siempre vas a entender por el lado más dañino que es el único que te consuela. Es la vida y, a los dioses gracias, la juventud se suele curar pronto en la mayoría de los casos porque, entre otras cosas, siempre el roto acaba por encontrar un descosido que le permite canalizar las pusesillas por una vía natural.
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